Fue bancario, es padre de familia y bombero voluntario. Tres actividades totalmente distintas entre sí, pero que están unidas por un punto en común: el humor con el que Israel Regner se desempeñó en cada una de ellas. En esta entrevista con Ladran Sancho, el humorista revela los pormenores de su trabajo y su visión de la comedia.

A Israel le gusta la actuación desde muy chico. Todo comenzó con una simple pregunta que le hizo a su madre mientras miraba la televisión: “Ma, ¿cómo hago para estar ahí?”. La respuesta fue concisa: “Tenés que estudiar teatro”. En ese momento, el pibe no dudó ni un segundo y se anotó en clases de teatro infantil.

Tomó clases en la escuela del reconocidísimo director Augusto Fernandes, fallecido hace pocos días, y se perfeccionó con Joy Morris, una ferviente impulsora de la técnica denominada “no acting please” (no actuar por favor).

El humor llegó espontáneamente a su vida. Él siempre fue el encargado de contar chistes dentro de su grupo de amigos. Todos le decían que tenía una chispa especial y comenzó a escribir su propio material. Más tarde, realizó cursos de stand-up, pero de todas formas cree que para hacer reír no hay reglas. “Cada uno le da su propia mirada a las bromas, yo cuento situaciones que me parecen graciosas de forma ácida y crítica”, expresa el comediante y sentencia: “la particularidad del cómico es que tiene una visión distinta de la realidad”.

¿Cómo influye el humor en tu vida cotidiana?

-Muchas veces me ayudó a salir de situaciones complicadas y de bajones anímicos. Yo no lo utilizo para ponerle una curita a determinados problemas, sino para poder atravesarlos de una forma más amena.

¿Ves que eso se refleja en el público?

-Sí, frecuentemente veo personas que llegan al show con cara larga y se terminan yendo con una sonrisa. Generalmente a mí me va bien. Mi idea es que quienes me escuchan se sientan identificados con lo que digo, mi humor pasa más por el lado cotidiano de la vida, hago referencia a cuestiones que nos ocurren a todos. Lo que busca el stand-up es lograr una sensación de cotidianeidad en el público, que parezca que el guión está siendo inventado en el momento, cuando en realidad no es así.

Digamos que nunca improvisás…

-Sí lo hago, pero con límites. No soy de arriesgarme mucho, cada tanto improviso algún que otro chiste, pero no es algo de todas las puestas en escena. Cuando improvisás mucho es porque sos un comediante consolidado que ya tiene una audiencia que lo sigue a todos lados. Si sos nuevo tenés que romper el hielo con el espectador, hacerlo reír varias veces para crear un vínculo de confianza.

En tus shows hay un ida y vuelta muy marcado con el público y hablás de la vida cotidiana de Luján, haciendo referencia a ciertos barrios o negocios, pero cuando hacés shows en otras ciudades, ¿Cambiás el guión?

-Sí, ese concepto está muy presente. Por ejemplo, en una época hacía chistes con el “Tano” Gianice, que en su kiosco podías encontrar de todo, pero ese es un chiste muy local, muy lujanense. Cuando me presenté en otras localidades no necesité cambiar radicalmente el guión. Lo que hacía era llegar y preguntarle a algunos vecinos cuáles eran los lugares más concurridos de la zona y hacer comedia en base a eso. Mi humor siempre gira en torno a lo local y cotidiano. Se trata de entrar en la idiosincrasia del lugar, de sentirse parte.

¿Algún espectador se enojó por algo que dijiste?

-Sí, tenés de todo. Hay gente que te aplaude, se levanta y no te ve nunca más y hay personas que se acercan y te dicen que no les gustó lo que dijiste. Aún así, es muy difícil que mis bromas te caigan mal. Tenés que hilar muy fino y ponerte en moralista. Para mí con el humor hay que dejarse llevar, si te ponés estricto no podés reírte de casi nada.

