Detrás de miles de mujeres que se deciden a abortar, hay otras miles que sirven de acompañantes. Las consejerías pre y post aborto surgen como espacios de apoyo ante las fallas estatales. En Luján comenzó a funcionar La Hoguera, que ya trabaja en varios casos. Conocé qué son las consejerías y por qué son importantes para las redes feministas.

La votación del proyecto de ley para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo trajo consigo un listado de visibilizaciones del movimiento feminista. Es decir que la discusión y militancia alrededor del aborto permitió que gran parte de la sociedad conociera estadísticas y realidades, así como el proceso de acompañamiento y trabajo que realizan las organizaciones de mujeres, respecto a la interrupción del embarazo.

Sin ir más lejos, cuando la comediante, escritora y activista feminista Señorita Bimbo (Virginia Godoy) fue invitada al programa Intrusos y nombró al misoprostol en la televisión abierta, Google y las redes sociales explotaron con búsquedas de información sobre el medicamento que permite la inducción del aborto y que es recomendado por la Organización Mundial de la Salud para dicha práctica.

Entre los distintos elementos que se pusieron sobre la mesa, aparecieron las consejerías pre y post aborto, un proceso que también es recomendado por los organismos de salud y por el Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) del Ministerio de Salud de la Nación. Lo que quedó en evidencia es que más allá de las instituciones, son las organizaciones feministas las que acompañan a las mujeres cuando deciden abortar.

Pasaron varios meses y con ellos, la votación en el Congreso. El proyecto fue rechazado por la Cámara de Senadores, los abortos se siguen practicando y las consejerías continúan en pleno trabajo. En ese contexto, en nuestra ciudad, trabajadoras de atención primaria de la salud llevan una lucha constante en el ámbito institucional por la regulación de la ILE en el municipio. Con más atrasos que avances, por las decisiones políticas de la gestión de Oscar Luciani, acompañar a las personas con capacidad de gestar a realizarse un aborto, es cada vez más dificultoso. Ante ese panorama, aparecen las consejerías.

Hace más de un año, el frente nacional de mujeres del Movimiento Evita decidió formar un equipo de trabajo que funcione de manera independiente y que se dedique a las consejerías pre y post aborto. Así nació La Hoguera, que desde hace varios días funciona con su sede en Luján y ya trabaja en varios casos, frente a una «demanda constante». La misma se dedica a la ILE y posteriormente buscarán abordar la salud sexual y reproductiva, y la violencia de género.

«Lo que nos llevó a armar este espacio en Luján es la falta de respuestas institucionales. Llevamos un año y medio de nada. Nos juntamos pero no hay respuestas, incluso hay complicaciones. Por eso buscamos una respuesta más asamblearia, de mujeres y sororidad. Hecho de manera seria y organizada, pero fuera de lo institucional. Hay que tomarse muy en serio las consejerías, por eso somos un espacio horizontal, transversal a la política, y fundamental y completamente sororo», explicaron desde La Hoguera.

¿Qué es una consejería?

Se trata de una organización y salida colectiva, desde el feminismo. Cuando el Estado y sus instituciones fallan, no cumplen con los derechos de las mujeres y otras personas gestantes, o no aplican los protocolos de aborto no punible, las consejerías surgen como respuesta de sororidad.

Se conforman como espacios de acompañamiento y de información para aquellas personas que deseen realizarse un aborto legal auto-inducido, para amenizar y eliminar los traumas de hacerlo en soledad, desinformadas, con miedo y de manera clandestina. Entonces, las consejerías nacen como espacios de hermandad y garantes del ejercicio de los derechos reproductivos y sexuales.

Cuando una mujer pide ayuda en una consejería como La Hoguera, se recomienda tener una ecografía realizada. En caso contrario se gestiona una orden médica para poder efectuarla. Es importante destacar que solamente se hace lugar a la ecografía y no a los motivos por los que se quiere abortar, porque lo importante no es juzgar a la mujer sino ayudarla. «Nosotras no hacemos consultas por las causas. Es más, siempre decimos que si nos lo quieren contar y desahogarse, las escuchamos, pero no nos interesa. No las vamos a juzgar ni nada», relatan desde La Hoguera Luján.

Luego comienza la consejería en sí, donde se ofrecen opciones, se explican los métodos y se le pregunta a la mujer si está segura de practicarse un aborto. Todo se hace en base a diferentes documentos nacionales e internacionales como el Protocolo ILE del Ministerio de Salud de la Nación, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y la Whole Woman´s Health de Estados Unidos.

«En todo este tiempo hemos aprendimos a ver quién está segura y quién no. Y fundamentalmente que no se arrepiente quien decide hacer lo que desea. En esos casos la respuesta siempre es positiva. No es una joda hacerse un aborto. Es un proceso difícil, pero siempre terminan felices, tranquilas, en un abrazo y en un gracias. Más si es acompañado», evidencian las consejeras.

