Mediante un comunicado los concejales de Cambiemos se mostraron a favor de la termoeléctrica. Sus fundamentos se apoyan en la «crisis energética». ¿Qué dicen los datos? ¿Cuáles son las verdaderas razones? Breve repaso y explicación de una historia inventada.

El proyecto que busca la rezonificación para la instalación de la central llegó al Concejo Deliberante el pasado lunes. Los concejales de Cambiemos explicitaron su posición mediante un comunicado que fue leído en el recinto.

Allí se exponen con rango de verdad indiscutible una serie de afirmaciones que se contradicen con los datos que se logran recolectar desde diversos entes y fuentes. Un recorrido por esos argumentos y el contraste con la información disponible aporta algo de luz a las verdaderas razones.

Del falso hablemos claro al hablemos, claro: los datos mandan

Dos aspectos centrales hay que observar a la hora de hablar de electricidad en nuestro país: uno es el vinculado a la generación de energía y el otro al de la distribución y transporte de la misma.

Dicho comunicado comienza por afirmar que se debe «apreciar la realidad histórica en la que debatimos«. En ese análisis se dice que «a nadie se le escapa la insuficiencia energética que se registra en el país, motivada por la falta de inversiones acontecida durante los doce años del gobierno anterior«.

Sin embargo a partir de datos oficiales y de las propias empresas el Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo informó que entre 2004 y 2015, la generación de energía eléctrica acumulada fue un 60% superior a la del período 1992-2003, mientras que las importaciones de electricidad menores en un 0,1%. Esto debido al programa nuclear que puso en funcionamiento la central Atucha II, un programa hidroeléctrico que implicó la finalización de la represa Yacyretá, y la incorporaron de las energías eólica y la solar.

A finales del 2015, los volúmenes de energía estaban garantizados, con una potencia instalada de 27.000 MW luego de un pico histórico de consumo de 24.000 MW registrado en enero de 2014.

Las obras proyectadas de generación de energía eléctrica contaban con financiamiento por 30.584 millones de dólares, de los cuales 27.744 millones estaban acordados con los gobiernos de China y Rusia. La decisión del gobierno actual de rever los contratos vigentes paralizaron las obras, evitando un aumento del 6,8% de la potencia instalada.

No hay un problema de energía disponible. Entonces: ¿Por qué instalar una planta de generación de energía en nuestra ciudad? Algunos responden que quizá sea necesaria en el futuro. Veamos.

En la generación no ¿Y dónde está el problema?

Atucha II. Foto: El Economista

El otro aspecto central es la trasmisión y distribución de la energía. Desde los puntos de generación, tales como centrales hidroeléctricas o atómicas, las empresas de distribución son las responsables de hacer llegar la energía a los hogares.

El Plan Energético Nacional ejecutado por el Ministerio de Planificación Federal a partir de 2004, construyó 5.800 kilómetros de líneas de alta y extra alta tensión, sumando diez provincias y regiones al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) que hasta ese momento se encontraban aisladas.

El Estado Nacional realizó las inversiones para que las empresas de distribución cuenten con la infraestructura a su disposición. Estas empresas privadas poseen aceitados vínculos con el ejecutivo nacional.

Según datos de ADEERA relevados por el OETEC Edesur (de la cual Nicolás Caputo es socio minoritario), Edenor (Marcelo Mindlin), EDEN, EDES, EDEA y EDELAP (las cuatro distribuidoras bonaerenses propiedad de Rogelio Pagano) concentran el 51% de los usuarios del servicio público de electricidad a nivel nacional, así como el 49% de la demanda total.

Todas ellas obtuvieron ganancias durante 2017 por un total de 11.303 millones de pesos. Más de 1000 millones al mes.

El oficialismo en la última sesión en minoría. Se sentaron para votar afirmativamente sin leer todos los expedientes. Foto: Julieta Brancatto.

Los Concejales de Cambiemos continúan su argumentación diciendo que la supuesta falta de energía producía «el padecimiento de importantes cortes de luz cuando se registran altas temperaturas, y la imposibilidad de crecimiento de las actividades industriales y productivas que no pueden expandirse convenientemente«.

Por estos motivos se declaró a nivel nacional y luego provincial la emergencia eléctrica y se aumentaron las tarifas. ¿Cuáles fueron los resultados en la prestación del servicio?

