De Queruza Tango Club regresó a Luján luego de 75 días de gira por el viejo continente. En un viaje autogestionado y abriéndose camino con sus tangos llevaron la cultura argentina por Europa.

“Las expectativas fueron cumplidas y superadas. Cuando recién llegamos a Barcelona los shows eran muy tranquilos. Estuvo bueno ir de menor a mayor”. Los De Queruza realizaron 31 conciertos y recorrieron 17 ciudades en suelo europeo llevando su música y compartiendo su pasión.

Los músicos de nuestra ciudad y de los alrededores emprendieron viaje a una gira hecha a pulmón que llevó meses para ser planificada y organizada, con el fin encontrar espacios diversos y reafirmar el proyecto musical que navega sobre las resignificaciones del tango como género.

El 11 de junio partieron rumbo a España, el primer país al que arribaron. Barcelona los recibió con los brazos abiertos y mucho calor para realizar las primeras dos tocadas. Su repertorio está compuesto de tangos propios y de solo tres temas que Gardel popularizó.

Ezequiel Dieta en voz, Eduardo Fonseca y Julián López en guitarras, Emmanuel Vázquez Pirsch en guitarrón y Fernando Vieyra en bandoneón compartieron “¿Bien, o qué?”, el reciente disco del grupo que tuvo gran aceptación entre su público. El camino europeo recorrió festivales, calles, bares, teatros, milongas, auditorios y centros culturales, con fechas propias, compartiendo escenario y combinando con clases de tango.

Luego del paso por Madrid con una actividad cultural en una plaza y un bar literario siguieron rumbo a Victoria-Gasteiz en el País Vasco. En Errekaleor, un barrio okupa se encontraron con dos lujanenses y se hospedaron en un espacio similar a una sociedad de fomento. “Tocamos en un bar de la ciudad y nos despedimos tocando en lo que era la iglesia que se transformó. Ahora es un bar donde hacen actividades, un centro joven”.

El sábado 7 de julio De Queruza llegó a Francia. En Bordeaux realizaron su show en Les vivres de l’Art, una asociación artística que reúne eventos multidisciplinarios y exposiciones perteneciente a la Unesco. Allí participaron de la milonga con música en vivo, y en la previa asistieron a una clase de tango.

A 70 kilómetros Arcachón los esperaba, una ciudad sobre la costa, donde compartieron su música en la vereda de un bar, entre comensales y personas que iban a la playa. “Nos trataron muy bien, tuvimos algunos días de playa. Después de Arcachón tocamos en un pueblo cerca en una glorieta que estaba en una peatonal cerca del mar, la gente frenaba y miraba”.

Tocada en Trieste, ciudad de Italia.

El camino continuó por Toulouse. “Ahí nos encontramos con Martina Pintos, una argentina, que vive allá. Ella toca el violín. Le pasamos las partes de nuestros temas y se acopló a cantar con nosotros. Sumó un montón, no nos conocíamos personalmente y pegó onda con todos, era una más a la par nuestro”.

Luego los Queruza partieron rumbo a París. El escenario elegido fue el del Teatro de Verre, que hace muchos años funciona en manos de uruguayos y ahora está instalado en una antigua escuela militar.

En la ciudad de la luz acompañaron en concierto a Verónika Silva, cantante de Gotan Project. “Después conocimos unas amigas que nos hospedaron y nos consiguieron una fecha en un café que nos enteramos que iban un montón de tangueros a tocar ahí como Niní Flores o Jaime Torres. Es bien recibida la cultura argentina ahí”.

“Cuando uno va viajando y viviendo pasan cosas inexplicables. Un día nos invitaron a los cinco al Disney de París después de una tocada. Estábamos buscando donde parar y había una señora que se moría de ganas de hospedarnos y no tenía lugar, y nos dice ‘no los puedo hospedar pero los puedo invitar a Disney’. Y bueno así fue que terminamos pasando el día del amigo en Disney”, contó Julián.

De París migraron a Holanda. En Bolduque, un pueblo a una hora de distancia de la capital, los recibió Evelyne Montens, cantante holandesa que vivió en Argentina y este año asistió a la peña de tango, ciclo que durante varias semanas los tangueros locales realizaron en La Cueva del Oso. “Ella organizó un concierto en el living de su casa. Vive en una escuela tomada. Es muy común encontrar espacios así gracias a leyes que permitían recuperar lugares públicos abandonados”.

Eduardo comparte algunas de las dudas al comenzar la gira. “Somos un grupo de tango pero que no hace los clásicos, no hacemos nada que esté dentro de los cánones normales. Está bueno porque es una propuesta novedosa. Aunque íbamos con ese miedo de que nos tirasen con los peluquines de los viejos”.

