Pasaron apenas unas horas desde que las calles de nuestra ciudad fueron testigo de la primera Marcha del Orgullo Disidente. La movilización que tuvo como eje un festival repleto de colores y música, se conformó como un día histórico para el movimiento LGBT tanto de Luján como de la zona.

Lo que comenzó como una “idea alocada” terminó siendo una demostración política de lo que significan las disidencias en una ciudad conservadora como la nuestra. Las señoras paquetas que desde la vidriera del antiguo El Águila miraban con asombro y un poco de desprecio, así como el desafiante paso por la puerta de la Basílica, fueron pequeñas pero consistentes demostraciones de los pasos fuertes que ya comienza a dar la Asamblea Disidente de Luján.

“Esto es histórico”; “Nunca imaginé ver algo así acá”; “Aún no lo dimensionamos, pero todo esto es muy zarpado”, sonaron durante toda la tarde sobre la calle San Martín. Sí, fue histórico. Sí, fue inimaginado. Sí, también fue zarpado. Y emocionante. Fue un momento de encuentro, de reconocimiento, de resurgimiento, de sororidad, de alegría, de esperanza, de amor.

El paso por las calles céntricas fue dejando historias, que fueron borrando las marcas del dolor de la histórica indiferencia, de la discriminación y de la violencia, para convertirse en un nuevo mensaje: “Acá estamos, somos muches, somos visibles”. El encuentro entre iguales significa una nueva forma de relacionarse y de salir al mundo, un gran avance a pesar de las prácticas retrógradas de gran parte de la sociedad.

Una ciudad signada por la Iglesia Católica -que históricamente expulsó, persiguió y condenó a las disidencias- hasta hace no muchos años nunca hubiera imaginado una marcha del orgullo LGBT sobre las calles de Luján. Hoy esa utopía es real. Hoy las mismas personas que fueron rechazadas por la Ciudad de la Fe, son parte de una muestra política histórica.

Tres historias distintas de vecinos y vecinas de Luján, dan cuenta de la importancia de una jornada como la de este viernes. Con sus diferencias, Luca que es un chico trans, Gina que es lesbiana, y Noelia que es una chica trans, se reconocen como iguales en las diferencias. Vivieron y viven los prejuicios, el miedo, la discriminación y el dolor. Pero en su encuentro en la Asamblea Disidente, y en la histórica marcha del orgullo, renuevan sus esperanzas de una ciudad más inclusiva.

Luca (14)

Luca es el primer niño trans de Luján, tiene sólo 14 años y un futuro prometedor en la militancia de los derechos LGBT. Como todas las personas que pasan por un proceso de transformación, siempre supo quién era, pero volverlo una realidad visible para su alrededor trajo sus obstáculos y dolores. Hoy, es Luca más que nunca, y para siempre.

“Desde chiquito siempre me sentí Luca. Tuve que entender lo que me pasaba y aceptarme. Empecé a informarme y entendí y acepté quien soy. En la escuela mis compañeres me aceptaron muy bien, los profesores también. Cambiaron el Zoe rápidamente”.

“Con mi familia al principio fuimos al choque, no lo entendían. ‘Pero vos sos mujer, me decían’ y no lo podían aceptar. A pesar de eso les pedí que por favor me ayudaran a buscar una psicóloga porque necesitaba hablar con alguien. Encontré a Mara, que es especialista en género y a partir de ahí me cambió la vida en 360°, por mi propia aceptación y porque mis papás también lo hicieron”.

“Es muy loco ser el primer niño trans de Luján, porque siento que voy abriendo muchas puertas. Me encantaría poder ayudar a muchas personas, porque sé lo difícil que es la transformación. Aún me preguntan ‘¿Y si te arrepentís?’, como si fuera a comprar un par de zapatillas”.

“En la vida cotidiana también hay otras dificultades. Te preguntan ‘¿Qué sos vos?’ o te miran como si fueras un bicho raro, pero trato de no darles atención porque tengo más cosas buenas que malas para rescatar, como la Asamblea Disidente”.

“A quienes están ahí, mirando de costado sin saber cómo acercarse les diría que no tengan miedo, porque siempre hay alguien ahí para ayudarte. Que aunque no lo demuestren al principio -como me pasó con mi familia- te apoyan. Yo siempre digo que es muy lindo que te acompañen pero nunca se sabe lo que se pasa o lo que se sufre, salvo que te pase a vos”.

