Tortu aka Don Miguel fue parte de la última edición del Freestyle de Barrio. Un recorrido por su experiencia en el rap, la importancia de los espacios de encuentro y la música para las generaciones que le siguen.

La noche del sábado en el Centro Cultural Artigas contó con un invitado especial. El rapero uruguayo que echó raíces en Argentina y desde hace varios años vive en México pasó para rapear con freestylers de diversas localidades y compartir la competencia.

Mientras la tarde caía Ladran Sancho se acercó a charlar sobre sus inicios, su lugar en el rap, y la necesidad de las y los jóvenes de expresarse a través de la música.

-¿Cómo definirías el freestyle de barrio para aquellas personas que no lo conocen?

Lo defino primero como una catarsis para un pibe de barrio que pasa por situaciones buenas, malas, extremas. Pibes que crecen sin sus padres o en distintas contextos. La movida del freestyle hace que los pibes estén usando la cabeza e ideando rimas, una atrás de la otra. Los locos estos tienen una máquina en el cerebro que les baja data. Entonces, es como una especie de formación. Acá hay un montón de chicos que vienen a rapear y este es su momento. Vienen de barrios distintos, de barrios carenciados, de barrios más o menos, de clase media pero tienen un punto en común acá. El freestyle resulta integrador.

-¿Cómo fue tu etapa de paso por este estilo?

Yo tuve una etapa de freestyler, cuando se hicieron conocidos unos videos de una plaza. Yo me dedico mucho más a grabaciones en estudio. El freestyle es parte del rap, pero aparte está la tarea del letrista. Yo empecé boludeando con unos amigos, tirando un par de rimas. Un día un amigo me dice que organizaba un evento en Claypole que es el Halabalusa y caímos un día. Eso quedó registrado en un video, al próximo fin de semana fui de vuelta y empecé a competir. Ahí más o menos agarré un ritmo. De todas maneras fue bastante esporádico lo mío en el freestyle fue una etapa, me fue bastante bien pero después como que me desligué.

-¿A partir de esa participación comenzaste a rapear?

No, yo siempre estuve en el rap. En la movida del freestyle fui un día a ver qué onda. Lo escuché y dije, ‘yo podría estar ahí’ y me saqué las ganas. Y al mismo tiempo, en esa época ya estaba grabando discos de estudio.

Foto: Julieta Brancatto

-¿Cómo llegaste al disco?

Llego porque tengo un amigo, Marcos Miranda, que siempre tuvo el sueño de tener un estudio en su casa, y armamos uno. Teníamos un micrófono y parlantes de compu, todo muy precario. Nos juntamos un par de locos más y necesitábamos las cosas para grabar pero no teníamos el dinero. Hicimos unas maniobras entre todos, conseguimos la plata y compramos las cosas de estudio. Fue como el sueño del pibe en ese momento. Empezamos a grabar nuestras canciones y ahí cambió todo. Teníamos 150 canciones pero tuvimos que tomarlo un poco más en serio y buscarle un formato, un principio, un nudo, un final, algo con coherencia, un arte de tapa, cosas a las que no estábamos acostumbrados. Fue el inicio de algo copado porque atrás de nosotros venían otros pibes y vieron que la movida se podía hacer un poco más seria y eso se contagió. Después de eso empezaron a haber home estudios por todos lados, se juntan cuatro o cinco amigos se compran una placa, un micrófono y ya tienen su estudio.

-¿Qué pasó cuando tuvieron el disco en las manos?

Cuando salió el primer disco que se llama “Las flores del edén” yo todavía estaba muy en otra. Empezaron a surgir fechas y hacía cualquiera. Y vi que se estaba poniendo serio el asunto, que me estaban invitando, sin hablar de dinero todavía, y fue decir ‘esto está pasando de verdad, me llaman para que vaya a cantar las canciones que grabé’. Entonces me puse las pilas.

Foto: Julieta Brancatto

-Hay muchos jóvenes participando ¿Cómo vive la familia la movida rap?

