Eclipse de mar para las agendas mediáticas locales

¿Qué buscamos, qué queremos y qué necesitamos de los medios de comunicación? Un ensayo sobre la violencia mediática en Luján. 

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Esta nota de domingo en Ladran Sancho tiene el objetivo de reflexionar sobre el tratamiento mediático ante algunos hechos que emergieron en la agenda de esta semana. 

El ejercicio será formular algunos interrogantes, re-pensar y revisar la práctica periodística. Un deseo motiva y titula este ensayo, quizás un día emerja un eclipse de mar en las agendas mediáticas. 

Cada semana la sección de policiales de la prensa hegemónica es ensanchada con letra obstinada sobre sucesos acontecidos en barrios populares, siempre vinculados a hechos de violencia. Acá pondremos el ojo en un enfrentamiento vecinal que trascendió en nuestra ciudad.  

La primera pregunta indaga en el archivo periodístico local: ¿cuántas veces los barrios populares de Luján aparecen en secciones que no sean policiales?

Una búsqueda en Google puede ayudarnos a pensar una primera hipótesis. Escriba en el buscador el nombre de alguno de los principales medios locales seguido de el nombre de un barrio periférico de la ciudad. 

Si cambia el nombre del barrio o del medio en el buscador, podrá desarrollar un análisis comparativo. Pruebe poniendo el nombre de su barrio, un medio a la vez. Claro que esta prueba puede aplicarse a medios nacionales pero, para muestra, sirve un botón. 

Esa es nuestra peli mal contada. Y otra vez, igual que ayer, como siempre, el diario no hablaba de ti ni de mí. La segunda pregunta es en parte la motivación que lleva a escribir este texto. ¿Por qué una pelea de vecinas es un hecho noticioso? 

Todos los días las mujeres construyen vínculos solidarios en los barrios: para garantizar que las pibas y los pibes coman, para garantizar las crianzas y la educación; para tender lazos que permitan salir de las deudas privadas, para extender el cuidado ante la violencia machista que las rodea.

Sin embargo, tiene más valor mediático el pie que alimenta el griterío público, la letra arrojada al caos, que ha perdido en su campo el Atleti y movidas así.

Poco sale a la luz sobre esa organización y sobre qué derechos vulnerados desde el Estado vuelven necesarias y urgentes esas prácticas comunitarias, y cuánto reconocimiento, fruto de la organización, han logrado esas mujeres. 

Cuando las personas involucradas son mujeres, adolescentes, niñas y niños, la problemática de la violencia mediática en clave de género abre el análisis en varias ramas.

Uno de los principales problemas es la cantidad de detalles con que adornan la nota, la búsqueda incisiva, lo innecesario, el revoleo de acusaciones, los nombres propios. ¿Qué aporta la difusión de esa noticia? ¿Cómo impacta en la vida de las personas involucradas y en la integración social? ¿Por qué circula en redes sociales y cuánto de responsabilidad tienen quienes comparten el contenido? ¿Qué buscamos, qué queremos y qué necesitamos de los medios de comunicación?

La falta de respeto ante la identidad de las personas involucradas, la irrupción en la privacidad y la revictimización son algunos de los errores y peligros de las redacciones tradicionales alimentadas por las fuentes policiales con el calor de quien busca una primicia.

La reflexión abre otra pregunta, ¿cuán hay en la practica cotidiana de tirar de un hilo y seguir abonando el disturbio? Esta sí es capciosa, disculpas. En realidad el objetivo es llegar a la cuestión de los discursos polarizantes, la pulverización de la sociedad y el periodismo de supuesta guerra constante que a veces se reproduce por ignorancia y, otras, por falta de sensibilidad. 

Una última pregunta la aporta Liliana Heldel en diálogo con Ladran Sancho tras un caso muy grave de violencia de género y revictimización por parte de los medios locales en el año 2019, ¿lo que estoy escribiendo (o lo que estoy haciendo, sirve para la vida en general) genera y reproduce violencia? En criollo, replantearse si quizás estamos metiendo púa.

Necesitamos perspectiva de género en los medios de comunicación, que el conjunto de les trabajadores y los dueños se capaciten (nos capacitemos). Ese puede ser el puntapié inicial para empezar a ser responsables en lo que comunicamos y a promover los derechos de mujeres, niñes y adolescentes. 

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