El 7 de junio se conmemora el día del periodista y desde Ladran Sancho traemos tres ejes problemáticos para nuestra patria chica. En Luján, el acceso a la información pública es negado sistemáticamente y se complementa con la discrecionalidad en el reparto de la pauta oficial. Por último, la intención de una Radio Pública terminó por convertirse en un rincón municipal donde la rosca y la incapacidad se devoró a las políticas para los medios públicos.

Una gestión tan transparente que ni se ve

El acceso a la información pública parece todavía ser una materia desconocida por la gestión del intendente y el resto de sus funcionarios y funcionarias. Sentados sobre los expedientes y con la política de esconder los datos, el trabajo de periodistas se vuelve una odisea. La insistencia realizada por este medio para la actualización del Boletín Oficial tomó por sorpresa al propio intendente y a la mismísima responsable de prensa. Tras cuatro meses de pedidos y luego de solicitarlo a todas las instancias, finalmente se consiguió -al menos- la publicación de algunos (pero no todos) decretos municipales. La orden la dio el propio Oscar Luciani, quien no hace ni más ni menos que cumplir con la Ley Orgánica de las Municipalidades, a medias.

La atención a la prensa para las respuestas oficiales se mueve, también, al ritmo caprichoso de una plana de funcionarios y funcionarias que atienden cuando no tienen más chance que chocarse al trabajador de prensa de frente. El podio se lo lleva Marcelo Gutiérrez quien directamente reconoce en la cara que no quiere atender a determinados medios de comunicación. Con notorio desprecio Marcelo hace que los medios se anoten en un cuaderno, de agua. Carlos Patetta, director de planeamiento, o la Secretaria de Gobierno Rita Sallaberry, como su segundo, Néstor Luciani, hacen gala de una discriminación mediática olvidando el rol institucional que ocupan, cuando ni siquiera entregan declaraciones fuera de micrófono.

Foto: Victoria Nordenstahl

El Araucariagate puso al descubierto la verdadera política de ocultamiento. Hasta Fernando Casset, radical, presidente del Concejo Deliberante y cara visible de Cambiemos en las últimas elecciones apuntó al Ejecutivo cuando declaró que “no escondería información”.

Gobierno Abierto merece un F5 desde hace tiempo. El subsecretario de Modernización no pudo cumplir un solo objetivo hacia afuera. La gestión le encargó directamente la tarea de bloquear posibles “ingresos externos” o “hackeos”. Así, la tarea del funcionario se centró en los sistemas internos del municipio, algo que para nada fue el centro de la propuesta lanzada con acto oficial y todo en el Museo de Bellas Artes. Sueldo del intendente, licitaciones, planta municipal y hasta expedientes fueron las -falsas- promesas. Con más de un mes de demora para poder ver un expediente en formato papel, y habiendo solicitado la vista de documentación mediante la plataforma Gobierno Abierto -sin respuesta, por supuesto- las esperanzas para un efectivo control de la gestión no son más que globos amarillos.

Pauta que los parió: guita de vecinos y vecinas repartida sin criterios

Elaboración propia en base a los datos surgidos del Detalle de Ejecución Presupuestaria Municipal entre el 03/01/2017 al 30/12/2017

Todo es más polémico cuando se trata de dinero, sin embargo son pocos los medios o actores políticos que se han atrevido a lanzar la primera piedra cuando de debatir en torno a la pauta publicitaria estatal se trata. Este medio publicó en 2016 algunas cifras extraídas de planillas internas de la oficina de Prensa. El periodista Horacio Papaleo los replicó en el bisemanario El Civismo y en el programa de la radio pública Mañana es Mejor. Fue la última vez que se dieron a conocer datos duros del dinero del Estado que reciben los medios privados.

Entonces, se intentó debatir en función de criterios para la asignación de partidas presupuestarias. Conceptos ordenadores y publicación de datos, que eviten la discrecionalidad y la capacidad de lobby de los actores para recibir pauta. Pero para 2017 el sistema interno administrativo del Municipio (RAFAM) confirma la ausencia de criterios y el aumento de partidas.

