¿Ganar o ganar? Se viene el partido con Alem y Abel Oroná tiene su primer clásico como DT. Sin embargo nada de eso lo hace perder el eje en la charla previa con Ladran Sancho. Formar a los pibes, transmitir valores y disfutar del juego, la receta de Abelito. Desde las 15.30, Luján-Alem y que sea fútbol.

«Esto recién empieza, vamos diez días así que tenemos mucho por delante, tampoco hay que volverse locos», dice Abel Oroná con un bolso gigante en su mano derecha. Cruza algunas palabras con el imprescindible Mudo Ferrari y pide permiso al canchero porque, cada cual con sus pasiones. «Pasen, pasen», devolvió quien marcaba las líneas de cal de un campo de juego exquisito en el predio del San Emilio. Abel se muestra relajado pero saltarín y pícaro, propio de su modo de vivir y de jugar, para los que tengan memoria.

«Esto es una linda responsabilidad. Ser técnico de un equipo del cuál uno es hincha es muy gratificante, muy lindo. Estoy feliz, disfrutando cada momento, cada segundo por eso soy el primero en llegar y el último en irme y todos los días aprendo algo distinto», reflexiona ante la primera pregunta. La pelota fue de una mano a la otra y la dejó en sus pies, se cruzó de brazos y perdió la mirada. Hablemos de fútbol nomás.

-¿Cómo lo sentís al ser hincha del club?

-Raro, igual, uno cuando es técnico trata de sacar el costado del hincha y debe ser más responsable y más serio. Laburar para sacar lo mejor de cada jugador y que rinda para el equipo. En este caso tengo la tranquilidad de haber armado un cuerpo técnico que conozco mucho, que hasta son amigos y con los cuales vamos a trabajar para sacar al club adelante. Ese tiene que ser nuestro aporte como técnico e hincha.

-Imagino que el llamado de los dirigentes para que te hagas cargo del primer equipo te debe haber hecho pensar bastante.

-Más o menos. Hace tres años que ya estoy trabajando con los juveniles, con quinta y sexta. Y uno, más allá que estás con los chicos, siempre sueña con -el día de mañana- poder agarrar primera. La llamada de Mariano fue para hablar de fútbol, para ver qué me parecía, qué quería yo. Y siempre me dijeron que me iban a respetar en mi decisión, tanto si agarraba o si decía que no.

-¿Hay diferencias entre el interinato, luego de la renuncia de Santángelo y ahora?

-Aquella vez siempre fue claro: un interinato de siete partidos. Ahora es especial, ya no es más algo de interino si no que estoy programando a futuro y estamos trabajando para poder intentar clasificar al reducido. Como conozco al club, mi idea es que el campeonato que viene comencemos a subir juveniles y que el club se haga fuerte con los pibes del club.

-Y habiendo tenido tanto contacto con los pibes, ¿cómo viven el fútbol los chicos? ¿Lo ves diferente a tu época?

-Mirá, noto que no se disfruta tanto de jugar. Hoy todo se volvió muy profesional pero en un mal sentido de la palabra. A los chicos es muy difícil verlos jugar con una pelota, los ves con un teléfono, con una tablet. Se perdió el potrero, se perdió hasta la comunicación: quien trabaja con juveniles sabe que los chicos no hablan, entran al vestuario y están todos embobados con el teléfono. O se le dice de mirar un partido y te dicen que no. Se perdió esa esencia del potrero, lo que la Argentina tenía: grandes potreros, chicos que parecían hasta más grandes y hoy no los ves.

-¿Creés que eso se puede recuperar?

-Sí pero es muy importante la formación. Hay que insistir en la formación, que se trabaje en formación y no en querer llegar a primera a todo trapo, como sea. Por eso tenemos el objetivo de formar a los chicos, en calidad de vida, en cosas básicas, en el orden, en inculcarle a los chicos algo básico como una comunicación. A los pibes les inculco que se limpien bien los botines, que hoy valen tres mil pesos. No me gusta ver  a los chicos y que tengan los botines sucios porque quiero que valoren el esfuerzo de venir a entrenar, que los padres le pagan el colectivo que hoy vale caro, los botines, la comida. Estas cosas hay que empezar a recuperar y ojalá se recuperen. Estamos complicados, pero hay que luchar por eso.

El método Orona toma color a cada respuesta y el anaranjado del sol que baja le hace brillar el rapado característico del ex delantero que ahora tiene la tarea de mirar todo el tablero, toda la cancha. Y ahí Abel tiene su modelo. Y viene bancando su modelo, modelo presionar y disfrutar. «Me gusta que mis equipos presionen mucho. Cuando no tengan la pelota que corran todos, que quieran recuperarla y cuando la tienen que jueguen. Que intenten jugar y que disfruten de la pelota, ese es mi gran anhelo. En estos momentos con tan pocos días de laburo, la primera idea es tratar de darle mucho orden atrás y que no nos conviertan tanto», explica.

