Eugenio Raul Zaffaroni disertó en Luján ante la atenta escucha de vecinos, militantes y dirigentes políticos. En una hora repasó los problemas estructurales de Argentina en clave coyuntural: deuda, tardocolonialismo, deficiencias institucionales y un final esperanzador. A continuación, más de sus palabras que de las nuestras.

El ex ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni acomodó su micrófono pasada casi las ocho de la noche y en casi sesenta minutos de conversación entregó algunas de sus ideas centrales en el análisis del presente judicial, económico e institucional del país. El prestigioso jurista llegó fiel a su estilo y estirpe, sin un rasgo de grandes pretensiones estéticas o de estatus. Saludos, fotos y al escenario, a pocas horas de llegar de México.

Como lo resume un perfil de la revista Anfibia, Zaffaroni fue abogado a los 22 años, doctorado a los 24, juez de cámara a los 29, procurador general de la provincia de San Luis a los 33, juez nacional a los 35, ministro de la Corte Suprema a los 63 y titular de la Comisión de Reforma del Código penal a los 72. Como si fuera poco, desde 2016 se desempeña como miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Panorama tardocolonial

Desde un escenario propio para cantar un tango, Zaffaroni describió inicialmente el momento, que es de “resistencia como otras etapas de resistencia que hemos tenido en a lo largo de nuestra historia. Una regresión mundial en términos de derechos humanos que tiene su reflejo en la región y creo que no vamos a entender lo que nos está pasando ni la dimensión de la importancia que tiene la resistencia si no nos ubicamos en nuestra patria  colocada en el marco regional y mundial. Además hay un gravísimo problema económico y una transformación de poder en el planeta en las úlitmas decadas cuyas consecuencias estamos viendo en este momento”.

Luego de remorar a Perón y su tercera posición ante la amenaza de dos totalitarismos, Zaffaroni desarrolló: “A fines de siglo pasado ya no era necesario mostrar la cara amable del capitalismo, ni el estado de bienestar, ni la sociedad de consumo. Entonces el otro totalitarismo parcialmente en potencia se larga en acto. Este fenómeno es algo que tiene lugar a través de un cambio que tiene el propio capitalismo en los años 70 y 80 del año pasado. Cuando el aparato financiero avanza hasta comerse al productivo, lo somete y hoy tenemos una hegemonía mundial de corporaciones trasnacionales. Es decir los países del hemisferio norte son países pos soberanos, poco importan lo que los pueblos decidan porque todos los gobernantes, los que desfilaron acá, etc, son rehenes de corporaciones financieras manejadas por tecnócratas que se llaman CEOS, que no son los dueños del dinero. Ellos tienen el mandato de conseguir la mayor ganancia y si no lo consiguen lo sacan rápidamente”.

¿Y qué son las corporaciones trasnacionales?, se preguntó a modo de reflexión. “Son montones de dinero y qué es el dinero, son papeles. Pero ni siquiera existen el número de papeles que existen: si fuéramos todos al banco a buscar nuestra plata quebrarían todos los bancos, de modo que son números. Esto que parece tan virtual es el poder que hay en el mundo, la nueva aristocracia planetaria que hace que el 1% de la clase humana concentre la riqueza que más o menos usa el 57 más pobre para sobrevivir o morirse con paciencia”.

Foto: Julieta Brancatto. Cuidado, prestar atención, pensar estrategias, luchar. Imperativos del ex ministro.

De cara a la región latinoamericana y a nuestro país, explicó que “el derecho al desarrollo fue nuestro primer derecho histórico y prioritario hasta el día de hoy por lo tanto lo que para el centro es tercera generación para nosotros es primera porque si no hay independencia, si no hay soberanía no puede haber desarrollo. La primera condición del desarrollo es la independencia”. ¿Con esto se subestima el derecho a la vida? “No no lo estoy subestimando, el subdesarrollo nuestro nos está costando muchas vidas humanas. Por riesgo laboral, por salud, por violencia, por los caminos que tenemos… si sumamos todo eso, cuidado que nos estamos echando un Hiroshima y Nagasaki por año y lo superamos”.

Y de allí a la idea de las luchas. “Nuestra lucha es una lucha que tiene cinco siglos”, describió y pasó por las etapas de corte originario-neocolonialismo-oligarquía-populismos-  una segunda fase de neocolonialismo que terminó con Malvinas y adviene una última etapa de tardocolonialismo. “Si le sacamos la careta ideológica con la que se autodenominan neoliberal, en realidad es un totalitarismo financiero y nos coloniza a través de la deuda. Y acá hemos pasado a un régimen colonialista y el señor Macri es un Virrey, y se parece más a Sobremonte”.

