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Luján
2 julio 2022

Cadetes y laburantes de mensajerías comienzan a organizarse en Luján

Ladran Sancho entrevistó al Secretario Gremial de Sindicato Único de Conductores de Motos. "Lulo" cuenta la situación de los y las laburantes del sector y las posibilidades de colectivizar y mejorar las condiciones en Luján.

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El Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes comenzó a formarse tras el estallido de 2001 en Argentina. Protagonistas indiscutibles de aquellas jornadas de protesta tras décadas en las que los y las laburantes sufrieron la degradación de las condiciones de trabajo mientras una minoría se enriquecía cada vez más.

Fueron los y las motoqueras quienes alertaban con bocinazos a la muchedumbre de aquel 20 de diciembre que se acercaban los uniformados para reprimir. También repartían en los barrios el morfi de los saqueos. Entonces, recibieron el honorífico apodo de «La caballería del pueblo». Desde hace poco menos de una década se agrupan en el Sindicato Único de Conductores de Motos (SUCMRA) para mejorar las condiciones de vida del sector.

Tienen presencia en Jujuy, Tucumán, Salta, Santa Fe y Buenos Aires. Además del crecimiento de 5 regionales, el sindicato se expande y apuesta a la organización en otros 10 distritos. Se reconocen como parte de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular y participan dentro de la Corriente Federal de la CGT.

Luciano «Lulo» Schillaci es el secretario gremial a nivel nacional y provincial, también es el presidente de la Cooperativa de Motos de la Provincia y hace poco pasó por el Centro Cultural Gaucho Rivero de Luján y junto a la CTD charló con laburantes para comenzar a organizar una cooperativa y la sindicalización del sector.

—¿En qué consiste el trabajo del gremio?

—Nosotros sostenemos dos líneas claras en la construcción política y sindical. Por un lado, la organización gremial tiene que servir para mejorar las condiciones laborales y por otro lado apostamos a la construcción de cooperativas que son la expresión solidaria de los laburantes. Se pueden mejorar las condiciones y se puede lograr sin patrones. La principal tarea es concientizar a los compañeros sobre sus derechos.

—¿En qué condiciones está el sector?

—Pésimas condiciones. El 90% del los laburantes está «en negro». Prácticamente sin ningún derecho, ni aguinaldo, ni vacaciones, ni cobertura social o médica de ningún tipo. Hablamos de cobros de 200 pesos la hora cuando el pedido que se lleva vale más de 5 lucas y capaz que hacen 4 viajes de esos en una hora. Hace la cuenta.

—¿Existen regulaciones estatales en el rubro? 

—La actividad no está regulada en ningún aspecto. Desde el gremio estamos impulsando una ley nacional al mismo tiempo que incentivamos la organización y mantenemos reuniones para mejorar algunas condiciones por ejemplo por la cantidad de robos y de accidentes que hay entre nuestros compañeros. El nivel de robo, de violencia que hay en la vía pública, es increíble. En los últimos meses murió un compañero en un asalto, balearon a otro, a un tercero le cortaron los dedos. Muchas veces la Policía jode a los pibes porque les falta un espejito y capaz que terminan secuestrándole la herramienta de laburo. Otro gran tema son los accidentes en la vía pública. Estimamos que se mueren 6 motoqueros por día en el país y no hay leyes que protejan al laburante ni sus familias.

—Llama la atención el nivel de inferencia política con esos números… 

—Pensá que hay registros fotográficos que dan cuenta que esta actividad nació en 1903 y todavía no nos vieron los políticos. Nos venden que el trabajo del futuro será por aplicaciones y plataformas que prometen que te podés pedir cigarrillos a las 2 de la madrugada y un pibe, por dos mangos, te lo trae.

—El repertorio tradicional de la huelga tuvo que mutar en la época de las plataformas, ustedes muchas veces no tienen un «patrón» al que hacerle paro… 

—La huelga tradicional ya no se puede implementar, pero hay experiencias en ciudades pequeñas que muestran que algunas plataformas como Pedidos Ya han aumentado lo que pagan porque registran ciertos grados de organización. Es difícil porque en otros casos detectan que cadete es y pueden suspenderlo de la plataforma. Nosotros creemos que en la organización está la seguridad del laburo.

Marcha motoquera reclamó medidas de seguridad ante reiterados robos durante la pandemia. Foto: Victoria Nordenstahl

En Luján, pibes y pibas montadas a bicis y motos recorren las calles de la ciudad llevando y trayendo mensajes, regalos, papeles y sobre todo comida. El rubro se ensanchó muchísimo durante los días de aislamiento y entre viajes se fueron conociendo.

Son laburantes que recurrieron a las motos para ganar el mango. Reparten a toda hora y bajo cualquier condición. Antes para mensajerías o deliverys, ahora también para las plataformas que pagan dos mangos por viaje.

El descanso en la Plaza Colón les permitió identificarse y ante las inclemencias demostraron capacidad de organización y reclamo. Tras una serie de asaltos se movilizaron al municipio y lograron algunas reivindicaciones. Tiempo después, la CTD Luján, ofreció un espacio para que comiencen a organizarse y convocaron a «Lulo» para compartir experiencia en el Centro Cultural «El Gaucho Rivero».

—¿Con qué panorama se encontraron en Luján?

—Estamos muy entusiasmados porque hay un gran nivel de organización. Estuvimos en el Centro Popular Gaucho Rivero y como en todos lados nos encontramos con una precarización total del sector. Ausencia de todos los derechos y se gana muy poco.

—¿Se pueden empezar a revertir estas condiciones a partir de la organización gremial y la cooperativización? 

—Sí claro, incluso creemos que va a ser más facil que en otras ciudades. En Luján hay cerca de 150 locales en el centro que emplean cadetes. Pizzerías, heladerías, parillas, etcétera. Estamos hablando de más de 300 motos. Podemos armar algo grande y lindo. Los compañeros están entusiasmados y ya están en marcha. Pronto va a haber novedades, actividades de propaganda convocando a laburantes para organizarnos. La concientización va a ser muy importante en esta etapa.

—¿En que sentido te referís a la concientización? 

—Mirá nosotros pensamos en un proyecto de vida, una forma de organizarnos que tiene que ser solidaria, que tiene que respetar los procesos organizativos. No necesitamos jefes que nos vengan a cagar a pedos, necesitamos compañeros con quienes debatir cómo caminar. También me refiero a cosas más cotidianas como la responsabilidad de usar casco. Nosotros no podemos fomentar o permitir que no se use. Todas estas cosas son importantes para esta etapa.

—Por último, ¿cómo estás viendo la participación política en el sector? Ustedes han tenido un rol importantísimo y muy claro en la historia reciente. Por algo se ganaron el título de «La caballería del pueblo»… 

—Yo empecé a militar en el gremio cuando las banderas históricas eran la cara del Che y la de Evita. Ahora hay muchísimos cadetes que bancan a Milei. Las cosas fueron cambiando y nosotros tenemos una tarea fuerte en ese sentido. Tenemos que seguir concientizando y dando la batalla cultural. Si como sociedad no damos respuestas políticas y no construimos salidas colectivas a nuestros problemas, la derecha va a tener oportunidades y nosotros menos derechos.

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