Dardo y la cultura local

Federico Suárez
Federico Suárez
Maestro de Primaria y Licenciado en Educación. Historiador y escritor. Docente municipal, actualmente se desempeña como Encargado Pedagógico en el Museo Municipal Casa de Ameghino.

En el año 1980 la banda Serú Girán publicaba el álbum Bicicleta. Los llamados “Beatles” argentinos, se repartían la voz principal entre Charly García y David Lebón, quienes componían la mayoría de los temas. El grupo lo completaban un joven Pedro Aznar que deslumbraba con el bajo y un experimentado motor rítmico que al día de hoy se extraña: Oscar Moro.

El principio de la década del 80 caracterizaba al rock nacional por la reversión del sonido y en un contexto político que se destacaría por la tortura, la detención y desaparición forzada de 30 mil personas, la guerra de Malvinas, una economía destructiva y el exilio de quienes a través de las expresiones culturales, podían poner en peligro dicho régimen.

Tal es así que actores y actrices fueron perseguidos por sus posiciones políticas y a los grandes de la música como Luis Alberto Spinetta, el nombrado Charly, León Gieco, Horacio Guaraní, Ariel Ramírez o César Isella, se les prohibían varias de sus letras o sus presentaciones en los escenarios. 

Volviendo a Bicicleta –el álbum de Serú-, dos de las canciones lograban poner en sintonía al fatídico contexto de aquellos años oscuros: “Canción de Alicia en el país” y “Encuentro con el diablo”. En 2012, en una entrevista a Charly García, el músico afirmaba con respecto a la primera de ellas: “Cuando hay un enemigo visible, uno se tiene que esforzar más para protestar y que no se den cuenta. Me puse metafórico pero bastante directo. Bastante directo porque hablaba de las torturas; de las morsas, que era Onganía; los brujos, que era López Rega”.

En cuanto al encuentro con “satán”, Charly y Lebón en más de una oportunidad afirmarían que se inspiraron en las reuniones que el presidente de facto, Roberto Viola, llevaba adelante con referentes de la cultura. Sus versos son una clara descripción: “Nunca pensé encontrarme con el jefe, en su oficina de tan buen humor, pidiéndome que diga lo que pienso, qué pienso yo de nuestra situación”.

Dejando por un momento el análisis del pasado, hace algunos días la sociedad fue testigo en la Ciudad de Buenos Aires, de una brutal represión hacia los trabajadores de la cultura. La privatización del Cine Gaumont, la desfinanciación de los diferentes programas culturales y el cierre del Ministerio de Cultura, son motivos que pueden describirse dentro del tinte de lo simbólico y lo ideológico. Una rápida explicación puede ser simple y certera: la cultura es la que pone en jaque a las ideologías neoliberales y tiene la capacidad de transformarse en la noble resistencia de quienes se oponen a los pensamientos políticos, sociales y económicos extorsivos. 

Aquí es preciso hacer un punto de inflexión. Los historiadores locales en varias oportunidades nos vanagloriamos en afirmar que cada hecho trascendente de nuestro pasado, involucra a los lujanenses como grandes protagonistas de la historia nacional. Y durante la última dictadura cívico-militar, también hubo actores locales que se ofrecieron como una resistencia cultural en el pago chico, tal como lo hicieron los García o los Spinetta.

Gracias a los escritos e investigaciones históricas de Analía Gómez, de Nicolás Grande, enormemente recomendables por su tratamiento, rigurosidad y seriedad al momento de volcar estas concepciones en sus artículos; o por las acciones de Osvaldo Caldú, Julián Sotelo y Guillermo Rellan, podemos ubicar a Dardo Dorronzoro. Grande lo define en su libro “Luján, Historias Subalternas” (2016) como un exponente de “la mirada popular sobre la cultura, lejos de los círculos cerrados, tan propios de ciudades como Luján, que dan cierto status y pertenencia social. Para este poeta, forjado entre hierros y una realidad injusta que nunca le fue ajena, las expresiones culturales y artísticas eran parte inseparable de la política, y por lo tanto, un terreno de disputa”. 

También los historiadores lujanenses debemos tomarnos el tiempo de bucear en la documentación histórica. Y esa búsqueda se convierte en placentera al momento de descubrir casualidades/causalidades que ayudan a reforzar el desarrollo de diferentes conceptos. Estas se han hecho presente al momento en que desde el Museo Municipal Casa de Ameghino -a través de la Secretaría de Culturas y Turismo y la Universidad Nacional de Luján-, se comenzó con clasificación paleontológica de dicha institución y la puesta en valor de su archivo.

Entre esos papeles en cuestión, apareció la figura de José Antonio Mignone, otro de los referentes de la cultura popular y personalidad trascendental de estos círculos. Lo curioso es que Dardo y José se conocían: compartían charlas, debates, hablaban de política. Sí, aunque parezca extraño escribirlo, ambos hablaban de política cuando se reunían. Los dos ponían a la política en la mesa de conversación en esos tiempos de dictadura; en esos tiempos del “de eso no se habla”.

Dardo y José se atrevían a intercambiar su cultura, aún cuando las brigadas de inteligencia surcaban las casas de los marcados, o los falcón verdes deambulaban con la necesidad de “chupar” al que pensaba distinto. Nicolás Grande en sus Historias Subalternas recordaría las reuniones de Dorronzoro y Mignone, en las mismas palabras de Dardo: “Hablábamos de arte, de poesía, de platos voladores, del hombre, de las porquerías que se siguen haciendo en este mundo”. Es que en la casa de Dardo se respiraba un ambiente cultural, se dictaban talleres literarios y jóvenes de las diferentes agrupaciones sociales se acercaban para conocerlo, intercambiar opiniones… Y hablar de política.

Otro de los vecinos lujanenses que frecuentaba a Dardo era el artista Luis Nápoli. Tanto José Mignone como Luis se conocieron por él. Los tres se definirían como discutidores de “la revolución cultural, de la revolución sin pólvora”. Cada uno desde sus disciplinas, en esas hermosas reuniones de la casa del barrio La Loma de Dardo, supieron compartir el conocimiento, el gusto por la poesía, la narrativa, los cuentos y la ciencia. En fin, la cultura. 

José Mignone falleció en 1981, sus restos descansan en el cementerio de Jáuregui. Luis Nápoli en 2015. Dardo fue secuestrado dos veces. La última el 25 de junio de 1976 y todavía continúa desaparecido.

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Maestro de Primaria y Licenciado en Educación. Historiador y escritor. Docente municipal, actualmente se desempeña como Encargado Pedagógico en el Museo Municipal Casa de Ameghino.

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