junio 20, 2024
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Luján

El Basural y la verdadera historia, la Historia Clínica

¿Qué significa “la quema mata”? ¿Cómo entender los problemas que expresan los vecinos y reflejan las noticias cuando el basural se incendia y tapa de humo a todo el barrio? La realidad está en las historias clínicas y Marina, vecina del San Pedro, nos abre la suya: infecciones, dolores y tratamientos de la vida cotidiana.

Con los pies en las cercanías del basural algunas preguntas se vuelven tan coloquiales como centrales. “¿Y hoy particularmente hay humo?”, se propone como disparador inicial de lo que será una charla entre mates y relatos. Marina no dice “sí” o “no”, más bien explica con naturalidad: “Los incendios son recurrentes, en la semana no es que lo terminan de apagar del todo, siempre hay focos de incendio, todo el tiempo, son constantes, el humo del basural es constante”. Un parate, un silencio y una chica casi quinceañera trae una llave para abrir la Sociedad de Fomento. “Es mi hija y tengo otro más que está por cumplir doce años”, cuenta a modo de anticipo.

Marina es una de las vecinas que expone en términos concretos lo que día a día se lee en los portales o se escucha en la radio. “Otra vez humo en el basural”, se titula y detrás de la noticia aparecen las historias mínimas que conforman una verdadera historia. Porque una de las problemáticas más graves del basural, es la consecuencia que tiene en la salud, sobre todo de los niños y niñas más pequeños del barrio. Y la vecina del San Pedro, historia clínica en mano, marca la realidad. La única verdad.

Basura política

La problemática social y ambiental relacionada al Basural a cielo abierto en el Municipio de Luján fue uno de los temas más discutidos tanto en el recinto del Honorable Concejo Deliberante, como en las comisiones barriales y Sociedades de Fomento de los barrios afectados. Es necesario destacar que después de 40 años de historia del basural, el tema alterna entre la visibiliziación y el desinterés según la intensidad de la agenda pública, y es traccionado por los reclamos de vecinos y vecinas a partir de la necesidad de solucionarlo.

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La demanda vecinal parió la conformación de comisiones mixtas, decretos de emergencia, proyectos de ordenanza, intervenciones en la Defensoría del Pueblo, decenas de reuniones y convenios estatales. El denominado “Bloque de Los Santos”, que comprende a los barrios San Pedro, San Fermín, San Jorge y Santa Marta, localizados todos en las cercanías directas del basural, es el primer afectado directo por los constantes incendios del mismo.

Marina se fue a vivir al barrio cuando tenía 19 años, sus dos hijos nacieron ahí y ambos padecen las consecuencias de la contaminación del basural en sus respectivas historias clínicas. Aunque ella no tenga diagnosticada ninguna enfermedad no escapa de la agresividad del humo: “Cuando el viento viene para este lado es mucho el olor que hay, te agarra como una picazón en la nariz y un ardor, no sé cómo describírtelo pero es horrible y empezás a estornudar y estornudar y terminás moqueando”, explica y mueve las manos indicando desde dónde viene lo peor.

 

La cercanía de estos barrios al basural representa el primer problema en sus historias clínicas. Las consecuencias del humo del basural no son ficticias, no son irrelevantes y recién ahora son reconocidas. Varían desde afecciones respiratorias hasta la propia muerte. Para los vecinos y vecinas del Barrio San Pedro no pasa desapercibido, muchos cargan con esas consecuencias en el cuerpo o en el recuerdo de algún familiar.

En los Centros de Salud de la zona se reconocen problemas en la salud como afecciones respiratorias, infecciones en la piel, parasitosis, diarrea prolongada; problemas crónicos como asma, alergias; niños con cardiopatías congénitas severas, broncoespasmos recurrentes y neumonías que afectan principalmente a la población menor a los 5 años de edad. Sumado a esto aparece el índice llamativo de muertes fetales, embarazos que no llegaron a término y muertes de niños recién nacidos prematuros.

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Ella (14) y él (12)

Los testimonios son contundentes y se expresan sin rodeos: “Acá se muere gente” señalan de modo inmediato. Un lunes a la tarde, soleado y agradable en otras latitudes, no siempre se mantiene así a la vera de la ruta 192. Durante el diálogo en la Sociedad de Fomento del Barrio San Pedro con Marina se advierte instantáneamente el olor a basura quemada en el aire, inclusive dentro del salón.

“Mi hija nació en el 2004 con problemas de piel, tiene una urticaria gigante y son ampollones gigantes de sangre. Ella lo tiene desde que nació y en 14 años de vida nunca dejó de tenerlo. En el Hospital Sommer de me dijeron que es contaminación ambiental, contaminación del aire, del humo”, describe. Las alternativas médicas fueron generar reactivos para combatir los ampollones ya que la chica se brota cuando hay mucho humo. “Y no es por temporada ni por clima o estación, es cuando hay mucho humo”, aclara y agrega al instante que ya había tenido dos episodios de brotes en lo que iba del mes. Otra vez un silencio.

