Foto: Julieta Brancatto.

El Bachillerato Popular Carlos Fuentealba reunió al barrio y a la comunidad educativa para celebrar una década de escuela pública y popular. Con muestras, música y un mural en vivo festejaron la consolidación del proyecto colectivo.

La comunidad del barrio Ameghino, docentes y estudiantes celebraron un nuevo aniversario que refleja el compromiso con la escuela pública y la apuesta a transformar la realidad. Son diez años de trabajo colectivo y el reencuentro entre quienes compartieron experiencias múltiples de aprendizajes y enseñanzas.

La conmemoración, el sábado 23 de noviembre, contó con un homenaje a Carlos Fuentealba, asesinado en 2007, por quien la institución lleva su nombre al reflejarse en lo que el docente representa. Docentes y estudiantes colocaron placas, y descubrieron un retrato realizado por Liliana Rocha.

«Carlos luchaba por la escuela pública y las condiciones de sus trabajadores. Tenía un fuerte compromiso porque creía que luchar también es educar, y que la práctica y la teoría van juntas en la búsqueda de la transformación. Además era un gran docente, no solo por su creatividad pedagógica sino por su simpatía y humanidad», expresaron docentes del bachi.

A través de un video resumieron los 10 años de educación popular del establecimiento y, partir de una foto, docentes y estudiantes expresaron sus sentimientos por el espacio que los reunió.

«Recuerdo la primera vez que nos sentamos en círculo cuando la escuela no estaba, las paredes no estaban y había solo un baldío. Veo en mi recuerdo mujeres y hombres, jóvenes en su mayoría. Están sentados en ronda, sobre el pasto agreste del terreno que ha dejado de ser basural. Entre ellos circula el mate, la palabra, el deseo, los une un sueño», recordó Mari Mazza al mirar la imagen de la primera asamblea.

«Cuando uno mira hacia atrás y ve lo que se ha hecho en el bachi es muy fuerte. Elegí una foto de la semana anterior al primer día de clases, marzo de 2009 que me parecía que reflejaba el espíritu de creación del bachillerato. Es una ronda que estamos docentes y estudiantes y detrás este salón, el primero, con una particularidad no menor que es que no tenia techo. A una semana de arrancar estábamos con el único salón sin techo», expresó Nico Grande.

La primera egresada, Karina Carrera, agradeció a les profesores recordando su paso por la escuela. «Estábamos en primer año, llegamos un lunes y se nos había volado el poquito techo que teníamos pero seguíamos estudiando. Solo agradecer, que pudimos lograrlo todos, y hoy tenemos un título y pude demostrar a mi familia y sobre todo a mi hijo que se podía».

Para remarcar la importancia de la construcción colectiva, democrática y horizontal, Débora Francese leyó un texto que recorrió el rol de la dirección y la preceptoría, labor que compartió junto a Caro Francia, Mara Cuestas y Débora Miranda. «¿Hay una sola manera de ser director o directora de una escuela como la nuestra?», se preguntó.

«Pensamos donde los pies pisan, pisamos fuerte, caminamos el Ameghino al calor de una comunidad que es nuestro barrio. Lleno de barro, lleno de familias que dan la pelea diariamente. Nos atraviesan conflictos, demandas, fuertes y dolorosas pérdidas. Nos abrazan voluntades cargadas de futuro, somos lo que hacemos».

«Nos reconocemos como una escuela pública y popular. Este trabajo cotidiano y sistemático, muchas veces invisible, es indispensable para sostener el proyecto colectivo. El horizonte nos convoca. La tarea de construir escuela es también la de construir lazos. Como una red intentamos unir en el día a día a todes los diferentes actores que son parte de un proyecto común. Cada une con sus propias historias, conocimientos y experiencias de vida», describió Débora.

La voz de Sabrina Leone, folclorista local, estuvo presente con la interpretación de un repertorio de canciones latinoamericanas. El festejo también contó con un taller de origami y artística, muestras estáticas de les estudiantes realizadas durante el ciclo lectivo, una muestra de arte de la juegoteca, espacio donde niñas y niños, hijes de estudiantes pueden jugar y también aprender mientras sus madres y padres estudian, una cantina popular y la realización de un mural durante la jornada.

Proyectos como el del Bachillerato Popular Carlos Fuentealba en el Barrio Ameghino representan un faro, una idea llevada a la práctica de como otra educación es posible, construyendo desde el mundo que vivimos, uno mejor desde el barrio y para la educación popular.

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