Campeones de ACIFO: «El fútbol te saca de muchas cosas malas» 

Terminó el torneo y se vienen los cruces para los juveniles de ACIFO. Detrás del velo de los festejos y las medallas, está el día a día, los sacrificios y las historias. Conocé a los pibes del San Pedro, un plantel conformado por varios chicos que laburan en el basural, entrenan en el cruce de la 192 y la Ruta 7 y dieron la vuelta el fin de semana.

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El año va llegando a su fin, al igual que el torneo de ACIFO donde varios equipos se consagraron campeones el fin de semana. Antes de que comiencen los cruces, Ladran Sancho recopiló alguna de las historias de las escuelitas de fútbol que lograron levantar el trofeo.

En la primera división, quien se quedó con el trofeo fue Deportivo Capilla, en un torneo muy parejo. Por el lado de la prejuvenil, El Trébol llegó a lo más alto, mientras que en la categoría sub 16 quien obtuvo el título fue Santa Elena.

El torneo en la Categoría Sub 18 quedó en manos de San Pedro, una de las escuelitas tradicionales de nuestra ciudad. La historia del equipo que logró ser el campeón es muy especial y está atravesada por la lucha y la constancia de pibes, entrenador y preparador físico que practican en un pequeño espacio verde, ubicado en la rotonda de la 192 y la Ruta 7.

Con un plantel conformado por pibes del barrio, las historias surgen y algunas remiten a chicos que laburan en el basural y que se encuentran por las tardes para hacer lo que más les gusta, jugar al fútbol. Algunos tienen familia y están obligados a ir a buscar el mango entre la basura, otros no terminaron el secundario y son sostén de hogar.

Sandro y Matías son los entrenadores de los juveniles del San Pedro.

Sandro es el entrenador de la categoría sub 18 campeona, mientras que también entrena a la reserva. Hace unos cinco años que están con este proyecto y, si bien representan a la escuelita de fútbol San Pedro, que les permitió utilizar el nombre para ingresar al torneo, se entrenan por fuera de la institución del barrio.

«Antes estábamos en el campo de polo detrás de Praderas, pero la gente de ahí se enojó y nos tuvimos que ir. Esto no llega a ser una cancha de once, es muy difícil entrenar ahí porque son cerca de 40 pibes», comenta Sandro, mientras los pibes continúan su entrada en calor.

Si bien la categoría logró obtener el campeonato, Sandro asegura que no es el mayor laurel que han obtenido como equipo: «Nuestro mayor logro fue allá por el 2016, cuando metimos a cuatro pibes a estudiar el secundario. Eso fue ganar un campeonato para todos nosotros», resalta y saca a relucir la mochila de los valores que intenta transmitirle a los más jóvenes.

Entre el plantel de juveniles, hay chicos que tienen familia y otros que son sostén de hogar. Muchos de ellos laburan en el basural, por lo que se ausentan por las tardes para tratar de llevar el pan a la mesa. Sin embargo, se hacen un huequito para venir a reencontrarse con sus compañeros. «Tenemos muchos chicos que están laburando en la quema y para ellos esto es muy importante», cuenta Sandro.

Como esas historias hay muchas que se repiten y todas desembocan en el compromiso, la entrega, el sacrificio y la dedicación por jugar al fútbol. Alejandro tiene 18 años y es uno de los chicos del barrio que siempre estuvo ligado a la escuelita del San Pedro. Salió campeón con infantiles y ahora se reincorporó a entrenar con los juveniles, con muchos de los compañeros que habían estado en ese entonces, en aquel equipo de pibitos. Está terminando el secundario y cuenta que en gran parte su entrenador tiene que ver en ese proceso, ya que siempre les inculca que deben seguir estudiando.

Pese a no contar con las mejores condiciones de trabajo, ellos se siguen juntando todos los martes y jueves, para hacer lo que más les gusta. Hoy son campeones y el logro del título se festeja el doble. «Hemos entrenado muchísimo para lograr esto. Bajo la lluvia, el sol, el calor, el frío, los mosquitos. Somos todos amigos de acá del barrios y esto es muy lindo. San Pedro es mi familia. Yo vengo acá y trato de dejar todo por mis compañeros», cuenta Alejandro.

Al igual que muchos de los pibes que juegan en el San Pedro, asegura que el fútbol lo sacó de la calle: «El fútbol te saca de muchas cosas malas. Hoy en día hay muchas cosas malas, en todos lados. Yo viví siempre en el barrio, me quedé sin mi viejo de chico, la tengo a mi mamá, mis hermanos que cayeron y yo siempre traté de no caer en esa tentación a base del fútbol, desde muy chico. Cada técnico, cada compañero, cada papá me sacaron adelante. A eso lo ves todo el tiempo, porque vos salís de tu casa y lo ves en la esquina, esperando el colectivo, en la placita».

 

Con muchos sueños y objetivos aún por cumplir, la comunidad del San Pedro sueña con un predio para desarrollar sus actividades. «Nos gustaría poder tener un lugar para practicar en mejores condiciones. No queremos que nos den un predio, aunque sea que nos presten para entrenar. Nosotros tenemos el peligro de que muchas veces se nos van los fulbo a la ruta y pasan muchos autos. Más que nada para los chicos, para seguir teniendo un lugar para contenerlos», concluyó el entrenador.

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