Hay fechas que quedan guardadas para toda la vida, que se llevan en la memoria y en la piel. Para el pueblo de Jáuregui, ese día es la jornada en la que Flandria demostró que los milagros en el fútbol existen, siempre y cuando se empujen con trabajo y convicción. A 10 años del histórico e inédito ascenso a la Primera B Nacional, las calles de la villa flandrina vuelven a teñirse de amarillo y negro, para recordar la epopeya más grande de su historia.
Aquel equipo, conducido por la dupla técnica conformada por Favio Orsi y Sergio Gómez, logró lo impensado: coronarse en un torneo peleadísimo, con uno de los presupuestos más austeros de la categoría y definiendo el pasaje nada menos que en la última fecha, de visitante y contra el gigante de la divisional.
Para dimensionar esta década cumplida, Favio Orsi abrió su corazón y repasó los hilos de una campaña inolvidable: «son días muy emocionantes para todos nosotros», confiesa, dejando en claro que «el título terminó sellando un vínculo con el club de una manera muy especial».

Cuando arrancó aquel 2016, nadie ponía a Flandria en la lista de candidatos. Sin embargo, puertas adentro del Carlos V, el germen de la gloria ya estaba sembrado. La dupla técnica confió ciegamente en una columna vertebral de guerreros que dejarían la vida en cada pelota: el temple de Leonardo Griffo bajo los tres palos, la firmeza de Williams Riveros y Andrés Camacho en el fondo, la entrega innegociable de Diego Sosa, de Mauro Bellone y el perrito González en el mediocampo, y la jerarquía ofensiva del Lobo Montenegro, de Pablo Bueno o del pibe Pedro Sosa, por nombrar a algunos.
«Teníamos un grupo de jugadores que estaba muy convencido de representarnos, para que Flandria lograra algo histórico, pero también había un cuerpo técnico que estaba realmente convencido. En enero, antes del comienzo del campeonato, hablamos con Sergio y les dijimos que íbamos a pelear el campeonato. Lo más loco es que ascendía solo el campeón, en una B Metro que era muy fuerte, con equipos muy grandes. De la manera que se dio, llegando a la cancha de Atlanta a la última fecha, creo que ni el novelista más optimista de Flandria podría haber escrito algo así», recuerda Favio, que se emociona cada vez que le toca hablar del club del que se volvió un hincha más.

El tramo final de aquel torneo fue apto solo para corazones fuertes. Todavía vibra en la retina de los hinchas aquel gol agónico de Pedro Sosa frente a Almirante Brown que hizo estallar el Carlos V y parecía valer un campeonato. Sin embargo, Atlanta no aflojó, ganó su partido y mandó la definición del torneo a un desenlace dramático, digno de una película.
Pero para el cuerpo técnico, el verdadero punto de quiebre había ocurrido antes. Orsi lo relata con claridad, como si hubiera sucedido ayer: «En lo personal, el día que le ganamos a la UAI Urquiza, sentí que eramos campeones. Atlanta había ganado el día anterior y nos pasó por un punto y nosotros teníamos que jugar en una cancha en donde a Flandria le traía todos malos recuerdos. Tener que defender la punta ese día, fue la demostración de que el equipo estaba para salir campeón».
Así se llegó a la última fecha. Flandria aterrizó en Villa Crespo como el invitado a una fiesta ajena. La cancha de Atlanta estaba colmada, preparada para celebrar el ascenso del Bohemio. Pero el Canario plantó bandera, aguantó los embates, hizo su juego y enmudeció a todo el estadio.

«Salir campeones en la cancha de Atlanta, contra un equipo que nos cuadriplicaba el presupuesto, fue una cosa increíble», resume Favio sobre aquella tarde noche gloriosa, donde el pitazo final desató las lágrimas de los jugadores y de los pocos afortunados que pudieron acompañar a la delegación.
La noche de aquel domingo, Jáuregui no durmió. El pueblo entero salió a la calle, se concentró en el peaje de Luján y armó una caravana interminable para escoltar a sus héroes hasta la sede de la calle España, donde toda la familia Canario se fundió en un abrazo interminable. Las banderas flameando hasta la madrugada, los bombos y los fuegos artificiales conformaron una postal de felicidad absoluta que quedó inmortalizada en la historia grande del club.
Ese fuego sigue intacto en los protagonistas. «El título con Flandria siempre va a estar en un lugar muy especial para mí. Son de los recuerdos más lindos que me dio el fútbol», asegura Orsi. El entrenador, autor de una frase que también quedará grabada en todos los hinchas de Flandria, volvió a remarcar que «que Flandria sepa que Flandria puede. Ese torneo dejó un precedente y demostró que todos empujando para el mismo lado se logran cosas importantes».

Pero el cierre de la charla deja una declaración que, a los hinchas canarios, les acelerará el pulso. Un guiño hermoso sobre un posible regreso al club que le robó el corazón: «El vínculo emocional con el club va a estar para toda la vida. En lo laboral, siempre creo que en algún momento nos va a volver a cruzar. No sé si con Sergio vamos a estar sentados en el banco o en qué función, pero siempre creo que en algún momento nos va a volver a cruzar. El tema es que Flandria cruzó en mí una barrera que va más allá, no lo veo como un club a dirigir, lo veo como un club que quedó grabado en mi familia y siempre estaremos a disposición para lo que el club necesite».






