Cuando la mentira es la verdad

Patricia Bisso
Patricia Bisso
Socióloga, música, docente.

“Qué ves? Qué ves cuándo me ves?”. Ricardo Mollo compuso la letra de este tema en el año 1993, en plena época menemista. El disco “La era de la boludez” significó un respiro y un lugar de encuentro común para quienes transitábamos esos años sin futuro; donde todo era escaparate para ser vendido y comprado, sumiéndonos en un tiempo efímero. La diversión era la pantalla que ocultaba el desguace del país.

Aún no existían las redes, de internet ni hablar. Era el final de la era analógica. Caminábamos airosos, viajábamos en tren o colectivo escuchando ese tema en nuestros “walkman” y en los “discman”, toda una modernidad en ese tiempo. El tema sonaba en las radios, en las calles y en la tele mientras todo se caía a pedazos, y en donde La Chiqui Legrand y compañía operaba de vocera de la nueva cultura que se instauraba.

Divididos nos ponía en sintonía con la mentira, con las apariencias y con el manejo de
la verdad. La frase “Cuando la mentira es la verdad” vuelve a resonar hoy y a instalarse cotidianamente, en un tiempo distinto, pero con una idea similar a la de los 90, más perversa, instaurándose la vil mentira como verdad revelada, sometiendo a la población a padecer hambruna, desocupación, pobreza, angustia, desesperanza por un supuesto bien común futuro.

La mentira como verdad a la vista de todos. Cual narcisista que niega su accionar y culpa a su víctima de exagerar o crear fantasía, la nueva verdad se instaura y oculta cuidadosamente su naturaleza ideológica y las víctimas son señaladas. Esta ideología disfrazada de cordero no hace otra cosa más que repercutir en el entramado social en todos los territorios del país.

La violencia verbal con la que se instaura, la estigmatización del que piensa o siente distinto, la discriminación a toda diferencia y el descrédito a otras verdades hace de nuestra sociedad un polvorín del sálvese quien pueda y nos coloca ante el peligro de los totalitarismos. Funcionarios y funcionarias, legisladores y legisladoras dan rienda suelta a esa ideología y de esa manera quienes tendrían que dar el ejemplo de respeto ciudadano, se convierten en verdaderos voceros del odio y la discriminación.

Las redes, por su parte, esparcen ese veneno hablando de “libertad”, la libertad para agredir y no medir las consecuencias de lo que están provocando. Porque más allá de lo económico, lo social, está el modelo de país que pretenden imponer, borrando de un plumazo la construcción colectiva que viaja de generación en generación hace ya más de 200 años.

Los alarmantes índices de bullying escolar de las escuelas, sean públicas o privadas, los ataques de pánico, de ansiedad, los suicidios de nuestra población más joven es un tema serio. No es algo así nomás. Es allí donde repercuten los modelos en la que la población adulta vive. Y así, de ese modo atroz y despiadado, se legitima desde el poder político el agravio. Todo ser distinto ve en peligro su porvenir, y los derechos conquistados al fin corren riesgo de perderse.

Hacia 1880 la discriminación era la carta de presentación en sociedad desde el lugar de nacimiento. Esa era “la verdad” de ese tiempo, y ante eso no había remedio. Costó muchas luchas, muchas vidas, mucha gente lograr instaurar la libertad e igualdad de todos los seres en nuestro territorio. Y es ahí donde podemos preguntarnos, ¿de qué verdades hablan quienes intentan instaurar sus verdades? ¿De qué libertad están hablando? ¿La de poder pisarle la cabeza a quien está al lado? ¿La de poder “comprar” lo que queramos? Eso no estaría funcionando.

¿La de imponer mi voluntad sin tener el más mínimo conocimiento de historia básica de nuestro país? ¿De que el poder político se esmere en vender y rematar todos los bienes patrimoniales que nos pertenecen sin tener el menor reparo del daño histórico que están generando? Y ahí llegamos a la pregunta que nos hacemos como gente de a pie -como diría el entrañable Mario Wainfeld- cuando hablan de casta. ¿De qué casta están hablando ¿Quién es la casta realmente? “La casta tiene miedo”, aseguran. Pero si los funcionarios y legisladores se suben el sueldo y ganan muy bien, de ellos no estarían hablando. Miedo seguro no tiene esa gente.

Ahora bien, si quienes trabajan, estudian, emprenden, cuidan, crean, investigan, producen, ven amenazado su porvenir más inmediato a causa de la suba desmedida de los productos básicos, los servicios, el transporte, el combustible, el desmantelamiento de la salud y la educación, entre otros, estamos ahí llegando al hilo de la nueva verdad: ¡la casta somos nosotros! Y no lo sabíamos. Porque sí tenemos miedo. Porque lo que está pasando es muy grave. Y lo que puede pasar es peor si no aparece un freno a toda esta locura, un freno que desenmascare la mentira disfrazada.

Nuevamente llegamos aquí al querido Mollo que afirma: “Cuando la mentira es la verdad”. Y empezamos a ver nuevamente el desfile de escaparate de la mentira disfrazada de verdad, enmascarada por la ilusión de las frases vacías defendidas por falsos profetas que atentan contra la libertad que nos entregó San Martín y cientos seres más. Que se desdibuja y corre verdadero peligro si no encontramos prontamente una oposición unida, transformadora y generadora de los cambios que ponga acción y se haga voz de los millones de argentinos y argentinas, y que ya hemos puesto en claro que queremos defender el trabajo, la salud, la educación, los salarios y la libertad que nos han legado generaciones pasadas. Un patrimonio de todos y todas en nuestro amado país.

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Patricia Bisso
Patricia Bisso
Socióloga, música, docente.

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