Productores familiares, pequeños y medianos ponen todo para enfrentar el ajuste en el sector y redoblan la apuesta. Empujan para que la Feria Franca se extienda los días de semana y generarán normativas para regular y proteger los espacios de comercialización de su propios productos, y el derecho de los ciudadanos a elegir lo que quieren consumir.

“De lo que se trata en el fondo es de discutir qué Argentina queremos. Porque sino nos imponen un modelo de consumo en donde a nosotros solo nos queda la deuda y el veneno de los químicos mientras los Carrefour o los Walmart se llevan la guita nuestra afuera”, nos introduce Roberto Burgos en el mundo de la Feria Franca.

Es uno de los impulsores que más laburó para sacar adelante el encuentro directo entre el productor y el consumidor. Fue empleado del Ministerio de Agoindustria hasta la semana pasada cuando despidieron a más de 500 técnicos.

Desde su lugar promovía circuitos de comercialización y aunque el Estado ya no reconoce la tarea, la construcción no se detiene. Más que nunca sigue el empuje porque como dice «hay que aguantar los trapos y la bandera no se abandona».

Este sábado la Feria Franca de Luján fue la anfitriona del 6° encuentro de Red de Ferias del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires «El sabor de lo nuestro», una propuesta itinerante que cada mes recorre las ciudades de las y los productores que la conforman. Como siempre hubo música, mate y juegos para renovar el compromiso de construir otro tipo de consumo y de relaciones sociales.

Al sol de la tarde del fin de semana desde Ladran Sancho aprovechamos a reconstruir la trama de la Feria Franca, su situación actual, sus dificultades y los desafíos en los próximos meses.

Los muchachos le meten braza al lechón, bondiola y chancho con pelo. Foto: Victoria Nordenstahl

Contexto histórico, desafíos actuales

El paquete de políticas económicas y sociales desarrolladas en los `90 habilitaron un diverso repertorio de demandas sociales en oposición al aumento de la desocupación, la pobreza y la exclusión.

En ese contexto los sectores populares comenzaban a gestar nuevas formas de resistencia y organización, la clase media se abría a otras formas de consumo a través de trueques, ferias y compras comunitarias, entre otras experiencias.

El estallido social de 2001 confirmó el fracaso de las políticas neoliberales y dio paso al largo camino de institucionalizar los modos de sobrevivencia de los de abajo: empresas recuperadas, huertas urbanas, ferias populares, redes de economía social y solidaria.

Ese fue el escenario en el que surgió la prueba piloto de la Feria Franca en Luján aunque no fue hasta 2011 cuando logró instalarse con fuerza. En la cartilla elaborada para replicar este ámbito de comercialización en otros municipios, puede leerse la premisa de la que partieron hace casi 20 años: “En Argentina hoy el problema no es de disponibilidad de alimentos sino de acceso que está muy fuertemente condicionado por la desocupación, los bajos ingresos, el empleo informal y el proceso inflacionario», desatado en diciembre del año 2001.

Desde entonces estás experiencias ganaron reconocimiento, disputaron el espació público, generaron reglamentación, difusión y consolidaron pisos cada vez más altos de sostenibilidad en amplios sectores de la producción industrial y agraria. El escenario actual es adverso y a la vez, la organización del sector acumula varios años de experiencia y permite pensar que puede ser un momento de oportunidades.

Foto: Victoria Nordenstahl
Foto: Victoria Nordenstahl
La feria franca reúne a más de 45 feriantes de la zona cada sábado en el parque San Martín. Foto: Victoria Nordenstahl

Aunque el viento de la política económica nunca sopló de lleno en las velas de los barcos de los autogestivos, cooperativistas y de quienes se rebuscan el mango como pueden, en el rubro nadie duda de que el periodo iniciado en diciembre de 2015 con el desembarco de Cambiemos al Estado Nacional pone a los de abajo contra las cuerdas.

Los cambios recientes aceleran el proceso de deforestación de la economía social y maximiza el beneficio para los grandes capitales. En Luján son más de 170 los productores que quedaron sin atención de los técnicos del ex-ministerio de agroindustria y sino fuera por el empuje militante de los  productores lo mismo podría suceder con los lugares de comercialización.

Por eso más que nunca los autogestivos y cooperativistas se ponen al hombro los espacios que permiten el encuentro, las relaciones sociales más personales y humanas, y fundamentalmente la promoción del consumo responsable. Lo que se intercambia no es solo producto y dinero sino una forma de vida, pautas culturales de consumo y socialización.

Próximos pasos

“Está todo armado para que los grandes se coman a los chiquitos y cuando eso pase puedan poner el precio que quieran a los productos. Están privatizando la soberanía alimentaria y no podemos permitir que eso pase. Como pueblo no podemos permitirlo porque tenemos que poder producir y consumir lo que queramos, no lo que nos impongan», dice Roberto Burgos representando el pensamiento de sus pares.

El diagnostico se confirma en los proyectos de ley de patentamiento de semillas pero también en las exigencias que pesan sobre los pequeños productores. El paquete de requisitos que piden desde el Estado está puesto en función de regular la actividad comercial en favor de las grandes empresas y no desde una perspectiva bromatológica o de sanidad, según refieren los pequeños productores.

Por eso la pelea también la dan el plano de las instituciones. Los feriantes trabajaron durante las últimos meses en una ordenanza que podría ser aprobada este lunes en el Concejo Deliberante de Luján y que garantizaría la permanencia en el espacio público y regularía la actividad en favor de las familias, pequeños y medianos productores.

“Nosotros necesitamos una ordenanza que regule la actividad a distintas escalas y que entienda de que se trata nuestro laburo. Necesitamos legislación que atienda nuestras necesidades y nos de proyección a futuro», asegura Burgos.

Foto: Victoria Nordenstahl
Foto: Victoria Nordenstahl
Foto: Victoria Nordenstahl

Por otra parte, la extensión de los días de feria gana forma y próximamente la Feria Franca estará disponible de lunes a viernes también. El espacio físico será en los galpones de la calle Las Heras para que los productores puedan atender una demanda creciente en los vecinos de Luján que en la actualidad recurren con más frecuencia a la autogestión por la difusión de la cuestión y el asentamiento de la crisis económica.

Así, otros modos de consumo ganan cuerpo en Luján. «Los productos los hacemos acá, sin agrotóxicos, sin cadena de producción y además la plata se queda acá, nosotros decidimos desarrollarnos en Luján y necesitamos retroalimentar el circuito en la comercialización. Los grandes supermercados se llevan la guita a cualquier parte», explica otro feriante.

La comunidad está en marcha, siguen de pie pese al temblor social y económico y firmes en la convicción de que la única salida es la colectiva. Como lo plasma el lema estampado en varias remeras que circulan por el parque: «Un sueño soñado solo, es sólo un sueño. Un sueño soñado juntos, es el principio de la realidad”.

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