Es el periodismo, estúpido. La frase de Bill Clinton haciendo referencia a la economía está en la memoria de muchos. Incluso el intelectual orgánico de Cambiemos, Fernando Iglesias, la usó hace poco para un libro donde -vaya novedad- apuntó contra el peronismo. Pero entre lujanenses no nos vamos insultar, por eso el cambio del vocablo. No viene al caso, amigo vecino. Sigamos con el contrapoder y el periodismo local.

Previo a las elecciones del domingo el gobierno de Oscar Luciani ya contaba con una extraordinaria presencia de recursos económicos, o sea de la guita necesaria para hacer política, para disciplinar; agreguemos a la tropa, los empleados vía favores, los asesores a sueldo. Sumemos: los mejores cuidados en la salud si es necesario, las influencias, infinitos contactos. Tiempo, dedicación profesional permanente para pensar, convencer y gestionar hora tras hora.

Al mismo tiempo, una escuela de gobierno para los jóvenes con linaje, los que portan apellidos que se anclan en el municipio hace años. El refuerzo de los espacios de formación, como también posibilidad de ocio cuando el stress impera. En suma, el completo manejo de los resortes del estado municipal, con mamá Vidal y papá Mauricio.

Y desde el domingo consiguió más banca política a través del voto popular. Los votantes le dieron más rienda al lucianismo en uno de los tres poderes que conforman nuestro sistema político y en donde se debe controlar al Ejecutivo.

Los demás lujanenses, como ciudadanos que lo votaron o no, apenas si podrán leer algunos portales de información, a gatas seguirán leyendo este texto después de su extenuante jornada de trabajo.

Digo, poco podrán hacer para enterarse, vigilar de reojo, lo que hace con la tamaña torta de plata que manejan. Por ejemplo los 979 millones del presupuesto municipal, los 378 millones en obras para la ciudad, los fondos educativos, la tarasca en seguridad. Menos sabrán del modo de incorporar, premiar o castigar a los 1800 empleados municipales o los cientos de contratados. De los arreglos, manejos y arbitrariedades en los organismos estatales, provinciales y nacionales, que funcionan en Luján.

Sin embargo, se supone que para esa vigilancia están los concejales del Honorable Concejo Deliberante.

O la prensa, los periodistas. Quienes guiados por la máxima de que “periodismo es todo aquello que el poder no quiere que sea publicado” oficiarán de contrapoder. Salvo que solo sea una linda frase que se borra de los mandamientos cuando el periodista decide escribir para el poder, o dejar de escribir críticamente, a cambio de un salario. Ya se volverá sobre este punto.

Y desde el domingo consiguió más banca política a través del voto popular. Los votantes le dieron más rienda al lucianismo.

En continuado, las elecciones del domingo ratificaron el sentir del pueblo de Luján. No quiere demasiados peronistas en las bancas, prefiere aquellos que estén alineados con el gobierno nacional y provincial. Casi la mitad de la población de nuestra ciudad acepta lo que viene haciendo Luciani y bancó a los Cambiemos versión Luján, sean quienes sean.

Cinco concejales de la fuerza amarilla (o multicolor) se sentarán en las bancas a partir de diciembre y harán un scrum bastante polenta de 10 ediles que le da mayoría automática a la hora de definir temas pesados. Todo el poder a los soviets ejecutivos de camisa celeste. Un flash, ¿no?

Durante los últimos dos años que pasaron de gobierno lucianista la dinámica deliberativa no pudo poner contra las cuerdas al oficialismo de modo serio y vinculante, más allá de las jornadas de pedido de justicia que se sucedieron por cuestiones hospitalarias, con muertes incluidas que quedaron en nada.

Ahora con mitad de los ediles alineados con el Intendente (salvando algunos desacatados que anhelen generar alguna tormenta de baja intensidad para posicionarse) los controles a la gestión de mínima bajarán en fluidez, de máxima desaparecerán por manejos obvios.

Hay un periodismo que vive, un periodismo que habla

¿Y qué le toca al heterogéneo mundo periodístico de Luján ante tamaña máquina de poder? Hablar, preguntar, escribir, decir. Pero también sobrevivir. Con una paradoja: hay que criticar al poderoso que casi todos votaron y que maneja todo lo mencionado más arriba.