Por otro lado, su hijo nació con problemas en los bronquios y desde que Marina estaba embarazada que está contaminado. Cuando nació estuvo en el Hospital de Luján y esta fue la primera de muchas internaciones, que ya suman 17 con oxígeno. Estuvo un mes y medio en el hospital, volvía dos o tres días a la casa, se volvía a atacar y volvían al hospital. La rutina fue esa hasta que la pediatra del Centro de Salud del barrio le sacó turno en el Hospital Gutiérrez, para que le hagan todos los estudios correspondientes.

“Parecía un chanchito de india porque iban probando distinta medicación hasta que dieron con la que necesitaba”. La medicina del niño nunca parece ser suficiente, nunca cura del todo, solo aplica paños fríos a algo que no se cura con corticoides, o con los 4 aerosoles que llegó a usar, o con las pastillas que necesita tomar, o con el oxígeno del que depende. “En el área de neumología me dijeron: ‘Señora, lo más fácil y la solución más rápida es que usted se mude del barrio'”. Como si mudarse del barrio solucionase el problema, el dato es que sus hijos van a la Escuela 21 del barrio La Loma y allí también llega el humo.

Pero todas las medidas que tomó para que la salud de su hijo se recomponga no son suficientes, no existe una medicina que recupere 12 años de contaminación ambiental diaria. “Se gastó en medicación, en traslado, en piletas, en todos los tratamientos y pudo salir adelante, pero no está curado del todo, quizá tres ó cuatro veces al año se agarra bronquiolitis, todo producto del humo”.

La otra cara de la cantidad y agresividad de la medicación que su hijo toma son las consecuencias a partir del consumo constante de corticoides, que, según Marina, por un lado lo ayuda y por otro lo perjudica. Porque el soplo funcional en el corazón de su hijo es consecuencia del tratamiento para la enfermedad que le generó la contaminación. “Necesito recurrir al corticoide porque necesito que abra los bronquios pero por otro lado le genera otro problema de salud por el soplo”.

Ustedes y nosotros

A partir del sufrimiento, nace un reclamo. La organización en una comisión se volvió necesaria por la urgencia del problema. “No hay una epidemia, es por el humo del basural, acá se ha muerto gente mayor que no era mayor a 55, 60 años, que no es tan grande, se ha muerto gente y ha estado con oxígeno en su casa por el tema del humo del basural. Se han muerto por el humo del basural y a nadie de los funcionarios públicos, ni al intendente, ni a nadie le importa nada”.

Los vecinos y vecinas fueron convocados a una reunión en la Sociedad de Fomento del barrio San Pedro, en la cual estaba invitado el Intendente y no fue, pero sí estuvo presente su hermano y subsecretario de Gobierno Néstor Luciani, en donde Marina le dijo que era una falta de respeto lo que hacía. Era una falta de respeto no escuchar a una madre que ha tenido que llevar a su hijo al hospital, violeta por la falta de oxígeno: “Porque tu hijo no estuvo a punto de morirse dos veces como el mío, a usted no le importa nada porque no le afecta”.

Otro hincapié lógico es en la diferencia que los separa en detalles que no siempre son detalles. “Al intendente no le importa nada porque no lo sufre, porque sabe que la ropa que él usa tiene olor a Vivere, mientras que la que nosotros usamos tiene olor a humo. Vivimos sumergidos en un domo de humo contaminante que está prendido fuego por la ineficiencia de los funcionarios públicos”, denuncia. El reclamo -completamente legítimo- la hace ir más allá: “Son nuestros hijos los que están enfermos, somos nosotros los que lo sufrimos constantemente, acá se muere gente, se mueren chicos, se muere gente grande por el humo, pero a muchos no les importa porque no son sus hijos”.

Apagar el fuego, prender la organización

Estos no son casos aislados, son un patrón común que se repite en la mayoría de los niños de los barrios. Tampoco son casuales, son todos producto de la contaminación ambiental del basural, son producto del humo que invade las casas, todos los días. Las consecuencias en la salud de los vecinos y vecinas de los barrios aledaños al basural no es algo para postergar, hay que solucionarlo con urgencia, porque en esos barrios se muere gente.

La discusión obligatoria por esta problemática se puede dar a partir de la construcción del reclamo por parte de los vecinos y vecinas afectados, no por voluntad de los funcionarios públicos de resolverla. Pero para Marina, lo único que representan para el gobierno municipal es que “somos unos negros de mierda, del barrio, que cortan la ruta 192”.  La eterna polémica de las formas que demuestra en realidad que a los vecinos no se los escuchan. “Van y reclaman, van por las buenas, pero no le traen ninguna solución, no puede ser que estábamos en Emergencia Sanitaria y estábamos tapados de humo”, ejemplifica.

En este contexto de caos, los vecinos y vecinas se ven obligados, por las circunstancias, a manifestarse. El desenlace no va a caer del cielo, se trabajará a fuerza de pulmón de los afectados y obligando al trabajo político de los funcionarios municipales. Este camino ya lo empezaron a trazar los vecinos y vecinas en un escenario parecido a aquello que siempre emerge ante la necesidad de respuestas colectivas, cuando “el pueblo aprendió que estaba solo, y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza”.

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