Por mi parte yo tengo cuatro hijos. Hoy estoy con la más pequeña y mi compañera pero siempre vamos turnándonos o a veces salimos todos juntos, depende las tareas que tenga cada uno. Ellos están re integrados. De hecho ayer toqué en Mar Del Plata y Margot cantó Dipsi Araña con una pista. Yo tengo la filosofía de que la música es tan integradora, da tantas posibilidades y salva tanta gente que si un niño se puede desinhibir con un micrófono delante de la gente ya está, algo bueno está pasando. Entonces hay que darle la oportunidad a quien la quiera. Por eso la compañía es re importante porque también se trata de trasmitir eso a las familias y los niños. Un concepto de vida, y de cómo alimentar un poco la cultura que hace mucha falta.

-¿Qué significa el freestyle para vos a nivel personal y qué significa en lo social?

Personalmente me considero que soy un constructor de puentes. Me di cuenta que muchas personas tienen dudas de para qué están en el mundo. No saben que van a hacer de sus vidas. Yo cuando me di cuenta la reacción de los pibes y lo que pasaba con la música ahí me cayó la ficha a qué había venido al mundo. Me importa muy poco mi nombre, el del grupo, porque hay una misión de por medio re fuerte. Somos pequeños eslabones de toda la cadena que tiene que suceder. Y el freestyle para los chicos, para el barrio, es una puerta y es una herramienta porque el rap viene de un lugar contestatario, de la queja y el planteo de la situación social. De los reclamos del barrio que no tiene luz o asfalto. Y lo que estaría bueno es que no se banalice tanto, que no se quede en un culo, una teta o solo insultos y lo puedan plantear desde ‘tenemos estas necesidades, por eso venimos a rapear a la plaza’.

-Desde algo más colectivo o constructivo

Exacto. También falta un poco de organización, no un líder pero sí que haya al menos un grupo de guía, un ‘estamos todos en la misma hagamos algo’ si no queda todo en una plaza, se putean un rato y muere ahí. Y hay que aprovechar porque hay muchos chicos que se están enganchando y le podes dar una herramienta. Después ellos elegirán su camino, porque también está el entorno familiar y otros condicionantes. A algunos no los apoyan, no los dejan ir a las competencias y capaz que los están limitando un poco. Hay que enseñar también a las familias a acompañar a sus hijos a los eventos, a movidas como esta que está sucediendo acá.

-¿Qué diferencias encontrás en Argentina y en México en cuanto a la movida?

Argentina es el point. Yo ya conozco un par de lugares y acá es como la meca más jodida que hay en Sudamérica porque Argentina es el último eslabón de la cadena. Estamos debajo de todo, la información llega tarde, no podemos comprar los equipos por la aduana, los impuestos y el valor. Entonces la gente acá hace todo por necesidad. Acá hay un semillero muy jodido, salen tremendos raperos para el mundo. Cada país tiene un rapero representante, acá hay un montón. El hip hop en Argentina es muy fuerte y prácticamente nuevo.

-Incluso en los barrios y las plazas

-Claro, llegó a los barrios y en los barrios se dieron cuenta que era alto canal de catarsis. Imagínate un pibe de 17 años, si le damos la opción que en vez de agarrar un fierro y una bolsa de ran agarre un micrófono, un papel para escribir, estamos haciendo algo re groso entonces. Solo que lo tenemos que hacer nosotros, porque no nos va a ayudar el Estado, o el Gobierno. Esa gente quiere que seamos unos ignorantes y nos matemos entre nosotros. Y acá mismo en este lugar se está gestando algo re zarpado. Acá hay pibes de todos lados con distintos mambos y están todos en una sintonía re piola, compartiendo, se van conociendo entre ellos. Y no hay líderes acá, no hay presidente de nada, somos todos dueños de hacer la movida.

Foto: Julieta Brancatto

En la actualidad Tortu tiene cuatro discos solistas y dos con La Conección Real, un colectivo de raperos que se a remonta a esos inicios en los que el grupo buscó la manera de montar un estudio y grabar sus propias canciones.

