En las últimas décadas nuestra sociedad ha hecho gala de una creatividad maravillosa.

El lenguaje es la palestra preferida de rioplatenses en donde el cincel de la palabra talla formas majestuosas. Desde Don Chicho hasta Borges, pasando por Maradona y Discépolo somos muy hábiles en crear neologismos criollos, frases e ideas que transportan sentido y significaciones. Hoy solo me enfocare en la palabra “Dólar”.

Significante paradigmático para los argentinos, llegó a ser una suerte de “verbo encarnado” en donde nuestro “verde paraíso” pareciera esperarnos, con San Washington como portero. En la pila bautismal se inscriben las criaturas de: Dólar Oficial, Blue, Paralelo, Contado con Liqui, Turista, Arbolito, Financiero, Merval y nos llegó en esta navidad el “Dólar Solidario”. Paradoja del destino, el humilde pesebre esta vez fue habitado por una nueva creación, arropada entre banqueros, funcionarios y estancieros que acercaron a regañadientes sus vaquitas, ovejitas y tractores.


Nuestra esencia social también incluye una “humana tendencia a la solidaridad” que muchas veces nos destaca de otras sociedades. Ejemplos abundan en cada barrio, en cada comedor, en cada escuela y en cada una de nuestras familias.

Oxímoron navideño

Desde hace algunas semanas contamos con una nueva “Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva” y con ella comenzamos a escuchar el nombre de este nuevo habitante, el “dólar solidario”. Tenemos frente nuestro un significante compuesto que da cuenta de dos ideas o realidades muy argentinas. Pero surgen algunas preguntas.

Se define a un oxímoron como aquella palabra o expresión que combina dos ideas o realidades opuestas o con significado contradictorio. Algunos ejemplos podrían ser “helado sol”, “oscuro mediodía”, “tensa calma”, “mentira piadosa” y tantos otros clásicos.

Pero me interesa compartir otros, no tan piadosos: “capitalismo humano”, “guerra preventiva”, “mentira estratégica”, “guerra santa”, “impuesto productivo” y nuestro ya conocido niño del pesebre, “dólar solidario”.

Es indudable que todo oxímoron intenta “ocultar algo y sorprender” al lector-oyente-receptor de ese mensaje cargado de sentido. Da en el blanco solo si moviliza emociones que se transformaran en milésimas de segundos en construcciones cognitivas a nivel neuronal. Son esas construcciones las que inclinan la balanza del accionar humano.  Allí donde hay un oxímoron hay una trampa, que puede tener un fin literario o metafórico, pero también puede llevar en sus entrañas un fin político e ideológico.

La bella trampa del lenguaje

Ilustración: Fernando Vicente para el libro “Reforma o Revolución” de Rosa Luxemburg.

Sabemos que en líneas generales hoy nos rige a nivel planetario un sistema económico que se basa en la in-equidad, en el no compartir, en la supervivencia del más fuerte, en la competencia más despiadada y en la optimización productiva a cualquier costo, que incluye la depredación del medio ambiente.

Hace algunas décadas en el Vaticano se acuñó un significante, mejor dicho un nuevo oxímoron romano: “se hace necesario un nuevo Capitalismo con Rostro Humano”, clamaban desde un lugar cercano a la tumba de San Pedro. ¿Es posible un capitalismo humano? ¿Si hasta ahora la historia muestra que el sistema tiene más de Salvaje que de Homínido?

Hace miles de años el ser humano “intercambiaba” bienes y servicios, alimentos, ropa, semillas y herramientas eran comercializadas por medio del trueque.  El trueque empoderaba y hacia libre a productores y consumidores.

Las sociedades fueron creciendo y apareció la moneda como forma significante y como sistema de creencia, por la cual los seres humanos compraban y vendían ya “sin tocar la cosa” solo dando o recibiendo algo que representaba un valor. El lenguaje tomó pleno poder y los hombres amaron intercambiar palabras. Ferdinand de Saussure (1857-1913) sentenció: “Así, la palabra mato a la cosa”.

Algunos historiadores como Eric Hobsbawn (1917-2012) ven en la moneda “el inicial germen de la globalización”.

Por otro lado sabemos que los nuevos Césares globales, tienen su moneda: El Dólar. Y también sabemos que la moneda es una parte esencial del sistema. Para que el tecno-capitalismo en su etapa global funcione, se necesitó que Richard Nixon en agosto de 1971 abandonara el patrón oro y liberara así a sus impresoras del anclaje al valor del oro internacional. Una sola nación imprime la moneda que rige al mundo. El sistema financiero mutaba una vez más, y en esta oportunidad creció como una medusa.

Con esta oscura partida de nacimiento, ¿es posible hablar de un “dólar solidario”?. Tampoco. Sale otro oxímoron engañador.

Solidaridad por decreto

Ilustración: Fernando Vicente para el libro “Reforma o Revolución” de Rosa Luxemburg.

Recuerdo un póster que vi hace mucho en la calle Florida que exhibía al tío Sam que emulando a Mafalda, me señalaba con un epígrafe: «Sea espontáneo».

Como no soy un habitante de Tebas ni de Roma, no me gustan los decretos. Prefiero ubicarme en Latinoamérica del siglo XXI y no en la Europa feudal.

Aclaro que personal e ideológicamente estoy totalmente de acuerdo con la idea de un “dólar solidario”, con un “extra” que se cobre para todos aquellos y aquellas que optan libremente por la moneda del cesar o quieren conocer algunas de sus capitales administrativas, Nueva York, Tokio, Miami o Hong Kong.

Mi reflexión es si un presidente, cualquiera que sea, ¿puede exigir que otro sea solidario? ¿es posible imponer la solidaridad? ¿el amor al prójimo? ¿el interés por la otredad? ¿Acaso un manual puede garantizar ética y humanismo para todos y todas?

Este vil sistema nos ha llevado a que solo por medio de imposiciones se distribuya la riqueza, que por medio de decretos y leyes muchas familias puedan comer saludablemente, que los burócratas se transformen en samaritanos obligando a un sector de la sociedad, a los fariseos modernos, a pensar un poco, solo un poquito en el otro.

Conozco a muchas personas laburantes honestas y bien intencionados que maldicen algunas medidas distributivas. Los comprendo porque ellos y ellas son víctimas de un sistema económico que primero es cultural, que está viciado de mentiras, relatos y oxímoron.

El sistema saca lo peor de nosotros, viendo en el otro a un competidor, a un enemigo o a un posible agresor. Si tenés gorrita sos chorro, si cambiaste el auto sos un cheto, si pensás distinto sos mi enemigo.

Ahorramos en dólares porque en el fondo sabemos que estamos solos. La moneda como representación de lo material, se nos presenta como única garantía de felicidad y seguridad. En casi todas las sociedades sucede algo parecido. El ser humano no encuentra el camino de regreso y se está poniendo año a año más triste, más materialista, más consumista, más ansioso, mas impaciente y por ende más violento.

La Solidaridad y el Humanismo jamás podrán imponerse desde afuera. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Necesitamos de manera perentoria que germinen y florezcan natural y culturalmente en nuestros corazones.

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1 COMENTARIO

  1. Coincido totalmente, la solidaridad no puede imponerse, el tema es el mientras tanto. Inmersos en una globalizacion cada vez más capitalista, donde reina el egoísmo, necesitamos políticas de estado que se enmarquen en ayudar a los que menos tienen, es por eso que medidas de gobierno como el dólar solidario o los precios cuidados cumplen un roll fundamental para tratar que los menos solidarios afinen el lápiz. Saludos

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