“Esto es un cambio hermoso. Me gustaría que sirva para que la gente retrógrada comience a pensar un poco más antes de actuar. Porque siempre golpean, insultan, agreden, es horrible que hagan eso. Y esta marcha, creo que puede ser un antes y un después para eso”.

Gina (64)

“En Luján hay homosexuales. Algunos lo demuestran, pero hay muchísimos más tapados…” titulaba allá por enero del 88 el quincenario local Heraldo del Oeste. En el archivo aparecen otras personas pero entre alguna  que lo demostraban estaba también Gina, quien nunca ocultó quién es, qué le gusta y qué quiere. Durante unos años debió dejar la ciudad para vivir plena y tranquilamente su sexualidad. A pesar de las dificultades aún notorias, hoy es una referente histórica del movimiento LGBT de Luján. La primera marcha del orgullo disidente llegó para ella y para tantos otros, otras y otres. Un sueño cumplido que abre la puerta a muchos más.

“Acá estamos y de acá no nos movemos. El día histórico y soñado durante tantos años, llegó. Cuando éramos sólo un puñado, nos contábamos con los dedos de una mano y nos juntábamos en alguna casa decíamos ‘qué lindo sería algún día…’ y bueno, ahora llegó el día. Hoy estamos abriendo Luján hacia adentro y hacia el resto de las ciudades. Es un momento de apertura para la ciudad y para quienes estamos en esta lucha”.

 

“El antes y el después, a través de los tiempos te marca. En los años 70, sobre todo en  tiempos de dictadura militar, era muy difícil la adolescencia, era muy difícil todo. Pero no era imposible, era ponerle el hombro a que te griten tortillera en la calle. Le pusimos el cuerpo y acá estamos”.

“No me imagino cómo sigue, quiero disfrutar el hoy. Pero creo que sigue en la juventud, entiendo que este movimiento va a ser parte de una construcción y desafío político muy interesante para Luján, tanto para nosotres como para quienes están en el poder”.

Noelia (30)

 

Desde siempre supo que es Noelia. La indiferencia, el destrato, la discriminación y la negación sistemática de los de afuera, le hicieron creer que ella “estaba mal”, al punto de pensar en la muerte como una salida al dolor. Hoy tiene una nueva historia para escribir y vivir, ya nunca más sola, sino con les compañeres de la Asamblea Disidente. Hoy morir no sería la mejor opción, porque hay muchas personas a quien le importa.

“Durante un tiempo estuve mal y rodeada de personas que me decían que lo que hacía estaba mal y vos aprendés eso, que vos estás mal. Entonces me odiaba, quería cambiar, me encerré en mí. Antes de eso probé estar con mujeres, estuve con cinco mujeres y nada. Estuve con un chico y la pasé mucho mejor con él que con ellas. Ahí cambió todo, ahí supe más claramente lo que quería”.

“No tengo amigos, me alejé de las personas por el miedo que tenía a que me pase algo si me descubrían. Me alejé de todo, hasta que llegué a un punto donde me encerré en la pieza frente a la computadora, no salía a ningún lugar ni con amigos ni con familia. Decía como excusa que me quedaba a cuidar la casa, pero en realidad era para vestirme y sentirme bien”.

“Con la Asamblea Disidente cambió todo. Antes pensaba que si me moría no pasaba nada, era un número menos en el mundo. Hoy con las chicas, además de algunos grupos a los que voy, eso cambió. Aún hay algo de ese pensamiento sobre la muerte, pero también tengo un nuevo sentimiento que es que quiero vivir”.

“Desde que salí del clóset, desde que empecé a hablar y a decir quién soy, cambió todo en mí. Le importo a otras personas, están ahí, me acompañan, me apoyan. Nunca me imaginé un día así en Luján, por la influencia de la Iglesia más que nada. Esto nunca se hizo y le hace re bien a la ciudad. Es genial, acá me siento bien, nadie te mira raro, nadie te dice nada. Dejé de ser un disfraz, la máscara que todos querían ver.  Pero ahora soy yo, Noelia”.

Pasó la marcha y las historias quedan. La disidencia en Luján se abre lugar a una nueva etapa de construcción política y social. El camino es sólo hacia adelante porque en el clóset ya no hay lugar para estos cuerpos que comienzan a marcar la cancha, la agenda y una nueva historia para la siempre conservadora Capital de la Fe.

Fotos: Julieta Brancatto

Archivo en blanco y negro: Heraldo del Oeste

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