-¿Cómo fue la experiencia de La Conección Real?

-Éramos todos locos de distintos palos. Estaban Núcleo, Urbanse, Frane, Fianru y todos teníamos algo en común pero ninguno se juntaba con el otro. Nos cruzamos y dijimos: hay que juntarse y hacer música. Hicimos una canción prototipo y estuvo muy bueno, hubo muy buena energía. Éramos grandes y con la misma edad, con distintos flashes, algo muy difícil de combinar pero pasó. Sacamos dos discos y eso fue lo que a los siete nos potenció. A mí me ayudo un montón, y a mis compañeros estoy seguro que también.

-Los seguidores de cada uno, a partir de esa unión, conocía al resto

Exacto. A mí me pasó así, mucha gente me conoció porque los seguían a ellos. Eran distintos públicos, yo vengo muy del hooting y la gente que me seguía a mí era muy barrio. Los otros compañeros tenían una postura más tranca, más de la city. Se fusionaron los públicos, los estilos y de ahí salió algo re potenciado.

-¿Y ahora se van a volver a juntar?

Nos estamos juntando, no a hacer música, a encontrarnos. Hace mucho tiempo que no nos veíamos. Todo eso que nos unía también hizo que se detone y cada uno tomó su camino. Con la mejor, sin peleas ni nada pero concluyó un ciclo. Pero no nos podíamos olvidar que al principio también fue esto. Y tuvimos una charla con los pibes y nos volvimos a juntar, empezamos a cranear un par de fechas. Y salieron dos, una gratis en zona sur el 18 de noviembre y otra que aún está por confirmarse.

Tortu actualmente reside en México, allí tiene un sponsor, organiza eventos y trabaja en el proyecto de un espacio para hacer serigrafía y un estudio de grabación. En este paso por Argentina participará de varias fechas y de la organización del Bit-Master, un encuentro creado por su compañera y él en 2015, con una edición cada año. Allí, los beatmakers, quienes arman las pistas de rap, se reúnen con sus pares, muestran sus producciones e intercambian información.

-Hace algunas semanas pasó una nueva edición del Bit-Master, ¿de qué se trata?

– El Bit-Master es reivindicar el trabajo de la persona que hace los beats. Nosotros somos todos frontman, vos me ves rapear a mí y yo voy a estar delante de él en el show. El loco para que yo pueda cantar tuvo que pasar toda la noche o un montón de horas trabajando buscando sonidos, armando la música. Ese es un trabajo clave, sin él yo no podría cantar. Bitsmaster empieza como una competencia pero es un lugar para intercambiar información, conocer gente, productores, los mismos beatmakers cambian pluggins entre ellos, data, programas. Esta última ya estuvo muy buena. Hay una dualidad, hay muchos feeling drumers que tocan en vivo y después los que reproducen las pistas. Somos la primera competencia en Sudamérica que se toca en vivo.

-En los últimos meses explotó el trap, que también fue un estilo muy under. ¿Cómo ves ese proceso?

Hay de todo en la viña del señor. Y creo que el trap está ahí y va a seguir estando. Y lo que los pibes tienen que hacer es no preocuparse por lo que digan los demás. Si vos tenes ganas de hacer bachata, qué te vas a preocupar por lo que diga el otro. ¿Querés hacer trap? Hacé trap. Lo que pasa es que hay representantes del trap muy fuertes y su público tiene 16 años o menos y estaría bueno que el mensaje no fuera solo fisurar porque hay un montón de guachines que los siguen y que no tienen las posibilidades de estos pibes que andan con cadenas de oro y anillos. Entonces un pibe de barrio va a querer ser como el chabón. Y el primer paso es me la tengo que re pegar, el segundo tengo que conseguir una cadena de esas, como sea. Eso genera diferencias sociales. Entonces está bastante vacío, banal, pero está ahí. Yo no hago trap porque no me interesa pero los que lo hacen, creo que estaría bueno que le buscara la vuelta para que vaya apareciendo ese mensaje.

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