Foto: Julieta Brancatto

Camino a cumplir su primera década, el Bachi cerró una nueva etapa de obras y continúa trabajando, no solo en su rol educativo sino que también para atender las necesidades de cientos de familias en uno de los barrios más olvidados de Luján.

El Bachillerato Popular Carlos Fuentealba sigue agrandando su establecimiento, ante el fuerte crecimiento en la demanda, que se hace eco de la crisis por la que atraviesa el país. Como en sus orígenes más crudos, la sede de Cerrito y Storni no sólo es un espacio educativo, al menos no uno tradicional.

En el Ameghino atienden las necesidades de vecinos y vecinas que pasan a diario por una ración de comida o esa contención que no está presente en sus casas. Por estar dentro de uno de los barrios más olvidados por las distintas gestiones de los gobiernos locales, el bachi rumbeó su andar haciéndole frente a las problemáticas con las que se encuentran en el día a día entre sus calles. Desde ese plato de comida, hasta un lugar de esparcimiento y recreación.

El trabajo territorial que vienen realizando es muy importante para cientos de familias que, todos los días, se acercan hasta el bachillerato en búsqueda de la vianda, asisten al merendero, van a la juegoteca o simplemente a pasar un rato: “Mucha gente viene porque necesita esa ración de comida que se brinda”.

Superar la asistencia y empoderar desde el aula y en el barrio son parte de un programa implícito del Centro Educativo. El desafió para educadores y educadores recae entre la pedagogía y la organización de las problemáticas para empoderar a la comunidad, buscar sus propias respuestas poniendo hombro y cabeza y desde las herramientas del saber popular. Los libros se conjugan con el barro de las zapatillas y las experiencias acumuladas a la de resolver lo urgente y encarar el aprendizaje. El ejercicio de la síntesis entre el texto y la vida cotidiana.

Con energías renovadas, luego de una obra muy importante para el centro educativo, el equipo de coordinación dialogó con Ladran Sancho sobre los desafíos para este año, rumbo a cumplir su primera década. Sin ánimo de bajar los brazos, contaron acerca de los trabajos que se realizaron, hablaron del trabajo territorial y hasta se refirieron al  modelo de escuela que se proponen: “Nos reconocemos cómo una escuela pública”, aseguran.

Los trabajos que se estuvieron realizando, tienen que ver con la ampliación del sector de la juegoteca, en dónde reciben a los más chicos en el horario de cursada de los adultos y la remodelación en la cocina: “La ampliación de la juegoteca fue una obra muy necesaria, porque estábamos con mucha necesidad, recibiendo entre 50 y 60 chicos en un espacio reducido. También tuvimos una obra de ampliación de la cocina y el equipamiento. Para esto participó el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos), y la Cooperativa ACCASO”.

El espacio de juegos para niños y niñas también está impregnado de pedagogía popular. “El niño es considerado como sujeto de derecho y en ese espacio nos permitimos romper una mirada adultocentrista. Desde que se creó trabajamos en un espacio desde la perspectiva de derechos y con los ojos puestos en los vínculos entre niños y niñas y con los adultos”.

Con vistas al horizonte, pero sin olvidar lo duro que tuvieron que trabajar durante estos primeros diez años, el equipo de coordinación del bachi cree que el 2018 fue un año de muchas luchas, algunas perdidas y otras ganadas, aunque aseguran que hacen “un  balance positivo, en cuestiones más invisibles, como es el tema de la organización. La organización no es tangible. Lo tangible es que te arreglen la calle, pero con la organización movés al municipio”.

Muy críticos del gobierno actual, el barrio en general se siente olvidado y pide que atiendan con urgencia las necesidades básicas, entre ellas la falta de infraestructura, que hace que cada vez que llueve se inunde o que el trasporte público no pueda ingresar al barrio.

En un contexto desfavorable, otro de los problemas con los que se encuentra hoy el bachillerato es la excesiva demanda a la que le tienen que hacer frente. Pibes y pibas han comenzado a acrecentar su concurrencia al establecimiento por una ración de comida y esto genera que se tenga que hacer malabares para que todos puedan acceder a ella.

Es que, según los datos estadísticos que manejan en el bachi, en los últimos años tuvieron que acomodarse a la situación actual del país y se fueron acrecentando la cantidad de familias que se acercaban a buscar la ración de comida diaria: “Hay un estimativo de 2015 a 2016 en dónde se quintuplicaron las viandas. Después de 2017 a 2018 se volvió a duplicar. Nos fuimos acomodando y se tuvo que atender esa demanda, con la celeridad que suponía, porque era de un día para el otro. Abrís el bachi y te encontrás con que, en vez de los 20 con que terminaste, tenes 50 y al mes 60”, reflejaron.

En 2019 el bachillerato Carlos Fuentealba cumplirá 10 años. Foto: Julieta Brancatto

Entre mates de por medio, se siguen disparando aristas durante la charla. En pos de orientar a ser una escuela feminista, en el bachi vienen laburando de varias formas, con el fin de deconstruir y hacer una escuela mucho más igualitaria, en dónde las pibas puedan ser escuchadas y tengan su espacio de contención.

“Usamos el lenguaje inclusivo, desde antes que se instale el debate mediático. Eso hace que las mujeres dejen de estar invisibilisadas y percibir que el lenguaje es machista, porque no es neutral que hablemos en masculino. También usamos nuestro propio material didáctico para estudiar, porque el que tenemos también está patriarcalizado. Por ahí el caso más gráfico es la historia. La historia que aprendimos está basada en los hombres y no los hombres como humanidad, sino el género masculino. También queremos contar la historia de las mujeres”.

Otro de los métodos que utilizan para disminuir las desigualdades de género es procurar que “las tareas de limpieza la hagan, tanto mujeres cómo hombres. Muchas veces los varones ofrecen resistencia y entonces eso hay que trabajarlos”, remarcaron.

10 años de lucha incesante: 

Este año especial para el Bachillerato del Barrio Ameghino puede ser un buen momento para reflexionar. Un momento para mirar hacia atrás y ver todo lo que se ha logrado. Todas esas luchas con el fin de recuperar un poco de aquellos derechos que les han sido arrebatados, por el simple hecho de haber nacido a treinta cuadras del centro de la ciudad.

“Este año el bachi cumple diez años y tenemos ganas de hacer un libro, sistematizar nuestras experiencias, contar ese diálogo que hay en el territorio. El Bachillerato hace muchas cosas en el día a día y ésta sería una buena oportunidad de hacer un balance de esos diez años y poder ver todo lo que se ha logrado”, aseguraron los miembros del equipo de coordinación.

Como si fuera poco, parece que tienen que seguir demostrándole al Estado su labor para que contemple el carácter público.”Nosotros nos reconocemos como una escuela pública. Somos un bachillerato popular porque tenemos una perspectiva de cuestión popular, porque surge de forma autogestiva y hay parte de autogestión, porque hay mucha colaboración de docentes y estudiantes. Le vamos a exigir al Estado todo lo que le tengamos que exigir”.

Con muchos desafíos de cara al futuro y con el terreno bastante allanado, el bachi ya ha trazado un rumbo y sabe por dónde seguir: “Hay líneas fijas que se van a seguir trabajando. El feminismo es una de ellas, porque ya forma parte de la lógica de nuestra institución. Vamos a tratar de apoyar y formar parte de los reclamos, para que la vida en el barrio sea más digna, apoyar la educación pública y tratar de que los estudiantes se puedan hacer parte de esta lucha por la educación pública. Vamos a seguir ahí, disputando derechos, porque cada vez hay que pelearla más. Comeremos más polenta, pero vamos a seguir peleándola”.

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