Este lunes comenzó el ciclo de charlas propuesta por el Psicoanalista Esteban Gomez sobre la vejez.

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Este Lunes comenzó el ciclo de charlas propuesta por el Psicoanalista Esteban Gómez sobre la vejez. El primer encuentro se inició con la lectura de un fragmento de “Memorias de mis putas tristes” de Gabriel García Márquez en donde el protagonista del relato reflexiona sobre el paso del tiempo, el cuerpo y la sexualidad.

Hasta mediados del siglo XX las etapas de la vida estaban categorizadas en niñez, adolescencia, adultez y vejez. Ya en los últimos años surgen muchas categorías más como “primera infancia”, “adolescencia extendida”, etc. Las etapas de la vida, la vejez incluida, van sufriendo modificaciones en su forma de ser entendidas, el rol que le asigna la sociedad, etc. La vejez del siglo XXI implica otras simbolizaciones que la de siglos pasados en la cultura oxidental.

En la serie “Logan, escape al siglo XXI” se veía una sociedad futurista en donde a los 35 años eras considerado un anciano y desaparecías. ¿A dónde iban a para los viejos?.

El sistema capitalista, consumista y hedonista, fue desarrollando un lugar dentro del consumo para los niños y los viejos. Cualquier libro de marketing hoy recomienda apuntar a estos sectores etarios para incluirlos en el consumo. Entonces al viejo “sano” le damos viajes a Corboba y descuentos en el cine y para el viejo “enfermo” la industria de la medicina tiene un abanico de ofertas. Lo que tenemos que pensar es si el consumo es el único lugar que vamos a darle a la vejez.

En Japon en el lenguaje cotidiano se le dice a los abuelos “sensei” que significa “el que nació antes” y se lo respeta desde ese lugar sin importar su trayectoria académica su posición en la sociedad. En muchas sociedades la vejez tenía un status social de importancia, había un deseo de llegar a viejo incluso.

La muerte y el sexo es lo más angustiante que el hombre enfrenta según el psicoanálisis, porque las palabras no alcanzan para describir lo que sucede.
La ancianidad nos va viniendo y podemos amigarnos con ella. Incluso podemos amigarnos con la muerte. Este es el desafío que tendremos en los próximos encuentros.

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