Foto: Julieta Brancatto

El Bachillerato Popular Carlos Fuentealba celebra sus 10 años de vida el sábado 23 de noviembre en un encuentro a pura fiesta. La apuesta a una educación popular gestado en comunidad hoy es una realidad concreta.

El proyecto que arrancó como solo una idea y un terreno vacío, una década después brinda educación a cientos de adultes en el barrio Ameghino. Por ese motivo el sábado sábado 23 de noviembre a partir de las 18:00, el Bachillerato Popular Carlos Fuentealba se viste de fiesta para festejar sus primeros 10 años de vida.

El bachi es una experiencia comunitaria que comenzó como sueño y proyecto de un puñado de personas, y que su construcción fue un logro comunitario. Lo comunitario como acto creativo, como algo que es de todos, porque no es de nadie en particular, aunque lo particular refuerza lo colectivo. Un proceso de educación popular que implica enseñar aprendiendo. Y un logro comunitario que consolidó una perspectiva de ver la realidad social e intervenir en ella.

La fiesta incluirá un taller de origami y artística, muestras estáticas de les estudiantes realizadas durante el ciclo lectivo, muestra de la juegoteca, bandas en vivo, un vídeo que recompila testimonios de docentes, les primeros estudiantes y organizadores del bachillerato, cantina popular y la realización de un mural durante el festejo.

Un poco de historia

En estos 10 años, por el bachi pasaron muches docentes y estudiantes, cambios de directoras y crecimiento edilicio. La escuela que comenzó con un aula, y a una semana de iniciar las clases no tenía techo, hoy posee los tres salones necesarios para cursar, una dirección, una juegoteca donde les estudiantes pueden dejar a sus hijes para poder estudiar, baños, cocina y se está finalizando una biblioteca.

Los orígenes del bachi se remontan al movimiento de desocupados surgido en la década del 90 con la crisis del neoliberalismo. Aquellas organizaciones habían adoptado una perspectiva de educación popular para la formación de sus militantes. Otro de los precedentes que abrió el camino fue la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

Asamblea de estudiantes en 2015. Foto: Facebook Bachillerato Popular Carlos Fuentealba

En 2005, con un contexto político de menor intensidad de lucha en la calle, el Movimiento de Trabajadores Comunitarios, que tenía trabajo territorial en San Fermín, Villa del Parque y Ameghino, comenzó a trabajar la propuesta de hacer el bachillerato. Una dinámica que se repitió en varias organizaciones de desocupados, fabricas recuperadas y organizaciones sociales.

La propuesta caló hondo en las organizaciones de desocupados ya que muchos de les militantes, vecinos y vecinas de los barrios no habían terminado la trayectoria escolar y era una oportunidad para que lo hicieran.

Más allá de los 10 años de funcionamiento, el bachillerato tiene una vida previa de 3 o 4 años, donde un grupo de cerca de 40 futuros docentes, estudiantes y gestores de la idea fueron construyendo y diseñando el proyecto pedagógico.

Experiencias compartidas

El primer grupo de egresades fue de seis estudiantes. Con la incertidumbre de no saber si se iban a homologar o no los títulos, un grupo comenzó a estudiar pero al mismo tiempo a construir la escuela de todes. Esa experiencia quedó marcada para siempre.

«La verdad para mi fue lo mejor, me enseño a pelear por lo mío. El bachi me enseñó a compartir entre otros para levantar cada salón. Yo antes veía con malos ojos una marcha, pero acá aprendí que se marcha por un reclamo, por un derecho. El bachi me enseñó a ver el mundo desde otra perspectiva», comentó una de las primeras egresadas.

Taller de género realizado en el Bachillerato Popular Carlos Fuentealba. Foto: Julieta Brancatto

Al mismo tiempo señaló que fue la primera en terminar el secundario en su familia. «Era una cuenta pendiente mía. Acá se me hizo más fácil porque vivía cerca. Fue un orgullo para la familia, un orgullo para mi papá. También fue un ejemplo para mi hijo que se podía estudiar y terminar el secundario», agregó.

La primer directora de la institución fue Carolina Francia quien llevó en la mochila la responsabilidad de generar los cimientos junto a un grupo de colaborades y docentes. Los desafíos del bachi eran principalmente la construcción edilicia y construir escuela. «Construir escuela es crear esa institucionalidad diferente, con las características que nosotras queríamos que tuviese, en donde hubiera participación de los estudiantes. Así que hubo todo un desafío pedagógico y de formación de los que estábamos en tareas de coordinación de la escuela», comentó.

El bachi nunca es ajeno a los contextos sociales adversos y a los procesos políticos que resienten o mejorar ese contexto. «Construimos un colectivo para enfrentar problemas y situaciones del orden de lo social que lo hemos sentido propio como escuela y hemos salido a dar una respuesta de manera colectiva. Si algo que caracteriza a nuestro bachillerato es que los diferentes actores sociales que recorren el territorio puedan apropiarse de nuestra escuela».

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