Con el avance actual del movimiento de mujeres en la agenda pública y mediática, ¿Tuviste que moderar o eliminar algunos chistes de tus guiones por considerarse machistas?

-No. Desde muy chico vivía en la dirección de la escuela por defender a las mujeres. Yo soy hijo de padres separados, fui criado por mi madre y siempre me pareció muy injusto lo que pasaba con las nenas. Había situaciones de machismo explícito que me parecían aberrantes y siempre me peleaba con mis compañeros por su trato con las mujeres. Por esto nunca me salió hacer chistes machistas, no van con mi esencia y me sentiría muy incómodo haciéndolos. Comulgo totalmente con la caída del patriarcado y es algo que espero desde niño.

¿Cómo ves la situación desde tu punto de vista como artista?

-Me parece muy bien toda esta movida del feminismo. Yo veo el caso de Thelma Fardín y no puedo creer como hay gente que se pregunta por qué no denunció antes. Uno nunca sabe cómo puede reaccionar ante un abuso, es un hecho muy fuerte. A mí personalmente me tocó vivir una situación similar, cuando a los 17 años tuve una entrevista con Ante Garmaz y me citó en Recoleta. Tenía que desfilar en calzoncillos y el viejo te terminaba manoseando. Salí del lugar con un miedo terrible. En ese momento hablé con conocidos míos y me contaron que esa situación era normal y que habían pasado por lo mismo, si no decías nada, pasabas el “filtro” y aprobabas el casting. Por algún misterio de la mente humana, decidí borrar ese recuerdo, hasta que escuché hablar a Thelma y me di cuenta que lo que había vivido también fue un abuso. Hubiera estado bueno contarlo en esa época, pero directamente no había lugar para que la víctima se expresara. Me parece perfecto lo que está sucediendo con respecto a las denuncias, lo primero que tiene que salir a la luz es la verdad.

¿Tenés colegas que hayan tenido que cambiar sus guiones por esta cuestión?

-Sí, tengo colegas que se dedican a todo tipo de humor y han tenido que moderarse en cierto sentido.

¿Cómo es el día a día de un humorista? ¿Cómo se hace para salir al escenario cuando se está triste o de mal humor?

-Me ha tocado vivir situaciones de mucha carga emocional antes de dar espectáculos, pero siempre logré subir al escenario y hacer reír igual al público, que ni lo notó. Un ejemplo que recuerdo es que cuando mi compañera de vida estaba embarazada de mi hija del medio y a los seis meses de embarazo comenzó a tener contracciones. Tuvimos que ir al hospital y los médicos dijeron que debía quedar internada. Yo tenía que dar un show, pero en ese momento era lo que menos me importaba. Sin embargo, ella me dijo que todo estaba bajo control, por lo que tomé un taxi y logré llegar al Paseo La Plaza justo a tiempo. Terminé desempeñando mi labor con total normalidad. Es raro lo que le pasa a uno cuando se sube al escenario, es como si cambiara el chip y tu único objetivo es hacer reír a la gente. Creo que hacer comedia de alguna manera es terapéutico para mí. Rara vez suspendí alguna función a causa de una dolencia o malestar.

¿Cómo es dar funciones teatrales en medio de la recesión económica que está atravesando el país?

-Ser comediante durante el mandato de este Gobierno es un milagro. Hay que subsistir. Nuestro laburo está devaluado porque las personas, cuando no les alcanza el sueldo, no tienen como prioridad ir al teatro. Mismo en los casamientos o cumpleaños, que cada vez son más caros, los anfitriones llegan con lo justo para contratar artistas y se decantan por los que cobran menos, que por lo general son principiantes. Es totalmente entendible. En estos tiempos es importante que la gente se ría para pasar el mal trago. No me gusta meterme en política, jamás voté a alguien que haya gobernado, pero me preocupa tanta hipocresía por parte del oficialismo.

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