Las calles de nuestra ciudad se lucen cada vez más a causa de las expresiones artísticas. Ladran Sancho habló con Amy Rena sobre sus trabajos en la vía pública, las dificultades del artista callejero y el respaldo de los vecinos en este estilo que toma vuelo en Luján.

Posiblemente muchos hayan visto el último trabajo de Amy Rena en la transitada esquina de Gral. Paz y Alte. Brown. “¿Vieron qué lindo mi Charly?”, dice la vecina que le encargó la pared mientras las pinceladas continúan su rumbo. En ese tiempo de creación comienza en paralelo un juego de especulación y adivinanza por parte de los vecinos. De aliento y opinión. “Pasan los autos y tocan bocina, me dicen grande Charly. Eso está bueno” comenta la artista. Sin planearlo, sus últimos trabajos son figuras del rock nacional. “Justo coincidió, porque son los más grandes. Faltan algunos, falta Pappo. Pero después me voy a ir yendo para otro lado. Hay algunos que quiero hacer y ya los tengo que ir pensando”.

Camila Renaudo está en segundo año del Profesorado en Artes Visuales de la Escuela de Arte. Allí generalmente, quienes salen a pintar murales son los estudiantes de cuarto año, al finalizar la carrera. Pero Camila se animó a darle color a nuestras calles antes de tiempo, ya que hace un año que pinta murales por “una idea de la noche a la mañana”.

Sus inicios los acumula en la calle Alvear. Primero hizo a John Lennon. “Estaba la pared solita y digo que genial sería pintar, pero nunca me imaginé que iba a ser John Lennon, no me imagine como iba a quedar”, remarca. El mural está hecho con acrílicos de muchos colores, de los tiempos de cuando pintaba en porcelana y participaba de la Feria Franca, porque no tenía el sustento necesario para realizarlo con latex. “Hubo miedos. Ese costó, di más vueltas, tuve que medir mucho. En ese caso pedí la pared, vimos un par de ideas y termino quedándose con Lennon”.

A partir de su primer mural los vecinos de la ciudad le encargan sus paredes. El primero fue el de Rihanna, ubicado una cuadra más adelante que Lennon. En ese trabajo firmó bajo el nombre de Aruba pero luego decidió que era más pertinente continuar con la abreviación de su nombre, que ya la caracteriza. “Cada tanto pido una pared. La de John Lennon y la de Humberto y Pellegrini, que están Spinetta y Cerati, las pedí. Las demás me las encargaron, casi todos porque quieren tapar los graffitis. En el caso del de Cerati, fue porque el dueño es fanático”. Sobre Gral. Paz, además del mural del rostro de Charly García, también son de su autoría los elefantes que están al llegar a la calle Lavalle.

Foto: Julieta Brancatto

Amy Rena es arte callejero. Un modo de expresión que a ella le encanta, principalmente los hechos en aerosol. En nuestras calles cada vez resaltan más sus composiciones con planos de colores bajos y altos en escala, que marcan su identidad como artista. “Te pone contenta que noten tu estilo, tu particularidad”, remarca.

La singularidad del arte callejero también la alcanza. A diferencia de las obras que esperan para ser visitadas en los museos, en su mayoría bajo algún costo o subvencionadas, las expresiones artísticas callejeras no corren bajo esa lógica ya que, al ubicarse en la vía pública, nos encontramos con ellas en cualquier momento del día a cualquier hora. Pero detrás de cada obra hay un artista que aunque sea un apasionado en lo que hace, también necesita recursos para llevar adelante su creación, y mayor es la necesidad si decide adoptarlo como fuente de trabajo. Es en ese sentido que además de pedir paredes Amy Rena pinta por encargo, donde en el precio incluye las pinturas y todo el material que sea necesario para la realización del mural. “Por lo general me dicen el personaje, y pregunto por alguna foto en especial, sino intento buscar la mejor pose”.

Foto: Julieta Brancatto

“Me encanta cuando se sacan fotos y la suben, muchos me la mandan. Te pone contenta entrar al Facebook de alguien que tiene la foto de perfil con tu mural”. El proceso de la obra no es fácil y hay murales en el que estuvo un mes y medio pidiéndole la pared al dueño. Los miedos son tanto del artista como de los vecinos, porque hay cierta incertidumbre al no saber cómo va a quedar finalizada la obra. Por ese motivo es que destaca la predisposición de quienes dejan las paredes en sus manos para expresar su arte.

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