“Desnudas” es una antología que recopila los poemas de adolescentas en rehabilitación. A partir de la escritura enfrentan sus historias en la búsqueda constante de aprender a vivir con su pasado.

La sombra de los árboles deja escapar algún rayo de sol. El silencio se conjuga con el viento, y la vista se lleva largos metros de verde en un patio interminable. Ese es el lugar que el taller literario eligió la mayoría de sus encuentros para convocar a la inspiración de un grupo de adolescentes que dieron luz con poemas como forma de tomar la palabra. Así nació “Desnudas”.

En los versos se recorren lapsos breves a lo largo de su tratamiento contra las adicciones, o lo vivido durante su niñez. Las palabras expuestas en un papel las liberan de sus historias para aprender a vivir con ellas.

“Yo no sabía explicar mi vida, no sabía que quería para mí. Llegué un viernes y un lunes vino Mara. Y en el taller empecé a contar mi historia. Gracias a Mara pude explicarme yo sola”, contó una de las chicas.

El grupo de adolescentas reside en Vientos de Libertad, una asociación sin fines de lucro que impulsa la Conferedarición de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) para contener a personas y familias que atraviesan alguna situación problemática con las adicciones. Para las mujeres funciona en el ex Instituto Alvear desde hace algunos meses. Allí, cerca de 50 mujeres cumplen con su tratamiento en la actualidad.

Foto: Victoria Nordenstahl

Luego de pasar por un taller de género y uno de identidad, llegó la “lluvia de ideas” que dio paso a los poemas. En la previa, escuchaban música y miraban videos. La propuesta vino de la mano de Mara Vanessche, trabajadora social que llegó a la institución al mismo tiempo que el taller.

“Acá las pibas intentan problematizar su vida, darse cuenta que lo que les sucedió. Aunque esté naturalizado no estaba bien, acá se quiere deconstruir eso. Que puedan tener vínculos sanos, una mejora en su calidad de vida. Que salgan con proyectos, que se den cuenta que pueden estudiar. Estamos intentando crear un mejor futuro”, identificó Mara.

Desde mayo y dos veces a la semana tres chicas emprendieron el desafío de enfrentar sus historias. Con el correr de las semanas algunas más se sumaron. Comenzaron con la lectura de diversos poemas, diferentes autores y formas de escribir. Cada una podía poner en palabras lo que quisiera. “Las pibas necesitan todo el tiempo contar su historia en los poemas”, expresó Mara.

Foto: Victoria Nordenstahl

“A veces el taller no sirve para escribir si antes no nos escuchamos. Si hay un problema lo hablamos, podemos escribir sobre eso o no. Pero siempre hay escucha. Les pregunto cómo estuvieron en la semana, qué pasó, cómo se sintieron. La idea es reforzar el vínculo entre ellas. Que crezca este espacio para que se empoderen. Y salió la escritura como algo terapéutico”, explicó la coordinadora.

Entre charlas escribieron las vivencias. Sus miedos, sus angustias, los abrazos que no están y el valor de los que hoy tienen. Lo que les pasaba cada día fue volcado luego al papel. Así surgieron frases y palabras que fueron estructurando los poemas.

“Otras chicas son más grandes y te das cuenta que muchas veces necesitábamos nuestro propio espacio. Entonces Mara nos brindaba eso, nos enganchamos y encontramos nuestro espacio. Escuchábamos música mientras tanto escribíamos, nos divertíamos”, expresó una de las adolescentas. Algunos poemas también surgieron del pensamiento colectivo y cada uno fue leído y comentado en grupo.

Entre sus historias también hablaron de la crueldad del mundo, de las injusticias, de no culparse por lo que vivieron. “Una no tiene la culpa de donde nace ni las cosas que le suceden pero ahora sí tienen responsabilidades de cambiar su vida. De ser otras, y también están aprendiendo que hay otras formas de vivir que no las conocían”, aseguró Mara.

Mara Vanessche junto a Martina que participó del taller y la semana pasada finalizó su tratamiento en Vientos de Libertad. Foto: Victoria Nordenstahl

El proceso de producción contó con la participación de cada una. “Este libro lo hice con Mara, lo hice como me salió. Yo empecé a tirar palabras de todo lo que me había pasado y ella escribía. Y ahí empezamos. Y a la vez me puse a llorar”, contó una de las jóvenes.

Antes de comenzar con la rehabilitación ellas no escribían pero la práctica las llevó a descubrir una herramienta para sacar afuera lo que les estaba sucediendo, sacar afuera el dolor. Sus sentimientos empezaron a ser plasmados en el papel.

“Al tiempo lees lo que escribiste y te das cuenta como estabas ese día. Muchas veces te sentís aliviada y otras te arrepentís de haberlo escrito. Y después lo volvés a leer y te vuelve a gustar”. La necesidad de contar llega a lo profundo de cada una de las chicas.

Foto: Victoria Nordenstahl

Luego de la antología, las chicas continúan escribiendo por su cuenta cada vez que lo creen necesario, a veces lo cambian por la lectura. El taller literario continúa una vez por semana y están trabajando en una nueva propuesta. Esta vez combinarán con imágenes frases creadas por ellas o de autores que les gustaron.

Sus luchas son constantes, y en unos pocos minutos algo puede detonarse. “Primero aprendés a vivir de nuevo, naces de nuevo. Y segundo es la concientización de uno mismo, de empezar a conocerse porque a través del consumo no nos encontrábamos, perdíamos lo que éramos, era un personaje. Ahora te construis de nuevo, y también te concientiza de lo que está bien o mal. Ves todo desde otro lado. Es sanar y perdonarte. Y poder perdonar al otro”, expresó una de las jóvenes poetas.

Para plasmar “Desnudas” en antología colaboraron Matías Lemos en su edición y epílogo de su autoría, realizado a partir de lo expresado por las adolescentas; Tatiana Belzunces en la ilustración en base a los poemas; y Matías Echevarne en diseño.

“La idea es que el mundo lea a las pibas. Que se vea la lucha que viven día a día porque la sociedad estigmatiza, separa al que consume y acá se ve el dolor que atraviesan. Se ven sus contradicciones, sus enojos, sus angustias pero también sus alegrías. Después de tanto dolor pueden hacer algo creativo con eso. Me parece importante cómo lograron salir de ese lugar que socialmente les asignaron y se pusieron a luchar con todo lo que les pasó. Van a salir con proyectos y ganas de vivir que antes no tenían. Ahora escribieron un libro. Aprendieron que pueden escribir sobre eso. Y siempre les digo a ellas que también me enseñaron un montón haciendo esto”, concluyó Mara.

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