Derribar la brecha: docentes del futuro

En renovados días de virtualidad, Ladran Sancho acerca la voz de docentes lujanenses que desde sus trincheras tecnológicas dan pelea cotidiana a la brecha digital.

Cristian admite el acceso de sus estudiantes a la reunión vía Zoom, los espera mientras comparte música. En estas últimas dos semanas de clases virtuales intentó buscar propuestas que llamen la atención a los cursos. 

En eso labura desde su departamento-oficina-aula. Compró una compu nueva a comienzos del 2020, en el salto al vacío de las escuelas a internet. Antes trabajaba con su netbook de Conectar Igualdad, la misma que usó para hacer la carrera. 

En el caso del sexto año que le toca esa mañana, la mayoría tienen wi-fi y un dispositivo móvil personal, en algunos casos una computadora. Con esas herramientas, puede hacer debates sincrónicos por videollamada y proponer trabajos en grupo, algo medianamente similar a la presencialidad, explica.    

En la clase de Historia, debaten la diferencia y las tensiones entre la ciudadanía emancipada y de la ciudadanía asistida. La clase anterior, habían analizado los cacerolazos en el marco de la crisis del 2001. 

Del debate surgió la comparación con los cacerolazos que tuvieron lugar contra la medida sanitaria de suspensión de la presencialidad en la escuela: “los de ahora son con ollas Essen” tiró una de las pibas, para argumentar su opinión sobre las manifestaciones actuales. 

“Trabajo en escuelas de gestión pública y privada, en escuelas del campo, y también en el centro de la ciudad. Tengo 12 cursos, acompaño al rededor de 250 estudiantes, con quienes tengo clases todas las semanas”. 

“Enseño Historia, Política y Ciudadanía, Trabajo y Ciudadanía, Problemática Social Contemporánea y Construcción de la Ciudadanía”. Cristian ríe en medio de la enumeración automática, quizás haga falta decir que, por muchas similitudes que tenga esta escuela con las de la ciencia ficción, los docentes no son robots. 

La escuela del futuro, ya llegó. 

Y en este punto es necesario aclarar que no se habla del programa “secundaria del futuro”, que pregonaba Larreta en CABA durante el macrismo, si no de las condiciones en las que llegó la institución escolar al 2021, esa que hace décadas se dobla pero siempre sigue en pie, y qué, como se preveía en las salas de profesores pre-pandemia y en las infinitas jornadas de lucha docente, venían con más precarización y más desigualdad.  

En conversación con Ladran Sancho Gabriela cuenta que tiene 6 cursos repartidos en 3 escuelas y su tarea es la de acompañar a un total de 205 estudiantes. La brecha en la conectividad entre sus estudiantes es diversa, entre aquellos que asisten a un colegio de gestión privada subvencionado y aquellos de escuelas públicas se da la situación de chicos con y sin conectividad.

«Esta situación dificulta la conexión a clases sincrónicas mediante plataformas como Zoom o Meet ya que el consumo de datos sumado a la situación económica de las familias imposibilita que puedan participar en todas las clases. Hay familias que solo cuentan con un celular para que sus hijos e hijas puedan acceder a los encuentros virtuales y tareas» explica Gabriela.

La labor docente se multiplicó con la virtualidad. Ahora se trabaja más tiempo por el mismo sueldo, y no se reconoce el laburo que conlleva planificar clases virtuales y mantener el vinculo constante con cada estudiante o familiar. Además, se vuelve dificultoso cuando los docentes tampoco tienen su herramienta de trabajo de uso exclusivo.

«Estoy sobreexigiendo el único dispositivo con el que cuento para trabajar sumado a que lo comparto con mi compañero y, ahora, con mi hijo que está en edad escolar, es un problema importante» agrega Gabriela a la complejidad de dar clases de forma virtual.

Sin embargo, y pese a todas las dificultades que conlleva, reconoce que la situación sanitaria está al borde del colapso y que en este contexto es la única alternativa. «La presencialidad es fundamental porque, más allá de que la enseñanza y la comprensión de los contenidos es más simple de esta forma, la escuela brinda mucho más que eso para la vida de los y las estudiantes. Dicho esto, y siendo totalmente consciente de que muchos chicos y chicas quedan fuera de la enseñanza virtual sumado a que los y las docentes trabajamos muchísimo más tiempo por el mismo salario, considero que las medidas tomadas por el gobierno son las más acertadas» manifestó.

«En cada curso doy cosas distintas, porque depende mucho del material que uno utiliza en función del grupo con el que va a trabajar. Los contenidos para algunos son interesantes, para algunos son posibles de alcanzar en determinados tiempos y para otros hay que hacer otro camino”. 

En una de las últimas clases que dio a adolescentes a través de whatsapp, trabajar una entrevista a Pierre Bourdieu, sociólogo Francés e investigador del sistema escolar y universitario, que en la segunda mitad del siglo XX postula su idea de que la escuela es reproductora del sistema social. 

A partir de esa teoría, analizaron “La lección” una obra de teatro del absurdo de Ionesco, donde un profesor es violento con una alumna y con él es violento su ama de llaves que lo crio.  

La cuestión del acceso a la educación y la calidad educativa, problemas que no nacieron ni residen en la dicotomía virtualidad/presencialidad como algunos esgrimen, emergió en el debate que se generó a través de ese grupo de whatsapp. 

Trazando paralelismos inevitables con su realidad, las y los estudiantes problematizaron sus posibilidades de acceder a la educación: “los chicos plantearon que les daba bronca, que quisieran tener clases por zoom pero que no les pasa porque la mayoría no cuenta con un dispositivo o solamente tienen datos móviles” concluyó Julieta. 

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