El fruto no cae lejos del árbol

Julián Sotelo
Julián Sotelo
Un bastardo de este tiempo.
Si hace falta hundir la nariz en el plato
Lo vamos a hacer, por los tipos que huelen a tigre
Tan soberbios y despiadados
Violencia es mentir.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (1989)

Las causas y razones de este presente en Argentina distan de ser simples y únicas. Tampoco son inabordables como para esconderlas detrás del adjetivo de “complejo”, muy de moda en los distintos espacios periodísticos y académicos que monopolizan las palabras y los sentidos –a izquierda y derecha del maquillaje ideológico que intenta explicar la realidad nacional–. En estas modestas líneas, mostraré algunas porosidades del pasado reciente que se esconden detrás del “complejo revoque” construido en las primeras décadas del siglo XXI.

1. La cultura obrera: el golpe de Estado de marzo de 1976 fue realizado por las Fuerzas Armadas, sostenidas por los bancos y otras entidades financieras, las cúpulas empresarias industriales y agropecuarias, además del apoyo del gobierno de los Estados Unidos. Su intención fue la destrucción de un “estado de conciencia colectivo” construido a lo largo de más de un siglo de luchas de distintas organizaciones de trabajadoras y trabajadores, quienes habían producido una identidad obrera, la cual implicaba un horizonte de progreso propio, con la conciencia elemental de que el trabajo es el generador de la riqueza social, que las y los patrones no son buenos -sino que son explotadores-, y que la relación con estos es de tensión, ya que los intereses están enfrentados, porque lo que se disputa es la porción de la riqueza que queda de cada lado de la mesa.

2. La revancha clasista: el aparato represivo del Estado desplegado en el período 1976-1983 tenía como objetivo disciplinar a las y los trabajadores y terminar con su combatividad, es decir, con el enfrentamiento con las patronales por mejores condiciones de trabajo y por mejores salarios. Fue necesario utilizar a las Fuerzas Armadas –el ejército, la marina y la fuerza aérea, junto a la Policía Federal y las policías provinciales–, para llevar adelante un plan de exterminio material y simbólico que implicó la desaparición física de miles de ciudadanos, la quema de libros, la prohibición de canciones y películas, el robo de bienes, la apropiación de la identidad de niñas y niños nacidos en cautiverio en los centros clandestinos de detención, donde se torturaba a quienes eran marcados por las y los empresarios como elementos subversivos, con la mirada cómplice de la cúpula de la Iglesia Católica argentina, quienes callaron aun cuando miembros de su comunidad fueron secuestrados, violados, torturados, asesinados y finalmente, desaparecidos.

3. La teoría de los “Dos Demonios”: en diciembre de 1983, al asumir la presidencia de la Nación Raúl Alfonsín, se compromete a investigar los crímenes cometidos en el período 1976-1983. La Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) se forma a fines de ese año y recibe testimonios de familiares y sobrevivientes al terrorismo de Estado hasta el mes de septiembre de 1984. Al cumplir un año como presidente, Alfonsín presenta el informe a la sociedad, el cual será la base para los juicios a los jefes militares y policiales en 1985. En el prólogo del informe, se dice que Argentina sufrió de “dos demonios”: uno de izquierda y uno de derecha, y que se trató de una “guerra sucia”, de la cual la sociedad argentina fue víctima. Esa forma de contar la historia reciente, se transformó en el motor que empujó la gran mayoría de los relatos periodísticos, académicos y escolares. Esa construcción de sentido negaba –y niega– a la cultura obrera construida en base a la
experiencia de un siglo de lucha y organización popular.

4. Los medios de comunicación: el suelo donde hacer germinar la semilla de la lógica neoliberal se alimentó –y alimenta– de miedo, desconfianza, inseguridad y egoísmo; todas cualidades del individualismo vernáculo, el cual fue creciendo gracias al sistema de riego que constituyeron las empresas monopólicas de comunicación social, conocidas en las calles y esquinas de los barrios como la radio, la tele, los diarios, el cable, la internet y las redes sociales. Estos medios, se presentan al público como autónomos, desarticulados e independientes, como presentadores de información y no como mercaderes de influencias. La concentración empresarial del mercado de la comunicación ha sido obscena en Argentina desde la década de 1990. El santo sepulcro del silencio cubre con su piadoso manto los intereses económicos de las empresas periodísticas y sus mercenarios, disfrazados de periodistas.

5. El modelo económico: el salario real de las y los trabajadores argentinos no ha recuperado su capacidad de compra previo al golpe de Estado de 1976. Es decir, si con un día de trabajo un laburante en 1975 compraba diez kilos de pan, lo más cercano que estuvo de volver a comprar lo mismo con un día de laburo fue en 2011-2015, cuando llegó a comprar 8 kilos de pan por día trabajado. Además, las condiciones del empleo han empeorado en estos últimos cincuenta años. El empleo no registrado (“en negro”), los trabajadores independientes (monotributistas), los emprendedores (Rappi-Pedidos Ya), compiten en un mercado de empleo donde la miseria y la marginalidad social se han naturalizado, por lo tanto, la supervivencia es la del más apto, diría Carlitos Darwin.

El gobierno de Javier Milei es el fruto maduro de un árbol sembrado bajo un río de sangre por la oligarquía diversificada y el capitalismo financiero. Un árbol que ha crecido gracias al sudor de millones de trabajadoras y trabajadores a quienes se nos exprime la savia día a día. Las ramas del árbol neoliberal se han engrosado por la imposición cultural de esta artificial fotosíntesis, alimentada desde el sol del progreso individual y la libre competencia. La copa de este árbol se ha tupido bajo la promesa del bienestar para “el año verde”, como decían los viejos. El año verde es también un cuento infantil escrito por Elsa Bornemann en 1975, prohibido en 1977 y silenciado desde 1984, cuando fue reeditado. En ese cuento, se habla de un rey sordo que vive encerrado, disfrutando los lujos de su palacio, hasta que un día el pueblo se cansa de esa vida e inventan el año verde, para teñir su realidad en esperanza.

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Julián Sotelo
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Un bastardo de este tiempo.

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