El día que la clase media se enganchó de la luz

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De aquel “se puede vivir mejor” solo quedó el archivo y el laburante medio pasó a deber servicios, endeudarse para pagar cuentas o directamente colgarse de la red. Nuestros entrevistados tienen nombre, pero para nosotros son Cacho y María, como ésos personajes de fantasía que eligió Macri para su campaña 2015.

Un cable violeta cruza desde la medianera, atraviesa el patio y se mete a la casa. Por debajo pasa un cronista y una fotógrafa que inicialmente no se percatan su presencia. “Allá está el cable del que hablaba el otro día. Mi vecino me dio luz porque si no ni luz, ni agua, ni nada”, dice Cacho. “Mostrale, mostrale”, indica él y María es quien nos acompaña. “Tenemos esto que se ve, ni aire ni nada raro. Siempre tengo todo apagado de día porque ya no se sabe qué apagar para que no venga tanto”, reniega ella.

Cacho y María tienen sus nombre reales y sus historias. Pero como Luján mantiene el acá nos conocemos todos y parte de esa fortaleza-debilidad inseparable impregna lo cotidiano, lo político o la vida misma, este relato tiene seudónimos.

Lo cierto es que los barrios de nuestra ciudad están modificando su andar al ritmo de un pasar económico resentido y con recesión. El acceso a los servicios es uno de los puntos más sufridos, tanto que la vida tiene que seguir a base de pedir al vecino un poco de electricidad para tener luz y agua. Una taza de azúcar, un poquito de luz…

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Gente de a pie: lavarropa, secarropa, heladera, pava eléctrica, horno eléctrico. Los “lujos” de la clase media en el siglo XXI.

“Tengo que arreglar el problema, tengo más de veinte mil pesos de deuda porque las boletas se fueron acumulando y no pude pagar, no está fácil la cosa y juntar la plata no se puede de un día para el otro. Primero me cortaron abajo y me enganché. A los 15 días me cortaron desde arriba, pero porque no llegué a frenarlos. No me importaba eh, me cagaba a trompadas, pero no llegué. ¡No para hacer quilombo! El tema es que me dejaban sin luz y sin agua y así pasó”, relata Cacho mate en mano.

Para aportar algunos datos globales, la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) ayuda en este sentido y en unos de los informes sobre la temática mostró que “en el año 2015, el peso promedio de una canasta de servicios públicos rondaba el 6% del salario mínimo, mientras que en el 2018 este porcentaje subió al 21%. En este sentido, la Argentina pasó de estar última en 2015 al tercer puesto en 2018 detrás de Venezuela (33%) y Chile (23%). Como complemento, desde el sitio chequeado.com arrojaron que los subsidios al precio estacional llegaban al 70% en 2016, mientras que en 2018 quedaría en 18% y en 2019 bajará nuevamente al 10 por ciento”. Es decir, arreglate como puedas. 

El vecino del populoso e histórico barrio El Quinto hizo el camino lógico para saber cómo solucionar su problema y se acercó a la Cooperativa Eléctrica. “Fui a gestión de deuda y me dice ‘trajiste por lo menos diez lucas’, porque como fui tantas veces ya te hablan con cierta confianza. Si tuviera diez lucas ya lo hubiera solucionado, pero no me dejan opción porque después me pidieron siete mil pesos. Uno le cuenta que está teniendo servicio gracias a un vecino sin embargo, nada. Ofrecí intentar conseguirle algo, pero necesitaban que me den luz porque el problema se vuelve doble. Ahora yo pude ir juntando algo, pero porque no alquilo. Y la gente que alquila ¿cómo hace? Esto no es por mi solo, acá hay un problema que afecta a todos pero muchos no se animan a contarlo, les da vergüenza o tienen miedo que los vean enganchados.

Uno de los vecinos se arrimó a la charla y acompañó la ronda de mates con un recuerdo de los años noventa, una década que muestra similitudes de la pauperización de las clases medias. “En el año ’91 yo pertenecía al Ferrocarril y cuando me echan del trabajo no había laburo, no había changa, nada. Pero la luz no era cara, si tenías una entradita podías pagar algo, pero hoy son impagables. En aquellos años me cortaron de arriba, de abajo, un desastre y en ese tiempo había una abogada que te decía en qué tenías que recortar para pagar la luz y además te hacía el plan de pago: desde el 91 pagué hasta el 96, no sabés la plata que me sacaron, ibamos entregando y nos refinanciaban. Parecían una financiera”.

El Quinto, La Loma, Ameghino, Villa del Parque, el Bloque de los Santos. Los testimonios son pequeños murmullos de vecinos y vecinas que aún se mantienen de la puerta para adentro aunque la red de damnificados toma cuerpo mes a mes, ante cada vencimiento de factura eléctrica. Los enganchados son varios y no hay comunicado de la Cooperativa que aguante ante un servicio esencial para un modo de vida adquirido, digno y necesario.

Mate dulce, para amargo ya está el cuadro tarifario con subas de hasta 700%.

Una mañana en el edificio de la calle Humberto -nos cuenta- el ping pong fue corto pero picante. “Fijate los consumos que tenés”, le replicó un empleado de la cooperativa. “Pero escuchame, son los mismos del años pasado, vos los tenés ahí en la computadora, fijate”, contestó Cacho sin demasiada suerte, ya que recibió otra devolución fuerte: “Si estás sin trabajo también tenés que aggiornarte a los tiempos que corren”. Si lo pensó o lo dijo, aún no queda claro pero a nosotros nos declara: “Lo único que falta es que me digas cómo tengo que vivir. No tengo aire, no tengo nada desmesurado. ¿Y me querés dar consejos de cómo vivir, o cómo gastar cuando nos aumentaron la luz de un modo criminal?”.

Cacho fue todo, desde comerciante de quesos, pasando por vendedor de ropa interior hasta  incluso desplegar la tarea de laburante de prensa y comunicación en nuestra ciudad. Los vaivenes de buscar el mango lo llevan actualmente a cobrar trabajos o ventas en partes y con fechas inciertas. La devaluación no acompaña y el poder adquisitivo con marcha atrás complejiza su situación.

Los termos con agua se vaciaron y por ende el mate tuvo que frenar. La tarde ya se va despidiendo y las primeras lámparas empiezan a pedir entrar en escena. Mientras tanto la pareja vecina del barrio El Quinto, Cacho y María, no tienen mucho más tiempo para resolver su situación y la próxima semana intentarán nuevamente encontrar una salida para un presente que no se transmite en la mesa de Mirtha Legrand, pero que preocupa a una comunidad afectada directamente, a los sectores medios y bajos que para mantener una vida tranquila penden de un hilo, o de un cable amigo.

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Fotos: Julieta Brancatto.