Foto: Julieta Brancatto

Pasaron siete años desde la sanción de la Ley Nacional de Identidad de Género, sin embargo, la violencia social, institucional y mediática hacia el colectivo trans, continúa. Luego del conversatorio sobre diversidad, convocado por el Centro Cultural José Artigas, algunas reflexiones colectivas para continuar elaborando la lucha de las disidencias.

“Cuando digo que soy una mujer trans y también soy lesbiana, muchas personas se me quedan mirando. Es porque no conocen la diferencia entre ser gay y ser trans, es decir, la diferencia entre la orientación sexual y la identidad de género. Yo soy trans porque cuando nací los médicos dijeron “es un varón” y se equivocaron, yo soy una mujer. Además soy Lesbiana porque me gustan las mujeres, es tan simple como eso.”

Así comienza Ángela su presentación en el Centro Cultural José Artigas. Cuenta, también, que vive en General Rodriguez, donde forma parte de la agrupación Rompearmarios, organizadores de la primera marcha del orgullo disidente en su ciudad. Angie cuenta que al principio solo militaba por las redes sociales y que el proceso para animarse a hablar en público fue largo y complicado. “pero acá estoy, hablando sobre diversidad” agrega entre risas.

“Antes algunas preguntas me dolían un montón. Ahora digo ‘pregúntame lo que quieras, si es muy bruto te voy a explicar por qué no da’. No creo que haya que retar a las personas porque no saben. La realidad es que falta información y que la mayoría de las situaciones de discriminación son por ignorancia. Otras, obviamente, son por odio.”

“Me di cuenta que era trans a los 17. Aunque en realidad fue algo que siempre supe, pero no lo quería ver. Sabía que algo pasaba, a mi me gustaba usar “ropa de mujer” pero no sabía que podía ser mujer. Fue después de la Ley de Identidad de Género que lo consideré como posibilidad. Empecé a hablarlo con amigas y a pensar que quizás no tenía que enojarme con lo que me estaba pasando. ¿Por qué tengo que pelearme con algo que es parte de mi? ahí me di cuenta que soy mujer y que lo fui toda mi vida.”

Foto: Julieta Brancatto

“Las mujeres trans sufrimos violencia social, cultural, institucional y mediática. La mayoría terminan en la calle antes de terminar la secundaria, porque las echan de sus casas. Desde esa edad somos víctimas de la trata, de crímenes de odio, de la inseguridad y de la violencia policial. Nuestro promedio de vida es de 35 años. En el hospital les dicen ‘el documento no coincide con como vos te ves’ te dan vuelta, te tratan mal para que no quieras volver. Es como si nos dijeran ‘anda a morirte a otro lado, acá no’. Otro problema son los consultorios inclusivos o “abiertos a la diversidad”, que también son una forma de exclusión. En realidad, lo que hay que hacer es que los hospitales se formen para poder atender a una persona trans y para denunciar situaciones de violencia o discriminación.

El artículo 12 de la Ley de Identidad de género explica que deberá respetarse la identidad de género adoptada por las personas que utilicen un nombre de pila distinto al consignado en su documento nacional de identidad. A su solo requerimiento, el nombre de pila adoptado deberá ser utilizado para la citación, registro, legajo, llamado y cualquier otra gestión o servicio, tanto en los ámbitos públicos como privados. Esto no se cumple en el hospital de Luján, cuenta Noelía, a quién durante mucho tiempo la trataron por el nombre masculino, que figuraba en los registros, aunque ella manifestara que su nombre era otro.

En el intercambio entre les presentes, surgen reflexiones sobre el lenguaje inclusivo y las violencias que, sin intención, se pueden reproducir a través del habla: “Muchas veces las situaciones de discriminación tienen que ver con la ansiedad de ver a una persona y querer, de inmediato, encasillarla en una categoría. Muchas veces no es necesario saber la identidad de género de la persona para tener un intercambio”.

Foto: Julieta Brancatto

“Yo digo que soy trans, para luchar por mis derechos” explica Noelia. En la discusión, aparece el tema de las etiquetas o categorías, necesarias como banderas políticas, para ordenar las luchas aun necesarias. Sin embargo, se percibe la emergencia de una generación que no está pendiente de etiquetarse. La historia atraviesa a las disidencias de diferentes formas. La Ley de Identidad de Género dio un piso de subjetividad para que las disidencias puedan visibilizarse desde la protección y la contención.

“Antes buscaba cualquier cosa para hacerme daño, para sentir dolor. Tenía muchos pensamientos de muerte. Estaba encerrada de mi pieza y casi no hablaba con nadie. Dejé de salir y de trabajar”, aporta Noelía, sobre su historia. “A partir de la participación en la Asamblea Disidente empecé a salir más, me siento acompañada, querida y empecé a estudiar en el Bachillerato Popular Carlos Fuentealba.”

“En el bachi, al principio, fue difícil, me ignoraban o discutía con muchos compañeros. La propuesta fue realizar talleres de diversidad. Fue un antes y un después. Comenzaron a hacerme preguntas desde el respeto. Muchas veces la agresión viene de la ignorancia y el medio a lo desconocido.” En este punto, se evidencia la necesidad de efectivización de La Ley de Educación Sexual Integral, que a su vez esté acompañada de proyectos institucionales con perspectiva transfeminista, para desarticular la violencia social y cultural.

“Trabajo no se consigue, de vez en cuando alguna changa, pero nada más”. A pesar de que la Ley Provincial 14783 de Cupo Laboral Trans va a cumplir cuatro años desde su sanción, el acceso al trabajo es una problemática central del colectivo. La legislación establece que el sector público de la Provincia de Buenos Aires, debe ocupar, en una proporción no inferior al 1% de la totalidad de su personal, a personas travestis, transexuales y transgénero, con el fin de promover la igualdad real de oportunidades en el empleo público. Sin embargo,no existen en la provincia, ni en Luján, voluntades políticas para que se cumpla.

“La tarea es generar redes” concluye uno de los participantes. “Después de la sanción de la ley de identidad de género y el matrimonio igualitario se percibió un amesetamiento político, pero las urgencias aún existen. Fundamentalmente la lucha por el acceso al trabajo, la salud y la educación para las mujeres trans” sin duda, los sujetos sociales más vulnerables.

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1 COMENTARIO

  1. Exelentes Nota! Exelente movida para que se siga difundiendo y visibilizando estas luchas por mas y mayores derechos para todas las personas de los diferentes colectivxs lgtb! y sexualidades disidentes

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