En el cálculo de presupuestos el gobierno de Oscar Luciani dispuso 800 mil pesos, casi sin variaciones respecto a los años anteriores. Lo significativo es que lo gastado es casi el triple que lo presupuestado, 2.297.339 de pesos distribuidos, vaya uno a saber ¿cómo? y ¿por qué? en 25 medios o programas.

Por parte del Estado hay medios o productores que reciben 250 mil ó 135 mil y mientras otros 20 ó 30 mil pesos anuales, y otros poco y nada. Los vicios del gobierno en asuntos de transparencia limitan la reflexión por parte de colectivos o ciudadanos interesados en la materia. El dinero destinado en concepto de pauta ¿es excesivo? ¿suficiente? ¿necesario? ¿debería ser mayor?

Preguntas en efecto imposibles de empezar a responder cuando se desconocen los detalles de la asignación del recurso. Lo cierto es que, cambiaron las caras responsables pero la política de la discrecionalidad continúa. Hoy es la Licenciada en comunicación social, Florencia Masci la responsable en la distribución de la pauta, de evitar el lobby y las presiones de un lado y otro de su escritorio, y ganar en transparencia. Por ahora una asignatura pendiente para la secretaria.

¿La Radio “Pública”?, si te he visto, no me acuerdo

Una de las áreas más cuestionadas que dependen directamente de la gestión municipal es la mal llamada Radio Pública. Para los que no recuerden la historia, inicialmente llamada Radio La Casa, espacio de comunicación comunitario que se complementaba con el trabajo desarrollado en la Casa de la Juventud.

Ambos espacios fueron visiblemente vaciados desde la gestión de Oscar Luciani. ¿Responsables?, primero el simpático subsecretario Pablo Vera, entrador y de origen peronista, quien le vendió espejitos de colores a los trabajadores de Radio La Casa, que los compraron esperanzados, nada de lo prometido cumplió. Su trabajo lo continuó la actual subsecretaria de comunicaciones Florencia Masci, quien goza de poca exposición pero de paso firme en su tarea.

Luego del levantamiento de la programación durante aquel junio de 2016, casi como un deja vu entre risueño y patético en noviembre de 2017 la subsecretaría le dio vacaciones extras a los programas y empleados afectados a la radio usando como excusa los problemas de “inseguridad” que afectan el edificio de Rodolfo Moreno 650.

Varios trabajadores de ese espacio reconocen con el grabador apagado que la decisión respondió a la disconformidad, de Masci y su flamante mano derecha por aquellos días, con los contenidos que se transmitían.

Desde las lejanas jornadas relatadas hasta hoy, no hay más información oficial sobre la “Radio Pública”. Trabajadores desafectados, el aterrizaje de empleados municipales que cumplen tareas de funcionarios con decisiones ejecutivas y que ahora parece se quedarán a despuntar el vicio de “hacer radio”.

A toda persona que le interese indagar un poco en temáticas referidas a la calidad institucional en materia comunicacional estatal puede realizar una simple búsqueda web para encontrar cuáles serían los pasos necesarios para gestionar de manera seria un medio público: puestos asignados por concurso, un claro organigrama, programación inclusiva, capacitaciones para los trabajadores, ordenanzas municipales que legislen el área y todo esto en el marco de una absoluta transparencia ante la comunidad.

Por supuesto, ni uno de esos pasos se cumple. La Radio Pública marcha a transformarse, una vez más, en un lugar para que empleados municipales jueguen a realizar su propio medio de comunicación, sin planificación ni visión comunicacional que la oriente. Marcha a convertirse en la radio que Luciani (y Masci) siempre quisieron tener. Donde no se escuchen voces críticas y de mínima no se digan cosas comprometedoras para la gestión. Pero sobre todo, donde brillan por su ausencia lxs responsables políticos que se hagan cargo de semejante desmanejo en materia comunicacional.

Como tantísimas áreas de la gestión municipal, casi todo lo referido a comunicación institucional muestra graves falencias a la hora del trabajo cotidiano de periodistas y de la prensa que intenta mirar un poco más allá de la información que el ejecutivo está dispuesto a mostrar.

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