Este jueves el Encuentro Colectivo Docente organizó una charla debate a cargo de la docente e investigadora Fabiana Carlis. La disertante explicó la problemática del abuso sexual sobre niños y adolescentes y cuál es la forma en la que deben actuar los profesionales de la educación para detectarlo.

Fabiana Carlis es perito de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Bs. As., licenciada en Servicio Social, magíster en Trabajo social, docente e investigadora de la UNLu, y dirige el proyecto de investigación y extensión Abuso sexual infantil. En ese marco fue invitada a dirigir una charla abierta en la Universidad Nacional de Luján, dirigida especialmente a docentes, trabajadores sociales, profesionales de la salud y estudiantes.

«Este año apostamos a un espacio pedagógico de formación docente para pensar las problemáticas que cotidianamente estamos afrontando, y si hay algo que nos une, es la preocupación por la educación pública» comenzó explicando el moderador Matías Remolgao, del Encuentro Colectivo Docente.

«Esta es la continuidad de los encuentros sobre ESI y este espacio nos permite tener un lugar de formación respecto al abuso, lo que sirve también para construir este compromiso que nos toca afrontar y acompañar en un marco complejo como el escenario escolar».

15% de las víctimas son niños de hasta 5 años, 19% de los chicos abusados tienen entre 6 y 10. Foto: Julieta Brancatto

La licenciada Carlis dio inicio al encuentro explicando que su trabajo abocado al abuso sexual responde a que como profesionales, se dieron cuenta que les faltaban herramientas e información. «Decidimos armar algo que nos sirva para formarnos y construir, no nos alcanzaba con sólo investigar sino también queríamos hacer. Esto existe, y algo hay que hacer con eso».

Para despejar el camino comentó algunas estadísticas y datos respecto al abuso sexual en la niñez. «Uno de cada cinco niños es abusado por un familiar antes de los 18 años y la edad promedio del comienzo del abuso son los 8 años». De los denunciados, el 76% de las veces el padre, el 13% es el padrastro y el 9% la madre u otra mujer del marco familiar. «En la cuestión del abuso sexual infantil se tapa una parte muy importante que es el incesto», problematizó Carlis.

En ese sentido explicó que eso se da porque a los adultos «nos cuesta comprender este secreto e invisibilización. Nos encantaría pensar que el abuso no existe, y que si existe es por parte de un señor malo de la calle. Y eso sí que casi no existe. El impacto de saber que el conocido es abusador nos permite comprender la respuesta, inacción o descreimiento de la persona de adulta de al lado, que se resiste a creer en el niño o niña. No queremos escuchar, no queremos ver, no queremos creer, pero en el 95% de los casos el niño dice la verdad».

A partir de su relato debería comenzar un proceso de reparación para el niño abusado, para eso es importante un adulto que le crea, que lo escuche, lo apoye y lo proteja. Asimismo la denuncia, porque sale a la luz algo que antes no estaba; y en ese proceso, que haya alguien que sostenga. «En esta instancia el papel de la escuela es central, porque está en el cotidiano de la familia. Tiene que devolverle al niño su niñez y no dejarlo en el lugar de abusado».

41% de las víctimas tienen entre 11 y 15 años; y el 25% tienen entre 16 y 18. Foto: Julieta Brancatto

Finalmente Carlis explicó qué deberían hacer las instituciones educativas ante la detección de un posible caso de abuso sexual en la niñez o la adolescencia, en base a la Guía de Orientación para la Intervención en Situaciones Conflictivas en el Escenario Escolar.

Si hay sospecha, realizar la denuncia por más mínimo que parezca. En el caso de que la denuncia prospere, si hay un referente familiar, acompañarlo en el proceso. «El abuso no termina en la denuncia». Si no hay un familiar a cargo, la escuela debe asumir la responsabilidad en el caso. Además en su rol tiene que articular con el servicio local, armar una red de sostén para acompañar al niño y adjuntar toda la información posible que pueda servir para la investigación.

«Estamos obligados a hacer la denuncia. No hay que mirar al costado, porque hay una gran cantidad de chicos que siguen siendo abusados porque no se detectan los indicadores. Sin embargo vemos que hay una mayor detección en las clases bajas porque están siendo observados por los aparatos de control estatal. Pero esto atraviesa a todas los estratos sociales, un niño no puede inventar un pene erecto porque los humanos no podemos fantasear sobre algo que no conocemos», sentenció la licenciada.

Al finalizar su exposición se le dio lugar a una ronda de preguntas abiertas donde los asistentes pudieron despejar sus dudas respecto al accionar concreto en los ámbitos profesionales de trabajo.

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