Construir desde la música: “Todos podemos tener gustos diferentes, lo principal es el respeto”

La banda local El Almohadón de la Bata busca mostrar su arte. Bautista, Axel, Nicolás, Libertad y Leandro cuentan su experiencia y reflexionan sobre la importancia de hacer lo que les gusta, en una nueva entrega de La Juventud Está Perdida, el suplemento de Ladran Sancho.

Se encienden las luces de la sala “La Esquina”, en el barrio San Bernardo, donde en unos minutos comienza un nuevo ensayo de “El Almohadón de la Bata”.

Los amplificadores se prenden, las violas salen de sus fundas y la batería se va armando. Los palillos de la bata marcan el compás y la melodía copa el lugar, en un ambiente de mucho entusiasmo.

El Almohadón de la Bata es una banda de rock, compuesta por cinco jóvenes lujanenses, que nació en el 2020 en La Casa de la Juventud. El espacio es una dependencia municipal, que depende de la subdirección de juventudes, donde se dictan talleres culturales, cursos, apoyo escolar, orientados específicamente a niños, niñas y adolescentes, de manera gratuita, además de ser un lugar de contención, de encuentro, de participación para pibes y pibas de los barrios de Luján.

Comenzaron haciendo música instrumental, pero pasaron por diferentes estilos: rock pesado, punk, hasta llegar a sus versiones de un cancionero extenso del rock nacional.

Con el correr del tiempo fueron mutando. Algunos integrantes se mantienen desde el inicio, mientras que otros se fueron sumando en el camino. Uno de ellos es Nicolás Malvano de 19 años, que le pone voz a la banda y además toca la guitarra. Cuando era más chico descubrió una vieja guitarra en la casa de su abuelo que estaba muy deteriorada, la mandó a un luthier a restaurar y ahí empezó a tocar, guiado por videos de YouTube. Estudia Sistemas de Información en la UNLu y sostiene que la banda es “un espacio de disfrute”.

Axel Sánchez tiene 24 años, toca la guitarra, compone, trabaja en una panadería y es quien trae las ideas a la sala de ensayos. Leandro Marquese tiene 18 años, hace coros, toca el bajo y la guitarra. A los tres años ya estaba en una batucada, pero además toca el piano y su instrumento favorito es el saxo.

Libertad Matturano tiene 15 años y toca la batería desde hace cuatro. Empezó por curiosidad. Luego de ver videos de bateristas por internet compró el instrumento que tenía su primo y desde ahí no paró. Está cursando el secundario en la Escuela Media N°1 y tiene planes de comenzar a estudiar música en la escuela de arte.

Bautista Aparicio tiene 18 años, toca la guitarra y va por su segundo año de estudio en el profesorado de música en la Escuela de Arte “Pipo” Ferrari. Es uno de los más inquietos en salir a buscar lugares para tocar y mostrarse al público.

Algo les une como banda: son autodidactas y comenzaron a tocar durante la pandemia. Otro de los rasgos que tienen en común, es que coinciden bastante en sus gustos musicales: “Escucho mucho rock nacional, pero también internacional, Los Smiths, Los Beatles, Led Zeppelin”, comenta Libertad, mientras sus compañeros asienten con la cabeza.

―¿Qué mirada tienen sobre las nuevas generaciones?

―Axel Sánchez: Esta nueva generación es muy dependiente del celular. Me parece muy grave que nenes muy chiquitos ya tengan que lidiar con la ansiedad de no tenerlo encima. Se ha perdido ese compartir, el poder charlar en la mesa con la familia. Está re asentado el tema de las redes sociales y muchas veces pasa a ser algo peligroso. Me pasó que un día se cortó la luz en mi casa y no teníamos Wifi y volví a compartir otras cosas con mi familia, se contaron historias, hicimos juegos, nos cagamos de risa. Fui muy feliz ese día. Con la tecnología avanzamos en muchos sentidos como sociedad, pero perdimos un montón de todas estas cosas, que también son muy importantes.

―¿Y sobre la sociedad?

―Nicolás Malvano: A la sociedad la noto muy conflictiva. Hay mucha ira, mucho enojo. Pienso en el mundial, que fue algo que nos unió a todos, en donde no había problemas, era todo felicidad y me pregunto, ¿por qué no podemos ser siempre así? A mí me gustaría que todos nos podamos llevar un poco mejor, que haya un poco más de respeto. También lo noté el año pasado, con las elecciones. No hablamos mucho de política en mi casa y yo tampoco entiendo mucho, pero se que es fundamental y es muy hermosa si se usa bien. Yo, en mi caso, siempre le tuve miedo a la política, porque siento que puede ocasionar conflicto y yo no me quiero pelear con nadie. Vi a muchas personas pelearse por política y ahí es donde digo que hay mucha violencia, porque se pueden plantear ideas desde otro lado, con respeto, escuchando a los demás y aceptando que no todos pensamos igual.

