La Biodanza, nacida hace varias décadas, continúa su crecimiento y se expande por todo el mundo. Una práctica destinada al reaprendizaje y mejorar la vida cotidiana de las personas desembarcó en Luján hace dos años. Crece el número de quienes eligen este método para reencontrarse con uno mismo y con los otros.

La música y la danza son el cause por el que corren los movimientos del cuerpo. Esos impulsos conservan las experiencias que nos definen como ser y nos llevan a actuar en este mundo. Una técnica, persistente en el tiempo y en un contexto grupal, propone un encuentro interno del ser para mejorar los vínculos con el exterior y con uno mismo. “Nuestro principal trabajo es generar un ambiente amoroso”, cuentan Fernanda y Laura, que cada semana guían a lujanenses en la búsqueda de sentimientos y emociones.

La Biodanza es definida como un sistema de integración motora, afectiva y humana creada por el psicólogo y antropólogo chileno Rolando Toro a fines de los años 60. Él decía que «por la desesperación de amor creó el sistema”. También es un método de integración humana, de renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida. Es por eso que es un sistema pedagógico con fines terapéuticos.

“Las personas volvemos a aprender aspectos que hemos perdido gracias a la cultura, que son aspectos biológicos y potenciales de vida que todos tenemos y por la familia que tocó, el lugar donde viviste, las cosas que te atravesaron o mandatos, se han adormecido o reprimido determinadas semillas que todos las tenemos al nacer y que están vitales para ser estimuladas”.

Fernanda Molina y Laura Rigacci son facilitadoras de Biodanza, y en Luján comparten la profesión junto con Agustín Terrén. Los tres dan clases los martes a las 19:30 y los jueves a las 18:30 en el Hotel de La Paz. La progresiva concurrencia a la práctica posibilitó un nuevo horario, desde el 5 de junio suman una clase los martes a las 9:30.

La danza de la vida estimula cinco potenciales humanos. La afectividad, la posibilidad de brindar amor a uno mismo y a los demás; la vitalidad, sentirnos vivos por la acción y por el reposo. “A veces se cree que uno es vital porque hace mil cosas, pero tiene que ver con el reposar, el conectar”. La creatividad, vinculada a la libertad de expresión; la sexualidad orientada al placer, y finalmente la trascendencia, el ser en relación a algo más grande.

En conexión con la naturaleza y enfocada a la salud la Biodanza brinda herramientas para descubrir y estimular energías dormidas a causa de represiones o potenciales enfermedades, manifestadas en síntomas. “Las enfermedades que tenemos son a causa de no poder ser, ser el ser que somos, y solo ser las caretas que nos armamos para vivir y que no nos podemos despegar de la cara, ahí está el problema” aseguran las orientadoras.

En argentina la práctica comenzó de manera experimental y con el tiempo logró su estructura. El punto inicial de esta técnica remite al empeño de Toro, su creador, por mejorar tanto la salud de los internados en neuropsiquiatricos como de los médicos. “Le preocupaba ver un mundo tan triste y falto de amor. Buscó una manera de que las personas podían florecer y se dio cuenta que tenía que ver con el medio ambiente en el que vivimos. Donde está la crítica, donde todo el mundo interpreta lo que decís, opina y el error te condena” dicen las profes que en Luján siguen su ejemplo.

Mes a mes más interesados se suman a la propuesta de buscar la esencia de uno mismo y el otro, en la danza. Foto: Fernanda Molina

Así, la Biodanza postula orientar una experiencia cotidiana que destaque lo positivo sobre lo negativo y el haber sobre la carencia. Para lograrlo es esencial el apoyo de un grupo de contención conformado a partir su práctica que reúne seres dispuestos a encontrarse con uno mismo y con los demás, en un espacio identificado como un ambiente de permisos.

Con una invitación a romper prejuicios y relajar las cargas del día a día, Fernanda y Laura aseguran que “podes contar lo que te pasa sin que te critiquen ni te juzguen, y poder danzar como quieras. Es un reaprendizaje. Una práctica de otras formas de vivir, sintiendo otras cosas, dando al cuerpo otras posibilidades y estímulos que tienen que ver con la alegría, libertad, elección que tienen que ver con el ser”.