Por citar solo un ejemplo, durante el 2017 Edenor obtuvo ganancias por 682 millones de pesos. Como contracara la empresa brinda un servicio cada vez peor para sus casi 3 millones de usuarios. En cantidad de cortes fue el peor número desde 2011, mientras que la duración acumulada de los cortes por usuario (en horas) aumentó el 21% respecto de 2015 y la frecuencia de cortes por mes y por usuario llegó al peor valor desde el mismo año.

El incremento de los cortes se dio en un contexto de disminución de la demanda de energía por parte de los usuarios bajo su área de concesión: -3,7% en relación a 2016 y -1,3% sobre 2015. Es decir que con menor consumo que en 2015, con mayor rentabilidad para las empresas y con la declaración de emergencia energética vigente, los cortes de luz aumentaron.

En el comunicado también se afirma que «la verdad es que sin energía no sólo no vamos a crecer; tampoco vamos a generar empleo, ni a poder producir» Sin embargo, según el propio Indec, la industria utilizó sólo el 64,5% de su capacidad instalada en 2016. El 35,5% de capacidad ociosa es el número más alto de la industria desde el año 2002.

Entonces, si hay energía disponible y las industrias no la están utilizando. Si los usuarios, luego del aumento tarifario obtienen un peor servicio que en años anteriores. ¿Quién o quienes son responsables de la supuesta «crisis energética»?

Si no hay una crisis, la inventamos

45 mil usuarios afectados por los cortes de luz en diciembre 2017

«La gente acepta el cambio cuando reconoce una necesidad. Y esa necesidad la puede reconocer en medio de una crisis» sostuvo José Aranguren. No hay más que agregar a las palabras del ex CEO de Shell devenido en Ministro de Energía.

El relato sobre la «crisis energética» fue instalado y está siendo usado para crear nuevos ámbitos de negocios y producir mayores ganancias a los empresarios. Pero no a cualquier empresario.

La ganancia neta del grupo Central Puerto, que controla Edesur, de la cual es accionista el mejor amigo del presidente Nicolás Caputo, mejoró un 32% durante el primer año de  la gestión macrista y trepó un 98% más en el segundo. Comparado con el 2015 la mejora fue del 160%. Sólo en 2017 la suma asciende a 3.493 millones de pesos.

Pero no solo se garantizan los negocios de las empresas del mercado energético, también se suman las empresas transnacionales basadas en capitales financieros especulativos sin experiencia en el rubro específico.

Tal es el caso de la responsable de la termoeléctrica en cuestión: Araucaria Energy. Firma creada en abril de 2016, un mes después de que el Ministerio de Energía y Minería publique la convocatoria de oferentes para la generación térmica.

Araucaria Energy es una subsidiaria de la empresa canadiense Stoneway Capital Corporation, la cual logró financiamiento colocando un bono de deuda privada por 500 millones de dólares. Los dueños de Araucaria son socios en fondos de inversión del Ministro de Finanzas Luis Caputo. Y para completar el panorama, su CEO, Santiago Del Sel, fue asesor de Elisa Carrió y de la vicepresidenta Gabriela Michetti.

Como un «hermano de la vida» definió a Nicolás Caputo el presidente Mauricio Macri. Foto: Perfil

Detrás de los relatos, las conclusiones

Mucho más allá de la tan mentada grieta y de la supuesta oposición de relatos, se encuentra la información.

Los fundamentos esgrimidos por los concejales oficialistas de una ciudad mediana como Luján para permitir la instalación de una central termoeléctrica chocan con los datos disponibles de la situación general de la matriz eléctrica a nivel nacional y provincial.

Las verdaderas motivaciones no son garantizar la provisión de energía, que ya está garantizada. Ni dar respuesta a los cortes, que las empresas distribuidoras no se encargan de resolver, y mucho menos dar respuestas a una necesidad del sistema productivo, ampliamente ocioso por la baja del consumo.

Las razones son crear nuevos ámbitos para que los socios de los empresarios gobernantes hagan sus negocios. Y que el costo de esos negocios lo pague Luján, el funcionamiento de sus instituciones que cambian a razón de quién pone el billete. También los vecinos, que deberán vivir con una industria de tercera categoría a metros de sus casas y por último, las próximas generaciones. Todos y todas: desde su bolsillo o con su salud si es necesario.

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