Instituciones, Justicia y política

Cómo llegamos a esto, se volvió a preguntar Zaffaroni. “Más allá de errores, no nos dimos cuenta de una nueva táctica al serivico de la estrategia colonialista, no nos dimos cuenta de ensayar una nueva táctica” se retó.

Y, tras otro repaso histórico comparó: “Esto salió gratis ¿cómo? Compañeras, compañeros esto salió gratis por nuestros defectos constitucionales. No podemos seguir con una constitución que a un sujeto que gana la presidencia de la república con un 1% de diferencia de los votos -por si y ante si, sin el congreso, sin el control judicial-  pueda entregar el país a la deuda como lo ha hecho quien encabeza este régimen en poco más de tres años. Solo eso  no está mostrando que tenemos un defecto institucional básico, estamos indefensos institucionalmente frente al mundo que vivimos y al totalitario financiero que está asolando. Es el momento de pensar en serio nuestras instituciones”.

El ex ministro criticó al paso el rol mediático, las realidades creadas por los medios y sentenció: “Es incompatible un monopolio de medios con una democracia plural, necesitamos una constitución que prohíba el monopolio de medios, secundariamente. Luego, retomó puntualmente en la Justicia: “Tenemos una estructura judicial absurda. Los invito a leer las constituciones del mundo, las de América Latina, por lo menos tienen coherencia. Tenemos códigos únicos con 25 posibles interpretaciones diferentes”.

Foto: Julieta Brancatto. Aplausos: Zaffaroni dio una clase sobre institucionalismo, política y economía.

¿Qué significa que una ley es inconstitucional, saben?, volvió a preguntarse. “Que no se aplica en ese caso que se planteó la inconstitucionalidad, nada más. La ley sigue vigente, cada juez hace lo que se le da la gana. Y tendremos que llegar de nuevo a la corte si es que no cambió la conformación: ese es el control de constitucionalidad que tenemos”. Zaffaroni detalló las cifras anuales de los fallos judiciales del máximo tribunal y conto que son “15.000 firmas por año, en 5 personas, significa que la Corte emite una una decisión cada 15 minutos sin dormir. Es una ficción: y no termina ahí, es mucho más grave. No hay nadie que hoy conozca todo el derecho pero daría la impresión de que cuando alguien llega a ser ministro de la corte baja el espíritu santo y tiene la ciencia infusa de todo el derecho. Me he pasado 11 años firmando cosas que no tengo idea”, soltó y en la confesión el silencio pareció más profundo todavía.

Llegando al centro de la coyuntura espetó sobre la necesidad “de una reforma Judicial en serio y tenemos por delante una tarea muy importante: nuestro pueblo no cree mucho en el derecho y tienen toda la razón del mundo para no creer. Se trata de fortalecer la constitucionalidad en serio porque es Es la táctica por donde penetra el tardocolonialismo. Ojo con esto, cuidado. Estamos asistiendo no sólo a una agresión política y una persecución política. Están afectando nuestro capital nacional y al destruirlo no va venir el socialismo, sino las trasnacionales. La forma de penetración es el endeudamiento y los defectos de tipo institucional. Están tirando de la acuerda demasiado y se corre el riesgo que la soga se rompa y podemos entrar en una situación caótica peligrosa cuando desaparece el proceso jurídico y es reemplazado por uno de ruptura”.

Final del cuento: esperanza y será justicia

Foto: Julieta Brancatto. Batakis, ex ministra de Economia bonaerense y en carrera 2019, presentó a Zaffaroni.

Con las miradas atentas a los últimas palabras, Zaffaroni pegó el volantazo de una descripción preocupante. “Da la impresión que tenemos que cortarnos las venas con una galletita, pero todo esto pasa. No hay mal que dure 100 años, esto se superará. Los grandes cambios son muy espectaculares cuando estallan”, arengó al tiempo que recordó la toma de la Bastilla y el 17 de octubre.

“Pero todos tienen un largo proceso, que es micro social, que esto, lo que hablamos en la esquina, en la fábrica. Es un proceso que se va gestando, un día se convoca y pasa. No nos deprimamos, observo un fenómeno microsocial que se está gestando en nuestra nación. Tenemos que tener conciencia que estamos con una bomba con mecha encendida. Lo que ha hecho este régimen es catastrófico, no fusilaría a nadie pero ganas no me faltan”, largó con mueca y preparando un cierre a pura esperanza.

“Hay hechos de entreguismo, de vendepatria, que son inclasificables. Las consecuencias las están pagando muchos de nuestro conciudadanos que se equivocaron, que erraron al votar este régimen. Pero como dijo Pepe Mujica sabiamente: no hay derrota definitiva, tampoco hay triunfo definitivo, lo que hay es lucha y lo que observo es lucha”.

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