Las facilitadoras llegaron a la Biodanza por casualidad y por sus allegados. “Mi vecina que es profe me invitaba, yo le decía que no, hasta que fui, volví, me fui y volví porque esta cabeza es la que no nos permite ser, nos vive condenando permanentemente poniendo trabas. El ego no deja al cuerpo sentir. Y el que sabe es el cuerpo integrado a la razón”, cuenta Fernanda sobre su experiencia personal.

Difundido en casi todos los países del mundo, al igual que en el interior del país, Biodanza cuenta con estudios y escuelas en la mayoría de las provincias. Las facilitadoras estudiaron en en san Antonio de Areco, con una formación de tres años y un cuarto año destinado a las prácticas docentes.

La modalidad es de una cursada por mes con convivencia, que no todas contemplan este método, en una quinta a las afueras de la ciudad. Los dos primeros años remiten a un trabajo profundo personal, el tercer año es metodológico con respecto a la práctica, lo grupal y el armado de clases, y el último año destinado a ocho prácticas docentes.

En Luján, no es la primera vez que surge aunque esta vez logró establecerse desde que los actuales facilitadoras vieron la necesidad de dictar las clases. “Lo más difícil de nuestra actividad es atraer personas y que se queden”, confiesan. En septiembre de 2016 comenzaron las clases y el número de participantes no paró de crecer. Desde un ciclo de tres meses como prueba en la Biblioteca Ameghino pasaron en julio de 2017 al Hotel de la Paz porque el salón quedó chico.

Otra de las posibilidades de conocer el mundo de la Biodanza es tomando clases abiertas, de manera esporádica, destinada a grupos organizados, como ya organizaron para docentes, scouts, y en actividades culturales. Esta propuesta tiene sus límites por ser una clase inicial para revelar de qué se trata. El proceso profundo de transformación se hace con la práctica regular. “Para nosotros que alguien más en el mundo sepa y experimente lo que es ya está. Es como darle una posibilidad más a una persona dentro de todas las posibilidades que existen para estar mejor”.

Foto: Fernanda Molina

Por otro lado, organizan encuentros de todos los grupos. El último realizado a principios de mayo en la Biblioteca Ameghino y próximo será el agosto, “Eso es hermoso porque hay un montón de gente y la energía es tremenda, en el grupo regular lo que sucede es que todo el grupo va profundizando”.

Bajo el postulado de que las sucesos y acontecimientos de cada ser tienen lugar en una vivencia la danza de la vida procura que no sanar desde la razón. Sus tres pilares son la vivencia, la música, y la danza vinculadas a movimientos plenos de sentido, que fue como originalmente el ser crearon. «Nosotros tomamos la danza y la música desde ese lugar genuino, de la posibilidad de expresar y vincularse con uno, con otro y la totalidad”.

La música y la danza es una propuesta de los facilitadores. Ellos invitan a un viaje musical pero la vivencia es propia de cada participante y por lo tanto las clases se experimentan de diferentes maneras. “Vos podes entregarte o no, depende de la disponibilidad de cada uno. Es muy poderoso el sistema, es raro que no te llegue”.

La clase se estructura en dos partes. La primera de relato de vivencia o intimidad, de relevancia para los integrantes, es único momento de intercambio verbal donde cada participante tiene la opción si quiere compartir algo. Luego, no usan la palabra porque eso lleva al pensar. “Callar la mente para dejar espacio a la música, pensar menos y sentir más, esa es la idea de la clase”.

Cada danza, cada propuesta en la clase tiene un respaldo motor, biológico y psicológico. “Al cuerpo le pasan cosas, que una danza de expresión tiene que ver con tu sistema inmunológico, tiene que ver con tu autoestima y con tu identidad. O con la secreción de endorfinas o neurotransmisores que muchas veces las personas tienen que injerirlo por boca, la danza te lo da naturalmente”.

Así, todas las semanas la unión de la biología, la fisiología, la psicología, danzas relacionadas al Tai chi, o a la respiración, al yoga, arquetipos, dioses y ángeles conllevan a una práctica donde la danza y la música pactan el encuentro con uno mismo.

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