Periodismo mal comido, precarizado, presionado, señalado. Marcado con una cruz cuanto más crítico sea. Atado a un sistema no democrático de pauta oficial, a una cerrazón de información pública, al silencio de los funcionarios… así y todo debe disputar sentido. Tamaña batalla desigual tendrá que erigirse sobre la fuerza moral, como expresa García Linera.

El tablero mediático local hace meses se rearma, no sin hipocresía. Los vecinos de Luján desconocen el estado actual de vaciamiento informativo, que se maquilla con algunas gacetillas. El copy paste se apodera del flujo de noticias y el sentido informativo blinda a todo el gobierno municipal.

Solo en este contexto se explica que existan casos tan graves y extraños como poco conocidos. Una radio municipal en ruinas, incumpliendo la ley y sin programación ni director y una minoría de audiencia atrapada por aquellos que hacen periodismo de alcoba mezclado con data fina y escandalosamente real.

Periodismo mal comido, precarizado, presionado, señalado. Marcado con una cruz cuanto más crítico sea.

Cerrando el panorama, está la integración de periodistas con relaciones de poder a la planta municipal. Los mismos que en los 90 realizaban fortísimos señalamientos a los trabajadores de prensa que se convertían en funcionarios, ahora arribaron al gobierno y de tanta cercanía con el poder, parece que se generó la absorción.

Un devenir propio del periodismo en los tiempos que corren, ante una relación donde se impuso el más fuerte, comiéndose a un actor importante que fue crítico tiempo atrás. Otro gol del gobierno.

Los constantes informes sobre corrupción en obras públicas, licitaciones, contrataciones. Las páginas sobre el escandaloso método de empleo municipal y el ensañamiento con los funcionarios. Todo lo referido al control de gestión durante todos los gobiernos previos al de Luciani no parece tener cauce en estos tiempos, salvo honrosas excepciones. Quien suponga que ya no se escribe sobre esto porque no sucede, evidentemente ha decidido acomodarse a los escenarios actuales, donde lo mejor es mirar para otro lado.

Habrá que comentarle a los más jóvenes que en los 90 el poder alternó en Luján con dos gobiernos: primero el salaberrismo de la Unión Vecinal, después el princismo del PJ. Durante aquellos años, la prensa con más llegada y con espalda, fue duramente opositora, funcionó como contrapoder del modo que pudo.

No hace falta ser adivino para entender las rencillas entre radicales y salaberristas, que tomaban alto voltaje por la pluma de un periodista radical, respetable desde ya, y victorioso hace algunas horas.

Luego, en la segunda mitad de los años noventa, durante el gobierno de Prince, el periodismo más influyente mantuvo su mandamiento profesional y de evidente oposición: investigar, criticar, preguntar y repreguntar al poder.

Hoy todo eso escasea visiblemente.

Bla bla bla

“La gente no quiere bla bla bla”, dijo el Intendente. Sin dudas, la ciudadanía necesita información, medios fuertes que sean parte del sistema democrático y no meros reproductores de los mensajes que se redactan desde una oficina de prensa.

A partir de la victoria del domingo, el poderoso está más grande. Probada está su capacidad de daño para con los periodistas que insinúan, critican o repreguntan. Confirmada la negación y el silencio que emiten los funcionarios ante la requisitorias de colegas respetables de medios centenarios.

Todo lo referido al control de gestión durante todos los gobiernos previos al de Luciani no parece tener cauce en estos tiempos, salvo honrosas excepciones.

El modelo regresivo que planifica con precisión quirúrgica el gobierno de Cambiemos a nivel nacional tendrá su replica local, por más que muchos chillen en contra del gobierno nacional y callen en la municipalidad. ¿Quizá piensan que los recortes no se darán en nuestra patria chica?

En fin, para ese momento el periodismo deberá decidir de qué lado está.

Mientras tanto, si algún curioso periodista, historiador o vecino viene a repasar estas páginas, sabrá de qué lado estamos.

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