La Defensoría de Género encabezó un escrache contra Juan Banchero, denunciado por violación. Tras una primera entrega en Ladran Sancho, su referente Natalia Pérez continúa reflexionando sobre la metodología de acción directa y las particularidades del caso Banchero.

El sábado por la tarde la calle Humberto reunió a unas cincuenta personas que se acercaron a acompañar el escrache a Juan Banchero, un joven lujanense que tiene 13 denuncias por abusos en redes sociales, y cuatro de esas radicadas en la justicia penal.

Las denunciantes y la Defensoría de Género de Luján advierten que aún no obtuvieron respuestas por parte del Estado, por lo que el escrache público surge como respuesta ante la inacción judicial. Luego de una primera acción en las redes sociales de la organización, este fin de semana se pasó a la acción directa, cuerpo mediante.

La metodología ya es conocida para quienes tienen una referencia en la Defensoría de Género, e incluso fue abordada por este medio, pero algunos elementos -que no son nuevos pero sí llamativos- se dieron durante la manifestación.

Machirulos con actitudes amenazantes, insultos, personas cercanas al denunciado y presencia policial, fueron algunos de los ingredientes de la tarde. Para una mirada nueva o ajena, podrían ser hechos novedosos, pero en las siguientes líneas la referente de la Defensoría de Género pone las cosas blanco sobre negro e imparte claridad al respecto.

-¿Cómo se prepara un escrache?

-El escrache no es otra cosa que una manifestación política, quizás lo raro es ver a mujeres tomando la posta en una medida de esas características, que implican poner el cuerpo, discutir, intervenir, confrontar y negociar en el medio de una calle. Ya no tenemos espacios vedados, y mucho menos si lo que está en juego son nuestros derechos. Nos empezamos a mover y todas empezamos a sentir las cadenas, diría Rosa Luxemburgo.

-¿Hay medidas de prevención a tener en cuenta?

-Como medida de acción directa contra el Estado, es similar a un corte de ruta o una marcha. La prevención es la misma en todos los casos: no conversar con quienes no tienen la voluntad de diálogo (transeúntes o familiares del victimario), resguardar espacios que nos permitan un buen desplazamiento para intervenir, priorizar el fin de denuncia y actuar en conjunto de principio a fin.

El escrache a Juan Banchero se realizó en la verdulería donde trabaja, lugar donde se dieron los abusos denunciados. Foto: Victoria Nordenstahl

-En lo concreto ¿cuáles son las medidas de acción?

-No todos los escraches tienen el mismo impacto social y mediático, algunas veces se intenta conversar con algunos vecinos y vecinas sobre una determinada situación de agresión, se busca una resolución de conflicto lo menos violenta posible, otras veces se encara al agresor en grupo, se alerta sobre las consecuencias en caso de que siga agrediendo. Todas medidas de acción directa, defensivas.

-¿Con qué frecuencia se hacen aproximadamente los escraches y qué factores intervienen en esa frecuencia?

-El escrache se propone teniendo en cuenta las expectativas de las personas que denuncian, la reacción pública con el escrache por Internet, la contención y acompañamiento posterior por parte de la familia. Cuando las vías posibles de solución no coinciden en ningún sentido o se contradicen demasiado en los fines, no acompañamos el escrache. No somos infalibles y no buscamos transmitir eso, no somos el Estado, no tenemos la obligación política, hacemos hasta donde nos da el cuerpo y hasta donde nuestra realidad material nos permite. Buscamos aportar pequeñas semillas a la organización para la lucha de las mujeres, alentamos a no bajar las brazos frente a la falta de justicia, a ocupar el espacio público sin miedo y sobre todo a salir del armario de la vergüenza.

-El escrache a Juan Banchero contó con muchas personas que se acercaron a participar o que sumaron su apoyo con bocinazos desde los autos. ¿Por qué se genera esa empatía de gente que tal vez no tiene ninguna cercanía con las víctimas?

