Coopram, una cooperativa de la economía popular y feminista 

La Cooperativa de Arte y Reciclado en Madera, abre las puertas de su taller para contar el proceso de producción, la organización colectiva y la militancia política. 

Ante la necesidad de laburo, una solución colectiva. Con entusiasmo para construir y paciencia para aprender, debatir y sistematizar, así trabajan en Coopram, la cooperativa con sede en el Barrio Constantini, conformada por diez recicladoras de la madera. 

En el rato del almuerzo, frenan las cierras, las agujereadoras y la cepilladora, para comentar sobre el laburo de cada día, el proceso de conformación formal como cooperativa de trabajo y la militancia feminista que incorporan y construyen en sus prácticas laborales. 

“Este proyecto nace de la experiencia que tenemos de acompañarnos entre nosotras, de haber acompañado y alojado mujeres en situaciones de violencia”, cuenta Marisa que, sentada en una mesa al fondo del taller, comparte una pizza con Gina y Analía. Por eso, afirma que buscan “construir esta cooperativa con otras prácticas”.  

“Acá no hay patrón”, explican, y como la canción de Arbolito, «la cosa parece que marcha bien». Para avanzar en una organización que les permita generar un espacio de trabajo libre de violencias, “estamos empezando a poner por escrito todo lo aprendido en estos meses”, detallan.  

Algunas de ellas producen en el taller, otras realizan tareas administrativas, y otras se dedican a la comercialización de los productos. Y en el taller “todos los días son distintos” cuentan entre risas sobre el oficio que muchas de ellas están aprendiendo. «Algunos días estás de los pelos y no te sale nada, es poner y sacar tornillos, porque no te dan las medidas», confiesan. 

Nada se pierde, todo se transforma. La producción es en madera de descarte de pino, con el que hacen, entre otras cosas, muebles de jardinería, mesas ratonas, bancos, banquetas,  areneros, invernaderos, compost, huertas de altura y escritorios. 

El excedente se vuelve a utilizar en juegos didácticos como memotecs y telares para niñes, portacelulares, portamacetas, jaboneras, casas de pajaritos, y pronto también realizarán briquetas con el aserrín (biocombustible para estufas y salamandras). La venta es a través de Instagram, Facebook y en la Eco Feria en la Reserva Cigordia los sábados por la tarde. 

Algunas veces, necesariamente, el taller termina más temprano para movilizar porque al trabajo cotidiano le suman la militancia feminista que suele encontrarlas en las calles. “Lo más importante de este proyecto, además de generar trabajo para mujeres, es aprender este hermoso oficio que es la carpintería. Sabernos capaces de construir cualquier cosa que imaginemos. ¡Aguante la autogestión!”.

Fotos: Julieta Brancatto.

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