febrero 26, 2024
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De vecino a escritor: la historia de Pedro José Mouzzón

Oriundo del barrio El Mirador, “Pepe”, como le gusta que lo llamen, es un jubilado que emprendió la aventura de escribir su vida para dejarle el legado a su familia y sus cercanos. Ahora, busca una editorial que sustente y lo ayude a finalizar el proyecto literario.

Pedro José Mouzzón decidió un día que su historia quede plasmada en papel. Su idea era escribir un libro que retrate y refleje su trayectoria laboral, sus momentos y experiencias vividas en conjunto con acontecimientos importantes y personas que fueron (y son) parte de su cotidiano. Luego de transcurrido un tiempo donde trabajó incansablemente para narrar sus vivencias, concretó su iniciativa hace un poco más de un año.

“Se me ocurrió la idea de dejar algo que nos mencione a ambos (a él y a su esposa) para que tanto mis hijas como mis nietos, tengan algo de todo lo que hicimos para el bien y el futuro de cada uno de ellos. Solamente dar, no pedir, simplemente para que no quedaran a la deriva y aportar un granito de arena para ayudarlos”, expresa Pepe sobre su proyecto personal.

El proceso de escritura del libro está pronto a terminar. Es por eso que Pepe ahora necesita dar un paso más: encontrar una editorial que quiera publicar sus memorias. El sostén de su familia y amigos fue fundamental para concluir la primera etapa: “La verdad que yo cada día me entusiasmaba más y cada día veía que podía realizar el libro y eso lo hablaba con mis nietos, a veces con las chicas, también con algún amigo o conocido, les contaba lo que estaba haciendo y me daban ánimos para seguir adelante con el proyecto”.

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Desde el patio de su hogar, Pepe repasa diversos momentos de su vida: anécdotas familiares, su recorrido como laburante y su presente colmado de disfrute, alegría y tiempo libre. Entre risas, lo primero que recuerda son vivencias con sus nietos que conectan con una tradición, la quema de San Juan y San Pedro, como la llamaban en su Suipacha natal en homenaje a su tío y abuelo.

En cada celebración invitaban a todo el barrio a participar, y brindaban bebidas y comida a quienes asistían. Con el paso del tiempo, viviendo en Luján, continuó con ese ritual junto a dos de sus nietos, Sofía y Lautaro. “Preparaba en casa los palos, brazos, piernas, y después envolvía todo con una tela. Adentro lo llenaba de papel, cartón y le agregaba cohetes, se prendía fuego y todo el barrio San Cayetano, donde vivían mis nietos, observaba esa ceremonia. Era una fiesta muy grande”.

Hoy es jubilado, pero Pepe pasó por varios trabajos a lo largo de su vida. Fue mozo, heredó de su padre el ser policía de la provincia de Buenos Aires y, finalmente, director de tránsito. “Fue duro el comienzo mío porque era nuevo, en el sentido de poder brindar lo que me habían enseñado en la escuela de Policía, que éramos servidores públicos, y no otra cosa, y nos debíamos al pueblo, quienes abonaban con sus impuestos nuestro sueldo”, relata Pepe.

Su familia está conformada por sus tres nietos y sus dos hijas. “Tanto mi señora como mis hijas y actualmente mis nietos, son toda mi vida. Hoy mi señora no está, partió. Ella desde allá nos está ayudando para que yo continúe lo que ella comenzó en su momento, atender a mis hijas y a mis nietos. Porque era la que más tiempo estaba y momentos les daba a los chicos, siento un cariño inmenso de todo eso”.

Pepe cree que fue dedicado en sus labores porque así le enseñó su padre, quien poseía una influencia fundamental para él en las decisiones de su vida adulta. “Él me dijo: ‘tenes que ser un buen policía, tenes que ser honesto y seguir los pasos de lo que yo he hecho. No me defraudes’. Y bueno, todo eso lo volqué y colaboré con la sociedad atendiéndola en todos los momentos en que viví”, agrega.

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Pepe no se achica y, tras escribir su autobiografía en un formato de escritura tradicional, también opina sobre la era digital: “Pienso que no se puede perder lo que uno aprendió de chico. A mí me costó horrores aprender a escribir con tinta, en tercer grado me trajo problemas porque hacía más manchones que letras. La escritura no se puede perder, los libros, tampoco”.

El ejercicio de revisitar su andar, lo renovó. A sus 82 años considera que es necesario para no dejar dormitar al cerebro. “Eso me dio lugar a escribir, a hacer todo lo que hice que me llevó hoy a estar acá sentado. Estoy muy agradecido y todo ha sido a consecuencia de este libro”, concluye Pepe.

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