Así como en el camino fueron pasando diferentes integrantes y mutando de estilos, el nombre también sufrió varias modificaciones. “No teníamos nombre, éramos la banda de La Casa de la Juventud. Por eso empezamos a buscarlo, queríamos tener una identidad propia. En un momento nos llamamos “Cólicos de Oveja Negra”, pero después el nombre durmió. Un día llegamos y nos dio gracia el almohadón que estaba en la silla de la batería. Era un almohadón medio raro, pero que lo necesitábamos para que Liber pueda llegar. De ahí quedó “El Almohadón de la bata, el nombre nos gustó”.

De diferentes barrios de Luján, El Trébol, Sarmiento, El Quinto, ninguno se conocía previamente y todos confluyeron en La Casa de la Juventud. El profesor Augusto Tierno fue también un especie de Cupido para ensamblar a estos pibes, que los une el amor por la música.

“Yo trabajo en la escuela secundaria y cuando veo a chicos con inquietudes musicales, los invito a venir. Principalmente este grupo es muy unido, tienen mucha química y una onda especial. Siempre disfrutan de lo que hacen, lo hacen genuinamente, con naturalidad, les gusta mucho la música y compartirla. No tienen conflicto, la verdad es que es un grupo bárbaro”, comenta “Chuno”, como lo llaman sus estudiantes al profesor Augusto Tierno, que junto a Julián Tierno trabajan con la banda.

―Hay veces en que las personas no hacen lo que les gusta por miedo o vergüenza al qué dirán. ¿Les pasó?

―Leandro Marquese: Hay muchas personas que están más preocupadas en el qué dirán, que en vivir sus vidas. Como que cada paso que dan piensan en lo que van a decir las personas. Yo no estoy en esa, como que si me quieren decir algo los escucho y ya, no me afecta. Cada uno tiene que hacer lo que le gusta y también tiene que haber respeto de los demás, que sepan entender que no todos somos iguales y que todos podemos tener gustos diferentes. A nosotros la música nos encanta y tocamos porque es lo que amamos hacer, la verdad que lo que me digan los demás, no me importa mucho. A esas personas que juzgan, tienen que saber que hay personas a las que las cosas le afectan de diferente manera y pueden generar daño. Si sos feliz, tenés que hacerlo y ya.

―¿Qué significan para ustedes espacios como La Casa de la Juventud?

―El Almohadón de la Bata: Deberían existir más espacios como el de La Casa de la Juventud. A nosotros no solamente nos dieron un lugar para hacer lo que nos gusta, sino que tenemos libertad. Nos prestan los instrumentos para que si alguien no tiene, no se quede sin aprender. Las puertas de estos espacios están abiertas para cualquier clase social, no hay restricciones. Es un espacio de contención y disfrutamos muchísimo de ir. Por ejemplo, un ex miembro de la banda iba a la casa, tenía problemas de consumo y en ese lugar se sentía contenido, hacía lo que le gustaba y se olvidaba de todos los problemas que tenía en su casa. Lo vemos como un espacio de compartir, de distracción y de enseñanza.

“Chuno”, de extensa trayectoria en la docencia y en espacios como este, también resalta la importancia y los reivindica: “Espacios como este son muy importantes, más en esta situación económica, sociocultural, una pandemia y todos los conflictos que hay hoy en la sociedad. Para un adolescente tener esta oportunidad, muchas veces no se da cuenta de la magnitud de lo que se trata, pero ayuda muchísimo. Por eso en La Casa tenemos un gran equipo de profesionales, que trabajan para brindarles lo mejor”.

El compartir tanto tiempo los unió mucho y proyectan poder crecer como banda para presentarse en más escenarios: “Nos gustaría empezar a tocar más en eventos. El festival de Música en la Plaza sería un sueño para nosotros o movidas como la Fiesta de la Cerveza, que se hizo en el Parque Ameghino. El evento más grande que fuimos fue a la fiesta por el día de la primavera y fue increíble, con prueba de sonido, una locura”.

El ensayo se extiende por algunas horas más, para seguir ajustando detalles de cara a un año donde esperan tener más presentaciones. Con un instrumento, en una sala de ensayo o en un escenario, haciendo música y compartiendo entre amigos, fluyen y se sienten felices. El Almohadón de la Bata es un proyecto que busca seguir escalando en la cultura local.

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