El Banco Credicoop realizó una charla sobre “la mujer en el marco de la economía social”. Tuvo como disertante a Valeria Mutuberria Lazarini, cooperativista del Centro Cultural de la Cooperaración, quien arrojó luz sobre las tensiones entre cooperativismo, capitalismo y machismo.

En el marco del mes de la mujer, la entidad bancaria, junto a su Comisión de Asociados, fue anfitriona de la charla Género(s) y Economía Social: debates necesarios. El objetivo fue poner en tensión las contradicciones de perseguir los valores del cooperativismo, en contraposición con los conceptos contrarios que plantea el capitalismo en el que estamos insertos.

Para ello la Coordinadora del Departamento de Economía Social, Cooperativismo y Autogestión del Centro Cultural de la Cooperaración, Valeria Mutuberria Lazarini, recorrió desde diferentes aristas el rol de la mujer en la economía social, enfatizando su posición como sostén de ese sistema social y económico; y al mismo tiempo como víctima de una doble opresión de clase y género.

«Yo no soy una teórica feminista, soy una militante del cooperativismo y la economía social, y es desde ahí que me acerqué al feminismo y su militancia», comenzó aclarando Mutuberria, quien se reencontró con el feminismo a través del cooperativismo.

“El movimiento feminista viene a plantear la transformación total de la sociedad. Y quienes buscamos una economía social, solidaria y popular, trabajamos también para eso. Por esto siempre digo que el feminismo me devolvió la esperanza de que otra sociedad es posible», especificó.

Mujeres en el trabajo, algunos datos duros

Para poder enmarcar el rol de las mujeres en la economía social y comprender la desigualdad que estas tienen en el mercado de trabajo, Mutuberria compartió algunos datos oficiales que comparan la participación femenina y masculina respecto al trabajo, dejando en evidencia que las mujeres son sostén de la economía social y familiar aunque gran parte de sus tareas no sean remuneradas o se diferencien cuando las realiza un varón.

Respecto a las personas activas en el mercado de trabajo un 49% son mujeres y el 70% está representado por varones, lo que deja entrever que un significativo número de mujeres no tienen acceso a un trabajo. En ese sentido, la tasa empleo es de un 44% en el caso de las mujeres y 64% en referencia a los hombres.

El dato se replica en la desocupación, donde la mayoría de las personas que no tienen trabajo, son mujeres (11%), frente al 8% que representa a varones. Si bien la brecha no es tan grande como en otras tasas de medición, el trabajo no registrado o mal llamado “en negro” es mayor para las mujeres (37%), mientras que los hombres con empleo no formal representan un 32%.

El tipo de tareas también está discriminado según género, ya que según datos oficiales, 6 de cada 10 mujeres se dedican a tareas de servicio y no de producción, que son ocupadas mayormente por varones. Esta segregación se ve manera mucho más concreta en los puestos de dirección, que en un 72% están ocupados por varones, es decir que no hay lugar para las mujeres en la toma de decisiones.

Otro dato importante se desprende de la encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo realizada por el INDEC en 2013, donde se desprende que las mujeres dedican 6,4 horas diarias al trabajo no remunerado, mientras que los varones usan un promedio de 3,4.

En ese sentido, los varones realizan un 51,3% de tareas no remuneradas contra un 88% en el caso de las mujeres. Tareas no pagas que garantizan el sostén de la economía social. «Estas tareas que hoy no están remuneradas son socialmente necesarias para la reproducción de la sociedad, sostienen y generan la riqueza social. Por eso para la economía social y el cooperativismo, son fundamentales y centrales», reflexionó Mutuberria.

Finalmente aparece como destacado la cuestión sindical, donde no hay datos concretos sobre cuántas mujeres y hombres están sindicalizadxs, pero está a la vista que los varones son muchos más. Esto impacta directamente en el acceso al trabajo y a los derechos laborales, ante la falta de representatividad femenina en los sindicatos, y por lo tanto, en el mundo del trabajo.

«Porque estamos en un sistema capitalista que afecta directamente a las mujeres, ya que las deja afuera de la participación económica y fundamentalmente política. Esto acompañado de una baja en el presupuesto destinado a las mujeres», concretó la la Coordinadora del Departamento de Economía Social, Cooperativismo y Autogestión del Centro Cultural de la Cooperaración

Cooperativismo, capitalismo y machismo

“Ante el avance del movimiento feminista, las cooperativas empezamos a ver que tenemos muchas tensiones constitutivas” expresó Mutuberria, dando inicio a la profundidad del debate sobre las tensiones que se dan hacia adentro del movimiento cooperativista, contraponiendo sus valores y las acciones concretas que lleva adelante, atravesados por el sistema capitalista y patriarcal.

“Nacimos con valores opuestos al capitalismo, que son la igualdad, la equidad, la colectivización, la solidaridad, etc. Esto en sí se configura como un ejercicio de desnaturalización de las prácticas capitalistas, pero el gran desafío es llevarlo a la práctica, porque el mundo está pensado diferente a como lo pensamos nosotros y nosotras”.

En este sentido se refirió a que en la práctica, la desnaturalización de las prácticas capitalistas no logra darse respecto a las mujeres y que además se da por la llamada doble opresión: de clase y de género, porque “desde lo discursivo lo que planteamos desde el cooperativismo sobre la igualdad es muy lindo, pero en la práctica seguimos reproduciendo el patriarcado”, argumentó. «La violencia machista no puede ser un elemento que se reproduzca en una organización que trabaja por la equidad y la igualdad».

Lo que se pone en discusión es cuál es el lugar que ocupan las mujeres y cuál es el rol que se les asigna. Actualmente las mujeres tienen el rol de ser el sostén de la economía social y popular pero su lugar no tiene la misma importancia que su rol, ya que las mujeres no tienen asignado un lugar en la toma de decisiones y lugares de discusión, donde se define qué es y hacia dónde va esa economía social cooperativa.

«Si no estamos en los lugares de discusión y decisión ¿quién lleva a la mesa nuestras problemáticas?”, preguntó y puso sobre la mesa Valeria Mutuberria. “Esos son lugares donde se deciden los hilos fundamentales de la cooperativa, pero generalmente no hay lugar para nosotras. Por eso peleamos la paridad y el cupo de género, porque las mujeres tenemos que estar ahí, discutiendo y decidiendo. Apostamos a que se respete nuestra participación social y fundamentalmente política».

«Somos las mujeres quienes tenemos la fuerza para sostener este movimiento cooperativista, comunitario, social, popular y solidario, dando batallas en distintos frentes. Por eso las temáticas de género no pueden esperar más tiempo a ser tratadas en nuestras organizaciones cooperativas. Este es el momento, no otro», concluyó.

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