Pero resultó ser todo lo contrario. “A los bailarines les preguntábamos después y decían que estaba mucho mejor bailar un tango que nunca habían escuchado porque te da esa libertad de bailar sin pensar que es lo que viene. Esas devoluciones nos dan fuerzas para seguir laburando”.

Ya en Berlín brindaron tres conciertos: en La Milonga Popular, en Café Tasso, propiedad de un argentino, y en Café Mía y Leo. Allí encontraron a la lujanense, Camila Arriva e hicieron presentaciones en conjunto. “Alemania es difícil, no entendes nada. Estuvimos cinco días, pero era estresante no poder comunicarte con la gente. Con la música super bien, siempre las músicas y los músicos argentinos parece que somos bien recibidos en todos lados”.

Algunas de las fechas que brindaron en Bordeaux, Arcachon y París las gestionó Josefina, una residente argentina que vive en Francia, y que localizaron vía Facebook.

Julián refuerza la idea sobre el excelente trato que recibieron. “En todos los lugares que fuimos recibimos mucho respeto y aprecio. La gente tiene mucho conocimiento de la música de acá. Hay mucha movida y festivales vinculados al tango. Encontramos bailarines y milongas de argentinos que se juntan a tocar porque podes vivir de la música sin problemas”.

Europa cultiva cultura argentina. Milongas, clases con o sin orquesta que abren puertas a que la gente no solo baile sino también esté pendiente de las propuestas que rodean al tango argentino. “Está mucho más abierto al tango en zapatillas. Y a que no sea necesario que en todas las milongas los tipos estén super vestidos. Y también es común ver bailar a parejas de hombres y de mujeres”.

De Berlín pasaron al norte de Italia. Allí participaron en dos festivales. Llevaron su música a un teatro en la zona de Friuli realizando un total de cinco fechas en seis días. Luego le siguieron dos conciertos en Suiza; en Berna y en Bienne. Continuaron por España en Palma de Mallorca, en una parrilla de argentinos y finalmente regresaron a Barcelona para una tocada más en la Fiesta de Gracia, importante celebración popular que se realiza en diferentes barrios.

“El resultado es super enriquecedor, nos dimos cuenta que se puede hacer autogestionados como lo hicimos, que mucha gente cuando lo contamos se sorprendía”. De 31 presentaciones, 22 de ellas fueron armadas previamente al inicio de la gira, y las 9 restantes a medida que el viaje avanzaba.

Mediante un acuerdo por un monto fijo, por el cobro de la entrada, o a la gorra y por el hospedaje los tangueros compartieron su música en los 75 días que duró la gira. El éxito de la extensa estadía es reflejado en la venta de discos. De Queruza llevó 400 ejemplares de su última producción y vendió más de 300.

Teatro de la ciudad de Orsaria, al norte de Italia.

Un viaje de horas en un barco rodeado de pasajeros descompuestos, la visita a una playa nudista, ayudar en una mudanza, ver campeón mundial a la selección local en Francia, probar comidas típicas de los diferentes países, vivir un cumpleaños celebrado en holandés, y otro bajo una lluvia de estrellas fugaces en los Alpes suizos; son solo algunas de las vivencias que los Queruza acumularon y que seguramente relatarán más de una vez.

Tras la vuelta a la patria, Ezequiel Dieta se desvincula del proyecto abriendo así una nueva etapa para el grupo que los encuentra firmes y motivados por lo vivido. Ya están planificando un concierto que reunirá a diversos cantantes de la ciudad y alrededores que interpretarán los temas de “¿Bien o que?” celebrando la vuelta de De Queruza Tango Club a Luján después de tantos meses de ausencia.

De un lado quedaron las experiencias personales. “Esta aventura te hace descubrirte. Crecer en el sentido de los valores. Viajás y salís de la comodidad de tu casa. Desde ahí no te das cuenta lo bueno de viajar. Y cuando salís por un tiempo valorás las pequeñas cosas. Tomábamos mate, y eso nos hacía sentir que estábamos de nuevo acá”.

Y del otro el aprendizaje colectivo y artístico. “En lo musical corroboramos algo que no sabíamos y que fuimos a buscar. Queríamos saber si lo que estábamos haciendo era una mierda o no. Pasar casi tres meses tocando tango sin tener un familiar que te diga ‘qué bueno que estuvo’ y en cambio recibir la crítica real, cruda y directa de gente que no te conoce y que si no les gustó lo que hacés se levanta y se va o sigue de largo y no te compra el disco; volvimos conformes porque nada de eso último nos pasó”.

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