mayo 28, 2024
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Luján

¿Cómo seguimos hacia octubre?

Unión por la Patria perdió a la mitad de su electorado desde 2019 y Milei, por tres puntos de ventaja, se convirtió en el ganador pero, ¿está todo dicho? El trabajo en el territorio y el debate público se reconfigura para octubre. Datos y algunos aportes para volver a empezar.

Si se hace zoom al mapa que el domingo pasado quedó teñido de violeta, otras gamas de colores aparecen. Especialmente, en la provincia de Buenos Aires a los intendentes peronistas no les fue tan mal y por encima de Kicillof y Massa algunos lograron resultados por encima del 40 o incluso del 50% como en Luján, donde Boto logró una marca inédita y se convirtió, con el 54% en más votado desde la recuperación de la democracia.

De ahí, que en el esquema de Unión por la Patria esperan levantar entre 3 y 6 puntos para octubre solamente en el Gran Buenos Aires (además de algunas provinciales focalizadas como Tucumán y Salta). La operación será vertiginosa e implicará un cambio de narrativa con un mensaje dirigido a las mayorías más afectadas por la crisis, un paquete de medidas económicas que tiendan a reducir la percepción de una devaluación que inmediatamente pegó en los precios y que impactará en las mediciones de la inflación que se conocerá a principios de septiembre y de octubre, poco antes de la elección general.

El movimiento para revertir un resultado desolador buscará influir en las lógicas locales que no en pocos casos le fue esquiva a la pertenencia nacional e incluso con marcas propias buscaron el acompañamiento de comunidades desacopladas de la realidad nacional. Por caso, el pago chico se habló más de ir hacia “adelante” que de estar unidos por la patria.

El nuevo acuerdo político tendrá un artículo innegociable de cara a octubre: repartir la boleta completa para empezar. “Si se la seguimos pasando a los de violeta vamos a perder”, diría el Doctor Bilardo. Para seguir, reconstruir un mensaje que incorpore y jerarquice la administración de un Estado nacional también será una tarea territorial. Al menos, una resistencia explicita al modelo de depredación social propuesto por Milei y Bullrich que ya comenzaron a moderar el mensaje y actualizar las coordenadas para encontrarse en un eventual balotaje.

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Que Milei logró representar el desencantamiento de buena parte de la sociedad a esta altura es una verdad de perogrullo. Otra, con menos prensa pasa por los acuerdos del sistema político que creyó que el libertario era funcional y podía ser manejable, con más o menos minutos de aire, acuerdos de fiscalización y hasta candidatos tanto peronistas como cambiemitas en sus listas. Desandar esos acuerdos será prioritario para impedir que Avanza Libertad se consolide e incluso crezca para octubre.

Cambio de narrativa y medidas para contener los efectos de la devaluación: ¿Alcanza?

La remontada será difícil. La mitad del electorado se fugó de Unión por la Patria entre 2019 y este domingo y relegó al oficialismo al tercer puesto. Aun así, la diferencia entre violetas, amarillos y celestes es de tres puntos.

Por mucho que lo pida la dirigencia peronista, sindical o de organizaciones sociales, y aunque ensaye nuevas narrativas, es difícil pensar que el mensaje llegará a quienes se ausentaron o decidieron optar por opciones opositoras.

Es más fácil imaginar que, otras vocerías, relativamente novedosas, pueden aportar en la intentona, ya no de una remontada electoral, sino de un cambio en el eje de rotación del debate público instalado para reiniciar el proceso eleccionario. Lali Espósito, Trueno o Ca7riel dieron los primeros pasos sin esperar convocatoria oficial y consuelan a quienes buscan, desesperadamente, un reservorio moral desde donde (re)comenzar a dialogar.

Para entrar al balotaje no es necesario dar vuelta la elección, sino achicar esos márgenes. Claro está, que una cosa son las alquimias matemáticas que copan el análisis de elecciones y otra más compleja es la política, en tanto herramienta de toma de decisiones, capacidad de transformación y representación de sujetos políticos que en este tiempo aparecemos cada vez más fragmentados y dolidos.

El desafío para que la ultraderecha no alcance la presidencia vuelve a ser un clásico: escuchar, entender y convencer. Sin reproches, ni enojos que puedan empujar a un votante dudoso (y seguramente enojado) a reafirmar una pertenencia que bien podría ser temporal, como si se tratara de una moda violeta, que en todo caso habrá que conmensurar luego de octubre (o noviembre).

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Esta semana Magdalena Chirom en Revista Oleada advirtió que la campaña del miedo podría resultar en la consolidación de un proceso político. La hipótesis se alimenta de focus group realizados en Gran Buenos Aires con votantes de Milei donde registraron que además de bronca, hay entre ellos y ellas, esperanza. En el mismo sentido, Álvaro García Linera sostuvo que “la gente no es masoquista” y que “siempre tiene razones” detrás de su voto.

Sabremos si el resultado de los esfuerzos para evitar un gobierno de ultraderecha dan o no resultados. Lo que es seguro a esta altura es que esta encrucijada que se resume en la elección del mal menor tiene mucho más que ver con la una conducción alejada de su militancia y con decisiones palaciegas, que con la necesidad de reconstruir un proyecto y un horizonte que abrace y convoque a caminar. Revertir el desánimo y recuperar protagonismo, los primeros pasos para desandar el camino.

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