-Es más o menos lo que hablábamos en la nota anterior, con el escrache se teje la empatía y la solidaridad y el hecho de que una persona se anime a hablar, empodera a otres que hasta el momento se vieron obligades a guardar silencio. La violencia de género es un problema político que atraviesa a la sociedad toda, y ver a alguien haciendo público algo que te atraviesa como mujer, no deja de ser movilizante y empoderante a la vez. Las soledades se abrazan y son creadoras de herramientas que conquistan nuevos derechos.

La Defensoría de Género encabezó la movilización por búsqueda de la joven lujanense desaparecida en 2018. Archivo: Ladran Sancho

-¿Es difícil “tomar la posta”, poner la cara y exponerse personalmente y/o a la organización, al encabezar este tipo de intervenciones?

-La exposición tiene sus fortalezas y también sus debilidades. La realidad es que el capitalismo y el patriarcado se las ingenian con herramientas para reprimir tanto a mujeres en lo individual para impartir control (no tomar denuncias, negar medidas perimetrales, dar lugar a contradenuncias, los bozales legales, los juicios por daños) como a las mujeres organizadas, criminalizando su forma de protesta. La única forma de no exponerse es tomando un rol pasivo, de naturalización de la represión. Estamos muy lejos de querer naturalizar los mecanismos de represión.

-¿No es riesgoso para las víctimas o para ustedes exponerse así?

-Nuestra lucha de género se encuadra en una lucha de clases. No todas las mujeres estamos atravesadas de la misma manera por la violencia. Para el 99% de las mujeres, que son las que no forman parte de la clase dominante, la exposición no es una opción, es la única salida. El pacifismo y la no exposición, en muchísimas situaciones -sino todas- constituye un privilegio de clase.

-En la acción del sábado también se vio el intento de intervención de otros actores ajenos, que tal vez no comprenden la metodología. ¿Cómo se manejan esas situaciones y esos personajes?

-Estos actores aparecen siempre, en marchas, en escraches y concentraciones varias. Generalmente hay dos o tres personas de la orga que “negocian” y establecen una serie de acuerdos hasta donde se pueda y hasta donde haya espacio para el diálogo, para evitar que haya malos entendidos con ellos, y asegurar que el escrache se pueda seguir desarrollando como lo planificamos.

Intervención de la Defensoría de Género durante el escrache a Juan Banchero. Foto: Victoria Nordenstahl

-¿Es común el rol del macho que quiere venir a “solucionar” todo con más violencia?

-Muy común, somos bastante intransigentes en ese sentido. Los varones no encabezan protestas de género, pueden participar pero fuera de los lugares de protagonismo. Es al menos curioso que se organicen para reclamar el mismo día y horario acordado por las denunciantes, replican a través de sus acciones instancias que vuelven a ser abusivas esta vez con todo el colectivo.

-¿Qué reflexión haces respecto al papel de acompañamiento que tienen familiares y amigxs de las mujeres abusadas? ¿Cómo se trabaja con ellxs? ¿Cómo se les prepara para una situación tan fuerte como un escrache?

-Los círculos de contención son importantísimos, y se acuerda lo que ellxs desean con anterioridad. Les comentamos cuáles son las posibles intervenciones, desde una folleteada, una radio abierta, o una intervención en la propiedad privada, y terminan definiendo qué hacer incluso una vez comenzada la actividad. En los escraches el megáfono empieza a correr entre familiares y generalmente tomamos la posta para que luego puedan animarse a tomar la palabra, que es lo que fue pasando el sábado cuando lo tomaron las denunciantes en la verdulería y en la Comisaría de la Mujer.

-¿Qué pasa con las víctimas luego del escrache? ¿Qué sensaciones relatan?

-Muchas, y muy distintas. Quizás la más expresada es la sed de justicia, y una puerta de esperanza que se abre para continuar la pelea dura en las instituciones.

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