Ecos del orgullo, reflexiones para un Luján más inclusivo

Los movimientos LGBTIQ+ locales salieron a las calles en una celebración colectiva de sus identidades y para mantener viva la memoria trans. Lucha, historia y organización del orgullo en Luján, en estos testimonios para Ladran Sancho. 

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La 3° Marcha del Orgullo en Luján dejó fotos, abrazos, encuentros y emociones. También nuevas redes y el fortalecimiento de las que ya existían. Dejó la llama de la memoria travesti elevada como bandera del movimiento, y una propuesta: la ciudad de la Basílica, ícono de la religión católica, puede ser un lugar inclusivo, donde todas, todes y todos vivan con dignidad. 

Los nombres de las compañeras asesinadas por el odio y el abandono encabezaron la marcha, con las sobrevivientes guiando el camino para la reparación. Siglos de persecución no lograron que bajen la cabeza y en la misma calle, donde hace solo algunos años atrás no podían caminar dos travestis juntas sin que la policía las agreda, se juntaron muchas

Escriben su propio destino con un impulso irrefrenable, aún cuando su expectativa de vida no supera los cuarenta años, aún cuando la fuerza de las instituciones patriarcales y su historia cis-sexista genocida, quiso hacerlas desaparecer, y gran parte de la sociedad miró para otro lado. 

Después de Stonewall, de las 30 Marchas en Capital Federal, de Diana, Lohana, Claudia Pía, después de las 300 personas que recorrieron las calles de Luján, queda el escenario montado para la utopía y un pedido urgente a quienes tienen la responsabilidad y el poder para abrir el camino a la reparación. 

El día posterior invita a pensar ese proyecto de futuro, tomando como impulso para el debate la experiencia de vida y la palabra de quienes construyen en el cotidiano ese Luján más inclusivo, quienes, en muchos casos, sufrieron la exclusión en carne propia y eligieron trabajar para que nadie más la atraviese. 

Luciana es una mujer trans, luchadora por los derechos del colectivo.

Inicié a mis once años a hacer cambios en mi cuerpo y en mi vida, a enfrentarme a la sociedad, a luchar por lo que siempre quise ser, una verdadera mujer. Hoy en día apoyando nuevamente la marcha, apoyando a mis colegas, y recordando a mis compañeras y colegas que ya no están en este mundo, porque tenemos que seguir luchando para que no siga pasando eso. 

Es importante inculcar nuestras leyes y luchar por todas esas cosas que tanto necesitamos nosotras como el resto de las personas, y nunca decir no y agachar la cabeza, siempre luchar, salir con lo subjetivo y buscar la felicidad de cada uno. Yo lo logré y lo podemos lograr todas unidas y siempre luchando y saliendo adelante. 

Es muy importante marcha para demostrarle a la gente que nosotras estamos vivas, somos seres humanos, tenemos los mismos derechos que tiene cualquier persona, luchar por que no existe más la discriminación, ganar nuestro lugar y vivir la vida como la queremos vivir. Podernos casar de blanco por iglesia, tener un trabajo digno, que se nos dé un lugar, y que ya no más, por la condición y por el qué dirán, nos dejen a un costado. 

Es hora de un geriátrico para la comunidad trans, para las personas gays y para las lesbianas. Tenemos derecho a tener un retiro de vida tranquilo y no terminar en cualquier lado abandonadas. 

Voy a marchar por Carola que fue una de las que me dio consejo cuando yo no inicié a conocer este mundo hermoso. Ella me dijo: “Todo lo que brilla no es oro” y tenía mucha razón, hay que luchar para tener lo que uno quiere tener para la vida, para las colegas en general, no solo para una.

Por las que ya no están y por las que estamos tenemos que luchar y llevar la bandera bien en alto. 

Rana, nació en Haedo y vive en el barrio Los Laureles. Se presenta como no binarie (agénero), y es activista independiente.