De acá y de allá Oroná tiene maestros a los que quiere seguir. «Héctor Vicchiarino, Piri Garate, el Huevo Rondina y Alejandro Rizzo son quienes me han marcado mucho. Y por otro lado me gusta Marcelo Gallardo, lo que hace Heinze. Soy de esa idea, de ese estilo más que nada. Igualmente uno trata de poner su impronta, de aplicar lo que a uno le parece porque en el Ascenso es todo distinto que en Primera.

-¿Cuáles fueron los momentos que te marcaron en tu carrera deportiva?

-Cuando debuté a los 16 años en Luján, es un gran recuerdo. Ganar un clásico, haber ascendido con Ituzaingó, haber hecho un gol en reducido con Atlas, son cosas que me quedaron marcadas, pero lo que  más rescato es la gente que me quedó en el fútbol. Gente que cruzo en la calle, con los que compartí una cancha, un vestuario y te saludan con afecto, eso es lo más gratificante que hay. Al mismo tiempo aprendí que cuando las cosas van mal tenés pocos amigos. Eso es lo malo que te deja el fútbol. Cuando está todo bien son muchos lo que te quieren y cuando van mal, son pocos los que te respaldan.

-¿Te imaginás logrando grandes cosas y quedando en la historia de Luján?

-Es la idea. Uno trabaja para quedar en la historia del club. También soy  consiente que esto puede ser un trampolín para el día de mañana poder entrenar a otro equipo, de otra división, pero lo manejamos con tranquilidad y si crezco yo es porque al club Luján le fue bien.

-¿Creés que te quedó alguna meta por cumplir como jugador?

-¡Salir campeón con Luján! Con primera, porque con juveniles pude, con tercera salí campeón, pero con primera no. Lo pude lograr con Ituzaingó, que fue el último partido que jugué y ahí me retiré, pero estoy conforme.

-Y, ahora, ¿sueños u objetivos como DT?

-A corto plazo es salir de este momento complicado por el que está pasando el equipo. A mediano es clasificar al reducido y ya a largo plazo es poder ascender. Después un anhelo como técnico es poder progresar, aprender día a día y ojalá que me espere una carrera larga.

-Bueno, vamos al domingo: ¿Cómo se vive la previa del clásico ante Alem?

-Es un partido aparte. No importa como vengas, es otro partido. A nosotros nos va a venir bien y nos va a servir para hacer un punto de quiebre, para salir de la crisis o para tocar fondo directamente. Uno piensa que está para salir de la crisis. Estamos bien, más allá de que los resultados hoy no nos acompañan, y estoy tranquilo por la forma en que los ve trabajar y de las ganas que tienen de salir de esto. Sueño que salga todo bien. Igual se juega un partido aparte. Todo el mundo por la calle te dice “el domingo tenemos que ganar”. Hay que trasladarles tranquilidad a los chicos, pero con una seriedad y una responsabilidad que hay que ir a todas las pelotas, como si fuese la última, esa es la premisa.

-¿Qué clásicos recordás como jugador?

-Clásicos tuve de todo: porque perdí allá en Alem 3 a 1, que nos pegaron un baile bárbaro, je. Pero después le ganamos 1 a 0 acá y también tuve dos empates. Los recuerdos de los clásicos son hermosos. Por ahí uno hoy que está afuera le hubiera gustado disfrutar un poco más, pero en el día a día no lo disfrutas tanto, sino que entras a la cancha, te olvidas un poco de jugar al fútbol y vas a la pelota como si fuera la última.

En una diagonal cerrada el nuevo DT de Luján atravesó el campo de juego y en ese trayecto tuvo tiempo para dejar las últimas líneas de su manifiesto, centrado nuevamente para el piberío. «En fin, acá hay que saber laburar día a día, estudiar, ser educados y tener una vida tranquila. Los pibes tienen que ser serios, responsables y así todas las oportunidades llegan», soltó y se perdió entre las paredes de la utilería.

En dos pasos Abel ya había esquivado al Mudo, quien seguía charlando a la sombra de una tribuna incipiente que pareció observarnos durante toda la entrevista. Así, entre los tres puntos de un clásico y el intento de dejar enseñanzas, pasa de todo por la cabeza de algunos técnicos mientras arman esos esquemas que se parecen a números de teléfonos y dan indicaciones desde la línea de cal.

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