Foto: Julieta Brancatto

El ajuste impulsado por el Gobierno impacta de lleno en los más viejos. Con un poder adquisitivo en picada, cientos de trabajadores pasivos se vuelcan a obtener préstamos de ANSES para llegar a fin de mes. Radiografía de una hipoteca al futuro de los más necesitados.

En diciembre 2017 el Congreso de la Nación aprobó una nueva fórmula para calcular las jubilaciones que fue resistida por la mayoría de la sociedad con diversas movilizaciones y cacerolazos. La Ley 27.426 establece que la movilidad jubilatoria se actualice trimestralmente y por un índice que combina el 70 por ciento de la inflación con el 30 por ciento de la variación del RIPTE (Remuneración imponible promedio de los trabajadores estables).

Desde Cambiemos y aliados planteaban como fundamento para el cambio de fórmula fue que los haberes iban a ganar en términos reales. Sin embargo, el paso del tiempo va demostrando que la reforma fue un ajuste al bolsillo.

En 2018 la movilidad fue del 28 por ciento, mientras que la inflación fue del 48 por ciento. En lo que va de 2019, la inflación a mayo fue de 19 por ciento y los aumentos del 12 por ciento.

Otra variable que afecta las jubilaciones es el techo que el gobierno nacional puso al incremento salarial discutido en paritarias. Si se analiza el período septiembre de 2017 (última movilidad otorgada con la fórmula anterior) a mayo de 2019, el índice de precios al consumidor aumentó un 87 por ciento, mientras que la movilidad otorgada a los haberes previsionales fue del 44 por ciento.

Tomando como ejemplo concreto, la jubilación mínima pasó de $ 7.246,64 en septiembre 2017 a $10.410,37 en mayo de 2019, mientras que el jubilado debería haber cobrado $13.533,33 para mantener el mismo poder adquisitivo. Es decir, el jubilado perdió un 30 por ciento en términos reales en ese período.

Esta situación arroja a los jubilados a no llegar a fin de mes y quedar con cuentas pendientes.

En diálogo con Ladran Sancho, una jubilada comentó que «la crisis económica en los jubilados y en los niños está afectando una barbaridad. Dentro de todo, PAMI está respondiendo, lerdo, pero respondiendo. Hay jubiladas o pensionadas que todavía podemos andar, nos preocupa mucho aquellos que no pueden andar».

En la misma sintonía otro jubilado explicó «anteriormente me quedaban unos pesitos para ahorrar a fin de mes. Ahora llegamos justito, y a veces no llegamos. Cortamos todo, de salir, de ir una vez al cine, eso lo tuvimos que suprimir. ¿Comer carne? Que vas a comer carne, antes por lo menos comíamos un asado un domingo por medio. Ahora no se puede».

Desesperados por no poder comprar remedios, pagar el alquiler o las tarifas y hasta no poder comprar mercadería, nuestros viejos se vuelcan a pedir préstamos a ANSES.

El organismo nacional entrega subsidios que van de 5 mil pesos hasta 200 mil pesos. En Luján, de los cerca de 200 turnos por día que se entregan, el 85 por ciento por ciento son para pedir créditos.

A la grave situación que implica el endeudamiento, se agrega Costo Financiero Total (CFT) casi usurero por parte del organismo nacional. Dependiendo de las cuotas, que varían entre 24, 36, 48 o 60, el CFT varia entre un 44,68 por ciento hasta un 50,85 por ciento.

Dado que la única fuente de ingresos de la mayoría de los adultos mayores proviene de su haber jubilatorio. Las cuotas sucesivas son descontadas automáticamente de la jubilación mensual, lo que empeora la situación de sus ingresos mes a mes. El endeudamiento funciona como una hipoteca que erosiona aún más su poder de compra. Pan para hoy, hambre para mañana.

Diseño: Lucas Lagrecca

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