Una vez realizado el procedimiento de interrupción del embarazo, la post consejería tiene un rol fundamental en la prevención de nuevos embarazos no deseados y para eso se trabaja en reforzar el uso de métodos anticonceptivos.

En este punto La Hoguera Luján reconoce un gran desafío porque encuentran un alto índice de reincidencias, alrededor de un 30%. «Hay algo que está fallando y pasando, que no se termina de comprender. Nadie quiere volver a pasar por una situación así, entonces ¿cómo es que les vuelve a pasar? Todos los mecanismos de prevención están fallando», admiten.

Por otro lado resaltan como dificultad la gran cantidad de casos que se presentan en el distrito. «No los podemos seguir solas. Les damos todas las herramientas que podemos, pero a las personas gestantes las terminamos perdiendo en el mismo sistema de salud que tiene una excesiva demanda», sostienen, y aseguran que teniendo mayores recursos humanos y materiales tal vez se podría ayudar mucho más, a que las mujeres se cuiden mejor.

«Hacerte un aborto es muy difícil, es caro, cuesta que se cumpla incluso lo que está estipulado por ley. Es realmente costoso hacerte un aborto, no da para repetirlo. Hay que empezar a pensar en todo esto», resumen.

Misoprostol, solución y problema

En los documentos Manual de práctica clínica para un Aborto seguro y Aborto sin riesgos: guía técnica y de políticas para sistemas de salud, la Organización Mundial de la Salud recomienda la utilización de misoprostol para practicarse un aborto, ya que está comprobado que su uso aumenta la seguridad y reduce riesgos en prácticas de aborto auto-inducidos. Se trata de un medicamento desarrollado para regular la acidez gástrica pero que sirve para interrumpir un embarazo porque genera contracciones uterinas.

Hasta acá todo bien. Cuando se reclama que el aborto sea legal, seguro y gratuito, entre los varios argumentos se explica que ante la ilegalidad, hacerse un aborto seguro es una cuestión de clase. Y eso no tiene que ver solamente con los recursos disponibles para acceder a la salud privada, sino también a la información y métodos lo más seguros posibles como el uso del misoprostol, conocido comercialmente como Oxaprost.

Entonces ¿por qué el aborto legal, seguro y gratuito se vuelve una lucha de clase? Porque las mujeres más pobres no pueden acceder a un aborto seguro e incluso para la clase media resulta caro y dificultoso por las trabas legales existentes, además de la negativa de gran cantidad de profesionales de la salud que aún habiendo causales para realizar la ILE, se niegan por sus propias subjetividades y desconociendo la ley vigente.

En la actualidad una caja de Oxaprost (misoprostol) de 16 comprimidos ronda los $5500, convirtiéndose en la principal problemática de las consejerías, que no logran recaudar dinero para facilitarle las pastillas a las mujeres que se acercan por ejemplo a La Hoguera. «Nos plantean que realmente no saben de dónde conseguir el dinero. Una chica nos dijo -y eso no nos olvidamos más- que le tuvo que pedir plata al transa del barrio» cuentan las mujeres que acompañan a otras, a abortar.

«Esto es algo que por ahora, La Hoguera no va a poder solucionar. Es decir que las mujeres las van a tener que comprar. Lo bueno es que ahora tenemos una farmacia realmente amigable con la que podemos trabajar tranquilamente. En ese sentido dimos un paso adelante, pero siguen saliendo 5 mil pesos cuando por ejemplo un sueldo de cooperativa es de 6 mil», problematizan.

Ante este escenario La Hoguera apuesta a tener un abordaje más cercano a las mujeres, fuera de lo institucional, militante y feminista. El objetivo es trabajar conjuntamente para ir armando un banco de pastillas como posible solución, ya que la OMS recomienda el uso de 12 comprimidos para un aborto seguro, generando un sobrante de 4 pastillas. «No hay otra respuesta. El municipio no la tiene, en otros distritos que entregan pastillas son sólo para las personas de ese distrito y tal vez armando un grupo de trabajo en La Hoguera, se arma un ida y vuelta».

¿Dónde, cuándo, cómo?

«Estamos para cualquiera que se acerque, no vamos a juzgar a nadie y estamos cerca, en nuestra ciudad. Hay muchas más mujeres en la misma situación, de las que parece. Queremos decirle a quienes tengan dudas que no son las únicas, que muchas mujeres pasaron y pasan por esto y lo superaron y ellas también lo van a poder hacer», dicen las consejeras de La Hoguera Luján dando un cálido abrazo a quienes deciden ejercer la soberanía de su cuerpo y una maternidad deseada.

La Hoguera funciona de manera confidencial, por lo que siempre hay alguien del otro lado, pero no está personificado. Aquellas mujeres y otras personas con capacidad de gestar que quieran practicarse un aborto legal y no tengan respuestas del Estado para llevarlo a cabo, pueden comunicarse mediante el Facebook La Hoguera Luján o al teléfono celular (011) 15-5877-3906.

Fotos: Victoria Nordenstahl y Julieta Brancatto

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