De La Nada, dos décadas de trabajo en Luján y General Rodríguez

El proyecto, inspirado en los microcréditos del Banco Grameen, ofrece capacitaciones y financiamiento a emprendedoras y emprendedores. El miércoles su sede en el Barrio Juan XXIII fue rebautizada como Casa del Trabajo "Eugenia Molina Gowland" en homenaje a una de sus fundadoras.

De La Nada empezó a gestarse en 1999, cuando dos de sus fundadoras, María y Elvira, leyeron el libro “Hacia un mundo sin pobreza” de Muhammad Yunus, economista y premio Nobel de la Paz. Ellas no se conocían, pero la filosofía de Yunus las unió y, tras una cita a ciegas, decidieron avanzar en una acción colectiva con el objetivo de “sumar trabajo para restar pobreza”. 

Conocido como el banquero de los pobres, Muhammad Yunus es un Bangladesí y miembro del Panel África Progresa, condecorado por la creación del Banco Grameen, que entrega microcréditos a personas que buscan emprender. Este sistema fue replicado por organizaciones en todo el mundo, María y Elvira decidieron implementarlo, en principio, en las localidades de Torres y Open Door.   

Dos décadas más tarde, aquello que como dicen sus fundadoras surgió de la nada y, tras los pasos de Yunus, conforma una Asociación Civil con veinte voluntarios y un equipo operativo de cinco personas que coordinan y lideran las acciones, que fueron mutando desde sus primeros pasos, pero conservan el objetivo y la misión inicial. 

Así lo explica María Luciana Malvazo, Licenciada en Trabajo Social, quien se sumó a la organización en sus inicios, cuando María y Elvira comenzaron a buscar referentes en la zona para desarrollar el programa de microcréditos. Junto a su hermana Celina conocieron De La Nada en una actividad realizada en la escuela de adultos de Torres. 

Trabaja en Luján y Generan Rodríguez «con el objetivo de brindar oportunidades a personas de bajos recursos económicos» que en su mayoría son mujeres. Foto: De La Nada, año 2012.

En su relato, Luciana da cuenta de la transformación y la evolución del proyecto a lo largo de los años. “Entendimos que el microcrédito era una herramienta importante, pero que no alcanzaba”, cuenta. Con el tiempo y el análisis del contexto, el sistema de financiamiento cobró una dimensión más integral, hoy es una herramienta más dentro de uno de los programas que desarrollan, llamado “ampliando horizontes”, con el objetivo de potenciar la comunidad de emprendedoras y emprendedores “para que generen ingresos y puedan mejorar su calidad de vida”. 

La ampliación de viviendas y la entrega de becas de estudio fueron algunos de los proyectos que desarrollaron en estos veintiún años de trabajo por lo que ampliaron también su territorialidad, para llegar a trabajar en todo Luján y General Rodríguez. Su escuela de oficios en las áreas de gastronomía y producción textil no apunta solo a aprender la práctica sino a sumar contenidos para la gestión y administración de pequeñas empresas, así como para la búsqueda de empleo en relación de dependencia. 

La Asociación Civil también desarrolla emprendimientos sociales propios con el objetivo de generar ingresos genuinos para sostener las actividades de la organización, y también para abrir oportunidades laborales para las y los egresados de la escuela de oficios. Allí se enmarcan «La Cocina del Trabajo», un servicio de catering para eventos, y la comercialización de productos textiles realizados a partir de piezas de descarte.

Anclada en la realidad de la feminización de la pobreza, Luciana explica que De La Nada trabaja mayormente con mujeres emprendedoras. En ese sentido, vieron la necesidad de abordar las violencias por razón de género, “por eso articulamos con las mesas locales intersectoriales de Luján y General Rodríguez”, detalla, espacios donde confluyen instituciones del Estado y organizaciones sociales y políticas para el abordaje de esta problemática. 

Además de estos dos proyectos productivos, la Asociación civil se financia a través de donaciones voluntarias. «Piense que su pequeño aporte contribuye a la construcción de una sociedad mas justa». Foto: De La Nada

“A lo largo de estos 20 años aprendimos a trabajar en red, a articular con otras organizaciones, porque lo que la realidad nos muestra es que la pobreza es una problemática multidimensional”, explica Malvazo y agrega: “Por eso intentamos articular con otras instituciones para poder abarcar la problemática y acompañar a las personas en las diferentes dimensiones que De La Nada no trabaja”. 

El miércoles 29 de septiembre, la sede de De La Nada en el Barrio Juan XXIII fue rebautizada como Casa del Trabajo «Eugenia Molina Gowland» en homenaje a una de las fundadoras y pilares de la asociación, a dos años de su fallecimiento. «La casa del trabajo es una realidad porque ella puso los cimientos, vio la necesidad de que De La Nada tuviera un espacio propio donde se aprende y donde se trabaja, y fue ella la que donó el terreno».

Del acto participaron sus hijos, «que vieron viva esa historia y vieron florecer su trabajo» narra Luciana. También participaron egresadas y egresados, emprendedores, voluntarias y voluntarios, miembros de la comisión directiva, amigos y vecinos. «El paso de Eugenia en nuestras vidas nos dejó un aprendizaje muy grande», afirma.

«En De La Nada creemos que todas las personas tienen capacidades potenciales, lo que le faltaron fueron oportunidades», sintetiza Malvazo sobre la perspectiva general de la Asociación Civil, «lo que buscamos es brindar ese marco de oportunidades, para que todos podamos salir adelante a través del trabajo y la educación», concluye. 

spot_img
<
spot_img
spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

En las redes

4,842FansMe gusta
4,232SeguidoresSeguir
782SeguidoresSeguir
1,058SeguidoresSeguir
166SuscriptoresSuscribirte

¿Querés recibir una selección de noticias en tu correo una vez por día?

Gracias! 

Si no ves los correos en tu bandeja de entrada revisá tu carpeta de correo no deseado y agreganos a tu lista de contactos.