Para mí es importante marchar este sábado porque me parece necesario encontrarnos, reconocernos y validarnos con iguales. Considero que sigue siendo necesaria la visibilización y la despatologización para lograr inclusión y respeto para nuestro colectivo. Inclusión y respeto significa acceso a derechos básicos como trabajo, vivienda, salud,  educación y alimento dignos (entre otros). También implica representación estatal, sindical, cultural y acceso igualitario a todas las esferas sociales y culturales. Hicimos mucho en materia de nuestra inclusión, pero veo que hay resistencia social y cultural para que la inclusión sea real.

Soy alguien que no supo siempre quién es, ni fui siempre la misma persona. Me parece importante entender que las identidades pueden vivirse de diferentes maneras, aunque en este momento me resulta útil poder llamarme no binarie/agénero, subjetivamente ni el género ni la ausencia de género me resultan categorías identitarias. 

En una sociedad en la que el género es obligatorio y compulsivo, la fuga del género parece imposible y también parece a veces una fuga de la identidad. Me costó entender que mi identidad no se relaciona con ningún género en particular ni con el concepto de género. Creo que mi construcción identitaria es histórica y siempre me pesó enormemente la exigencia cultural y social de mantener una identidad de género inmutable y legible.

Quizás pueda servirle a alguien saber que existimos otras personas para quienes la identidad, la expresión, la personalidad, no son categorías que representen verdades internas en todos los casos. Respetar a quienes sí viven estas verdades internas (inclusive si no perduran en el tiempo) es urgente y necesario. 

Creo que también es urgente y necesario reconocer que hay formas muy diversas de transitar los caminos de la identidad y todos esos caminos enriquecen nuestra experiencia colectiva. 

Marcho por la memoria de todas las personas que dejaron la vida en esta lucha por nuestro derechos y también por la memoria colectiva de nuestra resiliencia. Particularmente marcho por la memoria y el reconocimiento de compañeras, compañeres y compañeros trans que siempre estuvieron en el corazón de nuestra comunidad y por quienes aún pedimos justicia.

Marcho por la memoria de quienes supieron conservar la alegría y el goce en medio de las injusticias, por la libertad que construyeron para todxs y por construir las todas las libertades con las que soñaron y soñamos.

Julián Domenech es parte de la gestión del Centro Cultural y Social José Artigas, militante de Vamos – FPG y músico.

Al ser una ciudad insignia del circuito católico argentino, la opresión de la ejercida sobre las disidencias en todos los rincones del país tiene una de sus expresiones más fuertes en Luján; hay muchos sentidos comunes que disputar y la marcha es una herramienta clave para visibilizar que acá nos atraviesa la diversidad de la misma manera que al resto del mundo. 

El centro de la ciudad es un espacio de representación y como tal debe ser reclamado y habitado por quienes integran su comunidad; hoy es el día en el que nosotres demostramos nuestra existencia, demostramos que estamos en Luján, que somos parte de la ciudad y que no queremos irnos a otro lado; que queremos un Luján que reconozca, cultive y acompañe su diversidad porque es así como vamos a conseguir una ciudad más justa y cálida de habitar.

Al marchar se lleva presente a muchísimas personas. Caminan entre nosotres quienes militaron por un Luján más inclusivo, quienes no pudieron expresar su identidad y quienes sufrieron las consecuencias de hacerlo; por nombrar a algunes. Más allá de Luján, este mes del orgullo llevo muy presente el recuerdo de Federico Moura, quizá por mis sensibilidades de músico. Creo que su legado es una obra que revaloriza el disfrute y el amor a la libertad a la vez que nos brinda un espacio de contención a todes les que nos hemos sentido excluides, es además una obra que construyó sobre todos los dolores que la sociedad de la época le hizo atravesar. Quisiera que él pudiera vernos hoy, bailando y cantando su música (a veces de a miles de personas), compartiendo su sentir y agradecerle por lo que nos dejó.

Creo que lo más importante que puedo dejar plasmado es lo clave que fue para mí y para el proceso de aceptación de mi identidad el pertenecer a distintas redes de contención. Construir grupos de amistad, de trabajo y de militancia; acompañar a otres y dejarme acompañar. Las experiencias colectivas son, en definitiva, las que terminan salvándonos y permitiéndonos ser parte de la salvación de quienes nos rodean.

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